Un ataque de lobos deja seis ovejas muertas y cinco heridas en Carranza

Los ganaderos exigen«más control» a las instituciones porque sienten «amenazado» su medio de vida

Un mes y medio después de que el lobo reapareciera en Las Encartaciones -entonces acabó con nueve ovejas en Arcentales-, una nueva incursión ha dejado otros seis ejemplares muertos y cinco heridos en el barrio de Presa, en Carranza, a menos de 500 metros del núcleo urbano. Los ganaderos ya están alerta y esconden sus rebaños en rediles cercados. Al tiempo, demandan un mayor control sobre este depredador.

El ataque al rebaño de Juan Carlos Barreras se produjo en la madrugada del sábado. Su cuidador se dio cuenta de lo que sucedía a las siete de la mañana, cuando escuchó que sus ovejas bajaban balando hasta las inmediaciones de su casa desde un prado cercano. Cinco animales presentaban dentelladas en el cuello y tenían la tráquea desgarrada, pero seguían con vida. Otras siete, en cambio, habían desaparecido y pronto su dueño halló el cadáver de todas menos una.

El pastor alertó a los técnicos de la Diputación, que acudieron a estudiar los cuerpos y las huellas dejadas en la zona para confirmar a Barreras lo que ya sabía: se trataba de lobos. «Hace años sí se hablaba de ataques de manadas en Las Encartaciones, pero nunca se acercaban a los pueblos. Ahora están acostumbrados a las personas y no le tienen miedo a nada», recela el ganadero, quien teme una repoblación de la especie en Vizcaya.

Indemnizaciones

La Diputación, en cambio, desmiente este punto. «En Vizcaya no existen asentamientos de lobo. Vienen de Álava», revela un portavoz del Departamento de Agricultura. Asimismo, recuerda que si una asociación ganadera o ayuntamiento lo solicita, se organizarán batidas «a cargo de guardas forestales», como se realizan con el jabalí o el corzo. Y precisa que hay indemnizaciones para los dueños de ganado muerto.

Pero esto no satisface a los pastores. «No quiero dinero, sino que controlen a los depredadores para evitar nuevos ataques», demanda Barreras. En su opinión, la Diputación debería mirar más por este medio de vida. «Los ganaderos somos la especie en peligro de extinción. Toda la vida hemos trabajado con animales y mucha gente está dejando el negocio por este tipo de problemas», advierte.

EL CORREO

9 Respuestas to “Un ataque de lobos deja seis ovejas muertas y cinco heridas en Carranza”

  1. geroa Says:

    Hay que contextualizar mucho lo que se dice en el video, pero me parece que lo mas básico e importante que en el se afirma es perfectamente aplicable a estos tiempos. Aunque precisamente las razones mas influyentes que hacen que las poblaciones de lobos aumenten sean bastante opuestas a lo que Félix Rodríguez afirma.
    Siguiendo los comentarios que se han realizado en el Correo y muchos de los que se han hecho aquí sobre ese tema, mi opinión es que mientras los ganaderos no consideren a los lobos como especies con las que convivir y algo parecido a “patrimonio natural” incluso propio al cual se le puede sacar incluso una rentabilidad económica; y además estén respaldados y considerados por los que hora de dedican a cuestionar los daños de lobos, a tildar de vagos a los ganaderos y criticar a los que padecen sus ataques. Pocos avances se conseguirán aparte de las “malas leches” que toquen en cada momento.
    Todos debemos aportar algo, los que se oponen, los que apoyan, los que consumen, los que opinamos…. Escuche en Radio Euskadi a un miembro del Grupo Lobo hablando sobre las charlas que organizaron hace unas semanas y me parece que están en la línea de lo que he comentado.

  2. Mauricio Gonzalez Says:

    Te felicito por tu correo Geroa. Veo que vas comprendiendo el tema. Solo falta que lo entiendan las instituciones, que pagan mucho por daños y prevención (nunca lo suficiente para algunos, porque “lobo y ganaderia son incompatibles” y otros lemas, que no voy a poner de nuevo), y también se reduzca la presion sobre los lobos (la ejercida por la D. F. de Álava y Vizcaya, etc.)…

    Está completamente demostrado por estudios allá donde hay grandes predadores que la solución de la convivencia -entre lobos y ganaderos- requiere una profesionalizacion en el manejo del ganado y en las prácticas ganaderas, ya que la densidad de predadores no afecta hasta el punto de hacer desaparecer los ataques, pues para eso ha de llegarse al exterminio de la especie».

    Fernández puntualiza: «Nunca hemos dicho que no hacen daño; por supuesto, donde hay lobos hay daños, pero pueden rebajarse con un manejo del ganado bien planificado y eso lo saben todos los agentes implicados, incluidos los sindicatos agrarios y la Administración».

    Lo que más duele a los grupos conservacionistas es la, en su opinión, absoluta desproporción entre el problema y las soluciones, y culpan de ello a los diversos agentes implicados.

