Presidente de la Republica de Francia: “Deseo una PAC nueva”

Durante mucho tiempo se ha hablado al mundo agrícola con una letanía de promesas vanas, al igual que las negociaciones comunitarias, negándose a admitir la realidad aunque se tuviera conciencia del desenlace cercano: que determinados sectores pudieron sacar el mejor provecho de la Política Agraria Común, mientras que otros se enfrentan con muy graves dificultades. La verdad es que la agricultura europea se enfrenta a dificultades cada vez mayores. Las incertidumbres climáticas que se multiplican en Europa y en el mundo y me refiero también a las crisis sanitarias: la fiebre aftosa, la gripe aviar, la fiebre catarral ovina, que perturban profundamente los mercados europeos y ocasionan pérdidas crecientes, así como una crisis de confianza por lo que se refiere a los consumidores.

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Además, Europa se enfrenta a una evolución cada vez más desordenada de los precios agrícolas. ¿Quién hubiera podido pretender el año pasado que los precios de la leche en polvo aumentarían en un 70%. Que el del trigo aumentaría en un porcentaje superior al 50%? Esas variaciones no existen en ningún otro sector económico, y provocan importantes dificultades para los criadores de vacuno destinado al consumo de carne, para los criadores de cerdos y para los de aves de corral, generando hoy desigualdades crecientes de ingresos entre los agricultores.

La agricultura debe igualmente enfrentarse a una escasez de tierras agrícolas. En Francia, se pierden cada año 60.000 hectáreas de tierras de labor. ¿Se podrá aceptar dicha situación cuando se sabe que lo que el Planeta espera de Francia es que produzca más? Porque precisamente de eso se trata. Francia debe producir más.

Las capacidades de nuestro Planeta están ya ampliamente explotadas y, sin embargo, 900 millones de personas mueren todavía de hambre. De aquí a 2050 habrá tres mil millones más de seres humanos. El cambio climático se acelera, el problema del agua se hace cada vez más lacerante.

Frente a la escasez de energías fósiles, la etapa post-petrolífera ya ha comenzado. Éste será uno de los grandes problemas del siglo.

Y resulta que la agricultura en Europa constituye el núcleo de los desafíos del Siglo XXI. La agricultura no es algo que se añore, la agricultura no es solamente una tradición. La agricultura no representa el pasado; la agricultura está en el centro de los retos que debe superar el Planeta durante este siglo.

El reto alimentario, el reto medioambiental y el reto energético.

Estos son los tres retos en cuyo, centro se encuentra la agricultura, y que nos dan tres motivos para confiar en el futuro de la agricultura.

Estoy convencido de que Francia es uno de los países del mundo con mayor capacidad para superar esos desafíos. ¿Qué nos hace falta para conseguirlo? Una nueva ambición para la agricultura en Francia y en Europa.

Por razones de independencia y seguridad alimentarias: el abastecimiento de los europeos no puede depender de países extranjeros, expuesto por lo demás a crisis sanitarias o a variaciones climáticas sobre las que no tenemos ningún control.

Por razones económicas también, porque con 39.300 millones de euros de exportación, 1.600.000 empleos, una balanza comercial que este año superará los 9.000 millones de euros, no pretenderán que abandonemos un sector económico, porque la agricultura es un sector económico que genera un superávit comercial, cuando existen tantos otros sectores que generan déficits comerciales. ¡Qué extraño sería dar la espalda a un sector que nos permite exportar!. La agricultura, la pesca y la industria agroalimentaria de nuestro país constituyen pilares fundamentales para nuestra economía y representan sectores generadores de riquezas. Constituyen una baza vital para nuestro crecimiento económico.

Además por razones de equilibrio territorial. Nuestra agricultura es la base del equilibrio y de la vitalidad del mundo rural. Creo sinceramente y afirmo que un mundo rural en el cual se dejase de producir sería un mundo condenado. El turismo es algo extraordinario. Pero no existe turismo en regiones donde ya no hay producción ni actividad económica. No se trata de elegir entre turismo y producción. Se trata de producción y de turismo. Sin producción ya no queda nada.

Y por último, por razones medioambientales: la urgencia de la lucha contra el calentamiento climático exige que progresemos rápido en el uso de las energías renovables. En este sentido, nuestra agricultura puede contribuir de tres formas.

Con los biocombustibles en primer lugar, luego, con la explotación de la biomasa y, finalmente, con la química verde: el papel procendente del cáñamo, el plástico producido con la fécula de patata, los disolventes de girasol, etc. Nuestro país dispone de todo lo necesario para destacarse en esas disciplinas, que han de conciliar la potencia agrícola con la potencia industrial y la potencia científica.

Deseo que nuestros agricultores puedan vivir de los precios de sus productos y no de los subsidios que se les otorgan.

No me gusta el concepto de disociación, según la cual cuanto menos se produce más subsidios se reciben, porque un agricultor es un productor que quiere cobrar una justa remuneración por su trabajo y no simplemente por recibir asistencia.

Por primera vez desde hace cuarenta años los precios mundiales son superiores a los precios europeos de numerosos productos. Lo que la voluntad política rechazó ayer, lo imponen los mercados hoy. Esto significa que la cuestión de los precios está en el centro mismo de la solución del problema agrícola. Algunos nos recomendaban esperar. ¡Esperar¡ Esa es la estrategia que desde hace décadas se propone en nuestro país.

