Una mentira repetida…

OVEJA_NEGRA.jpgLA OVEJA NEGRA – Hace unas semanas la ministra Carme Chacón, enfadada ante la presión para que el Gobierno defendiera con medios militares a los barcos españoles en aguas somalíes, tuvo la ocurrencia de sostener que los españoles gastamos 75 millones de euros al año para proteger a los atuneros. Y se quedó tan ancha. Y claro, el bulo cuela, y en la red se extiende como la pólvora.

Ya dije hace varias entradas que me costaba creerlo. Ahora lo digo claramente. Es mentira. Lo único cierto (supongo) es la cantidad que aporta España. Pero no es para proteger a esas “empresas privadas que hacen negocios privados”, como también reprochó la ministra refiriéndose a los buques españoles: España aporta 75 millones de euros por otros motivos.

Transcribo textualmente el discurso de Chacón en el Congreso para solicitar la intervención de España en la Operación Atalanta (pág. 5). Pide que se apruebe “para garantizar algo que los españoles –desde Francisco de Vitoria y Fernando Vázquez de Menchaca– hemos defendido siempre: la libertad de los mares. Libertad para el tránsito de personas y mercancías; libertad para la pesca; libertad también para la navegación recreativa”.

Es entonces cuando la ministra se pregunta (también literal) “cómo es posible que un grupo de delincuentes pongan en riesgo una vía marítima por la que transitan al año 16.000 buques y por la que se transporta el 20 por ciento de todo el petróleo del mundo; cómo ha permitido la comunidad internacional que un bien público global absolutamente crítico se vea amenazado por un grupo de criminales sin escrúpulos”.

Es decir, que no está en juego la protección a empresas atuneras, sino la legalidad internacional. Esos 75 millones no son para defender a “empresas pesqueras privadas” sino el derecho de ciudadanos de todo el mundo a transitar por aguas internacionales por motivos personales o económicos (pesca, transporte de viajeros o mercancías, etcétera).

Si hoy cedemos y nos retiramos, como piden algunos, mañana se multiplicarán las zonas en las que otros piratas (marítimos o terrestres) camparán a sus anchas. Ante la delincuencia ni un paso atrás. Y menos bulos oficiales.

 

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