Tener nombre es la leche

orde_andoLas vacas con apelativo propio producen hasta 258 litros de leche más al año que las reses «sin bautizar», según un estudio de la Universidad de Newcastle

Tener un nombre es tan importante para las vacas como para los humanos. Un equipo de la Universidad de Newcastle, en Gran Bretaña, ha presentado un estudio que concluye que las vacas a las que su dueños llaman por su propio apelativo producen más y mejor leche. Hasta 258 litros más de leche al año y, además de una calidad superior. Para las vacas, tener nombre es la leche.

¿«Lucera» o «Cordera» darán más leche si se las llama por su nombre? Un equipo de científicos de la Universidad de Newcastle, dirigidos por la doctora Catherine Douglas, no tiene la menor duda de que la respuesta es afirmativa. Para demostrarlo, han trabajado dos años en un informe que acaba de ver la luz y que ha dado la vuelta al mundo. Las vacas también tienen sentimientos y son sensibles a un trato cariñoso y respetuoso. Al menos, eso se desprende de las conclusiones del trabajo realizado en la Escuela de Agricultura de la Universidad de Newcastle, publicado el pasado 28 de enero.

Las reacciones de los ganaderos son variadas. A la mayoría no les sorprenden las conclusiones de un trabajo que, plantado en el terreno asturiano, no hace más que refrendar las prácticas que los granjeros de la región llevan a cabo desde hace siglos. En las ganaderías asturianas, las vacas siempre han tenido nombre, aunque no es menos cierto que las prácticas ganaderas han cambiado, se han hecho más intensivas y no es lo mismo reconocer a veinte que a cuatrocientas vacas.

La tesis principal del estudio británico es bastante simple: las vacas aumentan su producción de leche cuando reciben un trato más cuidado y cariñoso. Catherine Douglas matiza que ponerles un nombre a los animales es vital para que produzcan más. La encuesta realizada abarca un total de 516 granjeros. Un 45 por ciento de los entrevistados admite que los animales que tienen un nombre por el que se les llama habitualmente, producen unos 250 litros más al año que sus compañeros de rebaño.

Douglas explica que el trato personalizado hace más «felices» a las vacas. La doctora no oculta el orgullo que le produce la repercusión que ha tenido el trabajo de la Facultad de Agricultura, Alimentación y Desarrollo Rural de la Universidad de Newcastle, al noreste de Inglaterra, a la que no dejan de llegar llamadas de todo el mundo preguntando por el estudio.

La espita la abrió la publicación del informe británico en el prestigioso diario «Anthrozoos», dedicado a cuestiones científicas relacionadas con el sector agraolimentario. Catherine Douglas no duda en comparar a las vacas con las personas. «De la misma forma que los humanos reaccionan mejor ante un trato personalizado, las vacas se sienten relajadas y contentas si se les presta más atención». Al parecer, «prestarles atención» significa básicamente ponerles un nombre. De hecho, en el informe se subraya particularmente este aspecto. «Darles un nombre puede significar un aumento importante de la producción de leche sin ningún coste para el ganadero», comenta Douglas. La científica aprovecha para romper una lanza en favor de los ganaderos ingleses. «Nuestros datos sugieren que, en general, en Inglaterra, los ganaderos tratan a las vacas como a seres inteligentes capaces de experimentar emociones». Además, las reses con nombre poseen mejor temperamento que las vacas ordinarias, lo que facilita su ordeño.

Dennis Gib, copropietario de una granja a las afueras de Newscastle, ha sido uno de los ganaderos que ha participado en el estudio. Para él, resulta fundamental tratar a cada vaca como si fuera única: «No son sólo nuestro sustento, forman parte de la familia», declaró hace unos días a la BBC.

Los ganaderos ingleses se refieren a sus vacas como sus «ladys», las auténticas reinas y señoras de las granjas. «Sarah», «Wendy» o «Priscilla»… se llamarían «Lucera» o «Vanessa» si fuesen asturianas. Y darían más leche.

LNE

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