Santo Tomás baserritarra

GIF_AGRICULTOR_MAIZAL.gifDURANGON – Un año más, santo Tomás condujo ayer a los baserritarras a la conquista por un día de Bilbao y Donosti, donde los “kaletarras”, las gentes de las ciudades, pudieron comprobar, no sin sorpresa, que el “agro” vasco no ha muerto todavía. Se calcula que en lo que va del segundo milenio una tercera parte de las explotaciones agrarias de Euskadi han bajado la persiana, y los trabajadores del tractor, la azada y el zurrón se han pasado al sector de la industria y los servicios. 

A un nivel más sencillo y humilde, a simple vista se observa que aquel cinturón de pequeñas huertas alrededor de las ciudades donde muchos trabajadores industriales cultivaban sus verduras y plantaban sus higueras y frutales para el consumo de su casa, han desaparecido casi todos. Los que antes hacían deporte de azada y ejercicios agrícolas, ahora hacen bicicleta fija y gimnasio, cicloturismo o tenis…

“El gobierno favorece descaradamente a la agroindustria, que con el respaldo del poder político paga mal a los productores las materias primas”, comentan entre otras cosas portavoces de los sindicatos agrarios. Por otra parte, al comercio de alimentación, a las grandes cadenas de supermercados, le resulta más barato comprar los alimentos en los países pobres de Asia, Africa o Sudamérica, que a los baserritarras.

No importa que en esos países paguen salarios de miseria a los productores, no importa que gasten millones en gasoil y contaminen la atmósfera para traer esos alimentos desde miles de kilómetros por avión y por barco, no importa que esta política de compras al exterior desertice el campo y deje en el paro a cientos de miles de agricultores, solo importa el precio final.

Y para terminar de rematar al sector agrario, los de la burbuja inmobiliaria se han pasado, tras el fracaso del ladrillo, a acaparar materias primas alimenticias y provocar la escasez de alimentos para imponer precios inalcanzables y hambrunas para la mayoría de la población mundial.

Así que Santo Tomás no se fía… “Si no lo veo no lo creo”. Un año más, los baserritarras han vuelto con sus puerros, sus berzas, sus quesos, sus capones y sus txistus con aires de protesta, denuncia y reivindicación.

En una de sus publicaciones, Baserri Bizia, nos recuerdan ellos que en Iparralde, al otro lado del Pirineo, el baserritarra siente una gran “autoestima” de sí mismo y de su profesión, porque allende la frontera, el Estado y la sociedad francesa tienen en alta estima la noble profesión de los trabajadores profesionales del campo. Pero aquí no, aquí se diría que la de los baserritarras es una especie en peligro de extinción, y a pesar de ello todavía no ha sido declarada “especie protegida” como el oso de Cantabria o el lince.

Y en esas estamos, Euskal Herria y quizá mucho más Euskadi, padecen una gravísima dependencia del exterior en cuestión de alimentación. Si las cosas se hiciesen bien, nuestro País podría alcanzar un alto grado de autonomía alimentaria, lo cual repercutiría en una disminución de los transportes, y en una regeneración de nuestros campos y de nuestras poblaciones rurales.

Euskadi necesita urgentemente una política de apoyo decidido al sector rural, reclaman las organizaciones agrarias vascas. Tal vez incluso cabría proponer a nuestras instituciones que establezcan en todo el sistema educativo, en todos los niveles, desde el preescolar hasta la universidad, una asignatura obligatoria que podríamos llamar “educación para la agricultura”.

Escriba su comentario