    «Por un lado está el hecho de que los ataques de lobo no se producen ni sobre un uno por ciento de la cabaña ganadera asturiana, No sabemos muy bien por qué los sindicatos agrarios usan este tema como chivo expiatorio cuando hay problemas infinitamente más graves que les atañen: cualquier mínimo cambio en los mercados, en los precios, alguna enfermedad… suponen cien veces más gastos o perjuicios para ellos», comenta Alberto Fernández. «Por otro lado, está la Administración, que cede a las presiones individuales de una forma lamentable cuando, además, muchas veces esas presiones vienen con unas formas espantosas y con amenazas veladas o directas tipo ese monte puede quemarse o cosas similares, como muy bien se sabe por la zona de Cangas del Narcea».

    Fernández pone el acento en la desproporción del problema al citar cómo los ataques de los lobos «se pagan en forma de ayudas agroambientales, que suponemos que significan que es necesario que haya una convivencia entre ambos mundos, y sin embargo no se obliga a los ganaderos a cuidar de su negocio. Consideramos que si nos subvencionan un negocio y lo dejamos abierto por las noches y nos roban, es algo de poco sentido común exigir responsabilidades a la Administración. Máxime cuando ésta se gasta fortunas en pistas sobredimensionadas», argumenta.

    LNE

  3. no me vendas caperucita que te comera el lobo Says:

    para las caperucitas vendidas

    La burra sin papeles

    Las desventuras de un ganadero de Ibias a quien los lobos le comieron una pollina indocumentada

    Sin papeles no se va a ninguna parte. Está visto y comprobado que, salvo para viajar en cayuco, hacen falta una serie de documentos para demostrar incluso que estamos vivos. También los necesitan los animales que acreditan su identidad con un crotal prendido en una de sus orejas. Pero hay terneros con tantos crotales reglamentarios que los lucen en las dos. Y para viajar camino del mercado o del matadero necesitan cinco salvoconductos distintos además del certificado del veterinario, un papel que había desparecido pero que vuelve a estar en vigor en virtud de una sentencia judicial.

    Ahora ya ni los burros pueden circular, pastar, vivir, ni siquiera morir, sin documentación. Y para muestra ahí está el caso que le ha sucedido a un ganadero de un pueblo de la montaña del concejo de Ibias a quien los lobos le han merendado o cenado una burra, además de algunas ovejas y otras reses que por allí andaban, y ya que los cánidos encontraron el territorio sin vigilancia, pues no era cosa de marcharse sin antes llenar bien la panza. Y es que ante una posible congestión, saben que tienen la manzanilla muy cerca.

    El ganadero en cuestión, que habló por la televisión con frases contundentes, redondas y de lo más rotundas, contó que tenía su ganado en el monte pastando y que al subir a echar un vistazo se encontró con la burra triturada por los lobos. Bajó al pueblo y por la mañana, muy temprano, no dijo si en coche propio o en el autobús, emprendió viaje para cumplimentar, dentro del horario de las oficinas autonómicas, que «pechan la porta a las dos», toda la burocracia que se exige para cobrar la indemnización por la muerte de la burra. Añadió que era un ejemplar joven, de buena estampa, muy valioso, y aunque ahora en el campo los burros apenas si tienen cometido, le servía para hacer los riegos para las patatas y para tirar de la salladora. En fin, para un arreglo.

    El vecino de Ibias llegó a su destino y expuso el caso. El funcionario de turno, que ese día -era en Navidades- no tenía ni descanso, ni puente, ni moscosos, ni compensatorios, ni estaba desayunando, le atendió muy correctamente, le trató de usted y le pidió los papeles de la burra. Pero el ganadero no los tenía. «¿Y el crotal?, necesito que me traiga el crotal, para justificar». Y es que este ganadero desconocía que hace algún tiempo la ministra de la cosa decidió que las vacas, los terneros, las ovejas, las cabras y cualquier otro animal ya sea de establo o que esté en el pasto tienen que llevar identificación. Sucede que nuestros ganaderos sólo piensan en trabajar y no se molestan en leer a diario el «Boletín Oficial del Estado», ni entran en internet para conocer las leyes, ni saben de qué va el Ministerio ahora que ya está todo informatizado y legislado. Y así está el campo, porque los ganaderos no se preocupan lo más mínimo por leer el diario oficial del Estado. Tiene que haber crisis agraria a la fuerza. Menos darle a la azada y más «Boletín». Es que no aprendemos.

    Bueno, pues el ganadero de Ibias argumentó que no tenía crotal porque su burra carecía de esa identificación, ya que los pollinos no es costumbre que la lleven. Se les conoce como el burro de Pepe, la burra de Miro y así. Andan por ahí, por el monte, sin papeles, y así nos luce el pelo por los pueblos. El funcionario, perplejo, se ausentó de su mesa, dejó al ganadero a la espera y se perdió por los despachos de atrás. Fue a preguntar a su jefe, más experto en leyes y en decretos, qué tenía que hacer ante una falta de crotal de una burra comida por los lobos. Tardó bastante en regresar y cuando lo hizo le dijo al ganadero que el jefe de servicio -¿o era un director o asesor de algo?- había solucionado el caso, y que al no haber crotal de la burra pues que bastaba con que el reclamante de la indemnización presentase la factura de adquisición de la pollina en cuestión.

