Sin rastro de topillos en los campos vallisoletanos

topillo.jpg‘El año pasado a estas alturas estábamos invadidos y este año es difícil ver un topillo en el campo’. Así describe la situación actual de la ya extinguida plaga de topillos Alejandro Domínguez, quien el pasado 8 de agosto efectuaba la primera quema de rastrojos de la comunidad en Fresno el Viejo. Por aquel entonces, era técnico del Ayuntamiento de la localidad: ‘Quemamos unas cincuenta hectáreas que de poco sirvieron, ya que los roedores corrían en busca de otro sitio donde esconderse. Para entonces ya no había remedio. Ahora, desde hace un mes y medio, hay que estar muy pendiente para ver alguno’, explica desde la parcela en la que se quemaron los primeros rastrojos.

Víctor José Celador Marcos, agricultor de Fresno, recuerda junto a Alejandro Domínguez aquellos meses: ‘No pudimos saber la buena cosecha que vino porque nos la quitaron los topillos. Pero hoy poco queda de aquellas películas -trampas de agua, surcos – que ideamos para acabar con ellos’. Este agricultor labra el campo junto a su perro, que ha supuesto para él su mayor indicador ante la plaga: ‘Llevo meses sin ver topillos. Mi perro antes excavaba y los sacaba de la tierra. Ahora, por mucho que huela, no encuentra ninguno’.

Aunque no sabe exactamente la causa de la desaparición de los roedores, la achaca ‘al hielo y al veneno. La Junta ha trabajado mucho. Aún siguen poniendo veneno por si acaso. El año pasado vi cómo mis plantaciones disminuían cada vez más hasta que percibí la presencia de topillos. Sin embargo, este año la cosecha va bien de momento y, por necesitar algo, serían las lluvias’, aclara el agricultor. ‘Nos queda una pequeña desconfianza, pero tenemos fe en que los ratones no volverán. Ya tendría que estar todo invadido si la cosa estuviera como el año pasado’, continúa. Por si acaso, Celador Marcos reconoce que los técnicos les han recomendado conservar veneno para que, en caso de ver huras activas en sus tierras, utilizarlo. ‘Nos han dicho que vigilemos nuestras lindes y no nos lo pensemos dos veces si observamos topillos’.

Toda precaución es poca para no llegar a la situación del verano pasado. Alejandro Domínguez todavía se acuerda de cómo su mujer ‘ponía cuatro o cinco cartones alrededor de nuestra casa a modo de trampa en los que cada mañana recogía treinta o cuarenta topillos atrapados’. Ahora, observa cómo los técnicos de la Junta controlan a menudo los campos. ‘Ya no se ven huras recientes, mires donde mires’, sentencia.

Javier Castell, agricultor de Villalar de los Comuneros, mostraba el 27 de enero que la presencia de topillos aún era palpable. ‘Hay muchas huras y, alrededor, todo comido’, decía hace unos meses mientras mostraba brotes de cereal segados por los dientes del roedor. Por aquel entonces, el comentario en el bar era ‘a ver qué pasa ‘. Pero en esta nueva visita sobre el terreno, la realidad es bien distinta. ‘Esto ha dado un giro radical’, explica Castell en una de sus tierras de Villalar, localidad señera en la lucha contra la plaga por ser la primera en la que la Junta experimentó medidas como las motoniveladoras y los tubos con veneno y en la que su alcalde desarrolló ideas como el arado tuneado. ‘El campo está como lo he visto toda mi vida. Esto es la situación normal’. Castell está gratamente sorprendido por este cambio: ‘El año pasado cuando venía por aquí incluso los pisaba’. También él argumenta cuál ha podido ser la causa de la desaparición de roedores. ‘Los ecologistas decían que se había cubierto un ciclo, pero en tantos años como llevo yo labrando la tierra no había visto tales ciclos ni mucho menos algo como lo que ocurrió el año pasado, luego creo que, sobre todo, ha sido cosa del veneno’.

El trigo verde y de buen aspecto augura un buen año para los agricultores, pero ‘habrá que estar alerta’, dice el labriego de Villalar. ‘La plaga de topillos del verano pasado nos ha servido como experiencia. En el momento en que los profesionales del campo veamos movimiento de estos animales, se tendrán que tomar medidas. Lo que pasó es algo que no puede dejarse en el olvido. Ahora ya sabes que no se mueren tan fácilmente ‘.

A salvo, por fin, sus cosechas, los agricultores no olvidan el tema de las ayudas. El 30 por ciento de franquicia que se estableció para cobrar a partir de esa cantidad de daños, ‘es un abuso’, reprocha Juan Antonio Morchón, agricultor de Villalar. ‘Yo siempre fui optimista, sabía que los roedores iban a desaparecer’, comenta. En su opinión, la Junta ‘ha malgastado mucho dinero en veneno y no ha pagado las ayudas como debiera’, a pesar de que los productos químicos, finalmente, han sido efectivos. ‘Ahora estamos tranquilos, pero como vuelvan, habrá que ver qué se hace. Nos han dicho que es cíclico y que se repetirá. Cuando lo tienes encima es cuando te das cuenta’, finaliza Morchón.

Tras meses de lucha y de quebraderos de cabeza tanto de la Administración regional como de los agricultores, no hay rastro de topillos en las tierras.

Fuente. Terra Actualidad – VMT
 
 

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