Tragedia en el coto de salmones

1_NO_MAS_MUERTES.jpgUn juez investiga la muerte de un pescador vasco que se ahogó en un río de Asturias al ser arrastrado por la corriente tras el desembalse de una presa.

La Dirección de Pesca de Asturias admite que el Narcea debería tener alarmas acústicas El juzgado de la localidad asturiana de Grado investiga la denuncia presentada por la familia de un joven bilbaíno que se ahogó hace dos años en un coto de salmones del río Narcea, al ser arrastrado por la corriente durante un desembalse en la presa de Soto de la Barca, propiedad de la empresa Hidroeléctrica del Cantábrico. Otras dos personas habían muerto tiempo atrás en el mismo cauce en similares circunstancias, razón por la cual los vecinos de la comarca han exigido una y otra vez que la zona esté señalizada para advertir a los aficionados de las riadas.

 Los hechos ocurrieron el 14 de mayo de 2007, sobre las 11.30 horas, cuando Roberto y Óscar San Juan, de 28 y 27 años, respectivamente, y vecinos de la capital vizcaína, habían echado las cañas en el coto de La Llonga, enclavado en el municipio de San Bartolomé. Los dos habían sacado un permiso de un día para capturar salmones -cuesta 60 euros por persona- y se habían apostado en ambas márgenes del Narcea desde las ocho de la mañana, hora en la que el nivel del río llegaba más o menos por debajo de la rodilla. Aunque tenían experiencia como pescadores, e incluso habían examinado la zona el día anterior, era la primera vez que la visitaban, así que no repararon en lo que todos los vecinos no suelen olvidar: que el caudal aumenta repentinamente, cuando la presa, situada varios kilómetros río arriba, desembalsa agua por una turbina, para generar electricidad.

Sin ser conscientes del riesgo que corrían, los dos jóvenes bilbaínos estuvieron pescando con normalidad hasta media mañana. En ese momento, Óscar observó que Roberto estaba vadeando el río para reunirse con él y almorzar juntos. Había elegido el mismo lugar por donde cruzó antes, pero las aguas habían subido un palmo y ahora arrastraban ramas y algún tronco. Por si fuera poco, la distancia entre una y otra orilla no era pequeña.

Mientras Óscar esperaba a su hermano, volvió a concentrarse en la pesca, pero al cabo de varios minutos giró la cabeza en su busca y comprobó que ya no estaba allí. No sabe a ciencia cierta lo que ocurrió, pero lo más probable es que la riada lo derribó y lo arrastró. Quizá el agua inundó el ‘vadeador’, la prenda protectora que usan los pescadores, y le impidió moverse.
Óscar rastreó la zona en busca de Roberto, pero, al no obtener ningún resultado, pidió ayuda desde un bar próximo al coto. Las autoridades locales, con el alcalde a la cabeza, movilizaron de inmediato a los servicios de rescate, aunque los buzos no se sumergieron en el Narcea hasta que se cercioraron de que la presa había dejado de soltar agua. El cadáver de Roberto apareció a las 21.00 horas, tres kilómetros más abajo.

«Variaciones bruscas»

El permiso que tenían el fallecido y su hermano para pescar en el coto de La Llonga, un documento expedido por la consejería asturiana de Medio Ambiente, recordaba que en el Narcea se registraban crecidas, descritas como «variaciones bruscas de nivel por desembalses periódicos que podrían originar situaciones de peligro». Sin embargo, la misma consejería reconoció por escrito ante el juez que las advertencias de ese tipo, «aun siendo de utilidad» para un pescador novato en el coto de La Llonga, «no le garantizan su seguridad si no conoce la hora en que se va a proceder el desembalse en cuestión, para así, poder alejarse de la ribera».

El jefe de la Sección de Pesca, Agustín Muñoz, indicó que Hidroeléctrica del Cantábrico debería informar sobre los días y horas a las que suelta agua o, «mejor todavía», establecer «a lo largo del Narcea, desde la presa hasta el mar, un sistema de altavoces o de alarma acústica que avisase a los pescadores con veinte o treinta minutos de adelanto».

Las quejas de los aficionados sobre este asunto habían sido constantes, y tras el fallecimiento de Roberto San Juan se tradujeron en pancartas. En la asociación Mestas del Narcea, un colectivo de la comarca, denuncian que la actividad de la presa de Soto de la Barca, también conocida como de Calabazos (por el pueblo que anegó), pone en peligro a los pescadores, bañistas y usuarios de la cuenca que forman los ríos Narcea y Nalón.

«Una gran mayoría de los pescadores de esta cuenca ya nos hemos llevado un buen susto por el tema en cuestión», aseguró un miembro de la asociación en un correo electrónico remitido a la familia del joven bilbaíno fallecido. «Es algo que está a la orden del día. Todo el mundo sabe que casi todos los días, si no todos, las ‘sueltas’ son habituales tanto en el Narcea como en el Nalón, y no una, sino varias. Desgraciadamente, ya han sido varios los episodios que se han vivido y que han dado lugar a las fatales consecuencias que todos conocemos».

De momento, el caso está en manos del juez de instrucción de Grado, que al principio archivó las diligencias sobre el accidente, pero luego las ha vuelto a abrir al ser requerido para ello por la Audiencia de Oviedo. El hermano de Roberto San Juan ha recabado informes sobre los desembalses y tiene intención de pedir, entre otras pruebas, la declaración de responsables de Hidroeléctrica del Cantábrico y de vecinos de la zona.

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