    El vecino de Ibias tuvo reflejos y entró al trapo diciendo que su burra había nacido en casa, bueno, no en la cocina, sino en el establo propio, y que no tenía tampoco ese papel. Y que no había ni siquiera restos de la pollina porque los lobos, el día de autos, estaban muy hambrientos y no dejaron ni huesos, ni piel ni más restos que un charco de sangre. Es posible, a la vista del desaguisado de los lobos, que incluso aunque la burra tuviese crotal las alimañas se merendasen esta plastificada identificación, que no era cuestión de andar escogiendo mucho porque los lobos siguen la máxima rural de que lo que no afuega, engorda.

    Al ganadero de la historia se le notaba que estaba a punto de jurar en arameo delante de las cámaras, pero se contuvo y se limitó a decir que esto no puede seguir así ni un día más, que los lobos ya llegan hasta los pueblos, porque los ven desde las antojanas; que nadie se arriesga a pegarles un par de tiros, porque no es cuestión de ir de vacaciones a Villabona, porque, ya ve usted, el lobo es intocable, y que él se quedó sin burra y sin indemnización porque el animal había nacido en casa y a efectos de identificación podía ser sospechosa de haber llegado en un cayuco volador hasta los montes de Ibias.

    Nuestro hombre, vencido, sin un mal papel que poner encima del mostrador que sirviese para demostrar que él tenía una burra que se la comieron los lobos, ya cansado por el largo viaje y el madrugón, amargado por todo lo que está sucediendo con su ganado y el de otros muchos ganaderos, emprendió el viaje de regreso a Ibias no se sabe si en su furgoneta o en el Alsa de las cinco. Hay que proponer a políticos y asesores, que son numerosos los que están en nómina, que inicien un expediente urgente de ascensos, de esos últimos de los cinco mil euros, en la Consejería. Están más que merecidos. Que se lo pregunten al ganadero que cometió el mayor error de su vida: tener una burra sin papeles. A quién se le ocurre. Así está el campo.

  4. geroa Says:

    Si por lo menos pagarian algo… 🙂

  5. JKE Says:

    Si no puede demostrar que la ‘atacada’ no es suya, no debe cobrar nada. ¿O tampoco tiene algún certificado veterinario?

  6. JKE Says:

    Otro ejemplo de medidas razonables que se usan en muchos sitios. También lo hace la Junta de Castilla-León: proporciona mastines a los pastores. Pero aquí es más fácil dejar el ganado sin vigilancia y luego quejarse.

    Por cierto, por Carranza había muchas mandas de perros asilvestrados, de esos habituados al hombre y que no temen acercarse a él o incluso enfrentarse al hombre, mucho más peligrosos que los lobos.

    ENLACE

  7. geroa Says:

    Estoy de acuerdo con el ultimo comentario de JKE. Pero también hay que tener en cuenta que muchos paseantes se quejan de los mastines porque les dan miedo, e incluso se han dado casos de ciclistas que han sido mordidos con sentencias de por medio. Al final a los ganaderos se nos exige y culpa de todo.

  8. JKE Says:

    Miedo es poco, yo los he visto en León, 2-3 mastines y 5-6 ‘caretas’ pequeños con rebaños enormes que se te acercan y te tiembla todo si el pastor no les llama y te los quita de encima (¿qué puede hacerles un tipo que va solo?).

    De lo malo, malo, el mastín te avisa a distancia y ni se inmuta si rodeas el rebaño -que ocupa un camino público pero no vamos a hilar fino-. He pasado más miedo pasando cerca de la cerca de espino de algunos caseríos y el aldeano viendo cómo el perro se te echa encima sin mover un dedo…

  9. geroa Says:

    No se puede generalizar para un lado, ni para el otro. Pero igual hay que pensar también que las gentes de las ciudades se creen que el campo es su jardín, y ya se sabe, lo que es de todos nadie lo cuida, y si encima los terrenos son del baserritarra te puedes imaginar la cara de tonto que se le queda.
    Un claro ejemplo lo tienes en el parque natural de Urkiola, en el caserío Gatzaieta cuando nieva y suben todos los Domingueros a la nieve. Muchos se meten a las campas del caserío y “vete a sacales”. Enseguida te dicen que es un parque natural, pero no saben que esas son las campas del baserritarra y a nadie nos gustaría que nos entrasen 500 personas al jardín ¿verdad?. Es un ejemplo sin mas y estoy seguro que todos los Domingueros no son así. Los baserritarras debemos “entender “cosas, los de las ciudades también deben de intentar comprendernos.

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