Valencia: Los robos en granjas aumentan un 30% en la Comunitat por el alto precio de la carne

ALARMA.gifSKIPER – El aumento de los precios de la carne ha disparado los robos en las granjas de la Comunitat Valenciana. Miles de cerdos, conejos, gallinas y corderos, entre otros animales, acaban cada semana en manos de ladrones ante la impotencia e indefensión de los afectados.

Desesperados, indignados y hartos, los granjeros de varias comarcas de las provincias de Valencia y Castellón ya no saben qué hacer para frenar la oleada de asaltos. La Unió de Llauradors i Ramaders y la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) cifran en un 30 por ciento el aumento de los robos en las explotaciones avícolas y ganaderas en el último trimestre.

La crisis económica y el alto precio de la carne de estos animales, superior al de los productos agrícolas, parecen ser dos de los detonantes de la ola de asaltos. Las granjas de cerdos son el objetivo principal de los delincuentes, por el mayor valor de su carne en el mercado, aunque tampoco se salvan las instalaciones de pollos, conejos y ovejas, así como las colmenas.

Hace un mes y medio, un grupo de ladrones robó 56 colmenas, con un valor aproximado de 5.000 euros, en una finca particular situada en pleno monte en el término de Gilet. Un cazador vio dos vehículos sospechosos en la zona, pero la Guardia Civil no pudo identificar a los delincuentes.

«Cuidamos las abejas durante todo el año para que nos roben la miel cuando estamos a punto de recogerla», se queja Miguel Ángel Navarro.

«Mis colmenas están marcadas con mis iniciales y el número de registro apícola. Es muy difícil que puedan venderlas», añade Navarro, que no sufría un robo de miel desde hace 15 años. «Aquella vez fue un ratero y yo mismo lo pillé, pero ahora son grupos organizados que actúan con total impunidad», afirma el apicultor con gran enojo.

Los ladrones de granjas actúan por toda la geografía de la Comunitat Valenciana, aunque La Unió de Llauradors i Ramaders ha detectado un mayor número de delitos en las comarcas de la Vall d’Albaida y la Ribera -en la provincia de Valencia- y en zonas del interior de Castellón.

En algunos casos degollaron a los animales en pocos minutos en las mismas instalaciones, y luego los limpiaron, quitaron las tripas o despellejaron -en el caso de los conejos-, por lo que los granjeros afectados deducen que los ladrones cometen los robos para el consumo propio y venta inmediata de la carne.

Las granjas más asaltadas suelen estar cerca de una carretera. Los ladrones utilizan sus propios coches o furgonetas para transportar los animales muertos sin ningún control sanitario. En los últimos meses, la Guardia Civil ha descubierto en varias ocasiones cerdos muertos dentro del maletero de un automóvil.

El pasado martes, una patrulla de la Guardia Civil interceptó un vehículo sospechoso con tres ocupantes en una carretera de Genovés. Los agentes hallaron cinco puercos muertos en los asientos traseros y el maletero del turismo. Los individuos, que fueron detenidos y puestos a disposición judicial, acababan de robar los animales en Benigànim. Uno de ellos tiene antecedentes por un delito similar.

Además de la pérdida de los cerdos, aves o conejos, los granjeros tienen que reparar los daños que causan los ladrones en puertas, vallas y ventanas. «A veces cuesta más arreglar los destrozos que el valor de los cuatro animales que se llevan», explica José Solera, responsable de la sección de cunicultura y avicultura de AVA-ASAJA. «Y cuando presentas tres denuncias en un año ya tienes problemas con el seguro, porque te suben la póliza o no te la renuevan», sostiene Solera.

Los ganaderos sospechan que algunos robos los cometen grupos organizados que tienen los medios de transporte adecuados -sobre todo en el caso de los cerdos- y venden con facilidad la carne. Estas bandas controlan incluso el engorde de los animales para asaltar las granjas días antes del traslado de los cerdos al matadero; es decir, cuando más peso tienen los puercos y, por tanto, más valor. Los ganaderos afectados ya no saben qué hacer porque los ladrones aprovechan cualquier mínima ausencia para robar.

En Carlet, por ejemplo, José Ayllón, descubrió que habían asaltado su granja durante la hora de la comida. «Nos vigilan y saben cuando entramos y salimos. No tenemos apenas vida familiar porque pasamos el día prácticamente en la granja para que no nos roben», asevera Ayllón.

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