La PAC constituyó un formidable instrumento de modernización. Pero las ayudas públicas representan actualmente casi la mitad de los ingresos de los agricultores y, a veces, incluso más. La reglamentación quisquillosa, de origen francés y comunitario, y los múltiples controles han trasformado el trabajo de la tierra en una gestión cotidiana del papeleo administrativo. Así es como caemos en la trampa. ¿No quieren darles precios adecuados? No se preocupen, duerman tranquilos amigos campesinos, les vamos a dar subsidios. Una vez entregados los subsidios, se les dice que resulta demasiado costoso y se procede, por tanto, a efectuar controles. Para reforzar los controles, se aumenta el papeleo. Así va el sistema, y ya uno deja de ser agricultor para convertirse en redactor de formularios, y, además, pide disculpas por ejercer un trabajo que es necesario. Yo no acepto para nada una orientación de este tipo.

Deseo, pues, una PAC nueva, porque no tengo la intención de abandonar los agricultores que no quieren vivir de la asistencia de los demás, a los agricultores que no quieren vivir de subsidios, a los agricultores que no quieren ser controlados sobre el tamaño de cada uno de los pelos de sus animales.

La PAC , tal y como existe hoy, no puede responder a los desafíos posteriores a 2013. Todo el mundo lo sabe, pero nadie lo dice. Duerman tranquilos, que falta mucho para 2013. Y cuando llegue 2013, ¿Qué haremos?, ¿Qué harán nuestros hijos? Y ustedes, ¿Qué harán? Y no será una discusión técnica, en el marco del balance sobre la salud de la PAC , sobre el famoso “régimen de pago único”, el “desacoplamiento” o la “modulación” de las ayudas lo que permitirá alcanzar esos objetivos. De tanto llenar la política agrícola de términos incomprensibles ya nadie tiene ambiciones. Sin que signifique un rechazo del pasado, la renovación de la PAC es indispensable para devolverle su legitimidad.

La Politica Agraria Común debe responder a cuatro objetivos:

РGarantizar la independencia y la seguridad alimentaria de Europa. Objetivo estrat̩gico fundamental, sin que tengamos que pedir disculpas por querer alimentar a los europeos de manera independiente y saludable.

– Contribuir a los equilibrios alimentarios mundiales.

– Preservar los equilibrios de nuestros territorios rurales.

– Participar en la lucha contra los cambios climáticos y por la preservación del medio ambiente.

La PAC debe establecerse según el principio incontrovertible de preferencia comunitaria, que abarque objetivos, renovados, con instrumentos y un presupuesto ambicioso que permitan alcanzarlos. Que nadie se llame a engaño: seré intransigente en este tema durante las próximas discusiones relativas al presupuesto comunitario. La preferencia comunitaria no es una palabra ofensiva. Además, sino preferimos a Europa, me pregunto por qué hemos ido construyendo esa Europa. Y añado que con el Tratado simplificado he contribuido lo suficiente a su reactivación, como para no tener que pedir disculpas por defender la independencia alimentaria de esa misma Europa.

En primer lugar, insisto, es necesario que nuestros agricultores puedan vivir de los precios de sus productos, de su producción y de su trabajo, mediante una auténtica política comunitaria de estabilización de los mercados.

Nuestro entorno va evolucionando. Debemos dar a los empresarios las posibilidades para prevenir las desastrosas consecuencias de los riesgos climáticos y sanitarios. Para ello, pido a la Comisión Europea que establezca sin demora un dispositivo eficaz para la gestión de los riesgos de producción.

Vivir de los precios y de la producción significa también organizarse mejor. Deseo reforzar la organización comercial de la oferta, en particular en el sector ovino, en el sector de las frutas y hortalizas así como del vino, y garantizar el desarrollo de las interprofesionales. Deseo consolidar el tejido de industrias agroalimentarias permitiéndoles a ustedes tomar participaciones, por medio de fondos.

Vivir de los precios significa igualmente que cada uno deberá respetar el juego de la competencia. Hoy nos hablan de aumento en el caso de determinados precios de alimentos para el consumo, cuando hace más de diez años que los precios a la producción han disminuido. ¿Se podrá aceptar que en casi 40 años, con unos precios agrícolas divididos por dos, los de nuestros alimentos sólo hayan bajado en un 14%? ¡En alguna parte debe de encontrarse la plusvalía!. La respuesta es que no se puede aceptar esta situación y que el Estado va a intervenir.

En segundo lugar, debemos respaldar una agricultura que favorezca el desarrollo sostenible de nuestro país, y garantice la calidad sanitaria de nuestros productos mediante una verdadera política de alimentación.

En materia alimentaria, los franceses son cada vez más exigentes con respecto a la calidad nutricional de los productos así como con su seguridad sanitaria. Tomaremos la iniciativa comunitaria para reforzar los controles en las fronteras de la Unión Europea , con objeto de tener la seguridad de que los productos agrícolas y agroalimentarios importados presenten el mismo nivel de calidad que los producidos en Europa.

Hay algo que no entiendo. No se pueden imponer reglas a nuestros productores y, al mismo tiempo, dejar que entren en Europa productos procedentes de países donde no existe la trazabilidad ni el respeto mínimo de las normas alimentarias. La competencia debe ser igual para todos. Si nuestros productores y nuestros ganaderos deben ceñirse a una reglamentación para garantizar la seguridad alimentaria, pido que las importaciones a Europa se sometan a las mismas exigencias. Si sus productos no están al mismo nivel, no serán aceptados en el mercado europeo.

La calidad del medio ambiente constituye la preocupación cotidiana de los agricultores. Es imprescindible definir un nuevo plan de reducción del uso de fertilizantes y plaguicidas, para preservar la salud de sus usuarios. Al respecto, quisiera decir a toda la comunidad internacional que los agricultores son las primeras víctimas y no los primeros culpables.

Deseo, además iniciar un verdadero plan del aprovechamiento de la biomasa, que permitirá encaminar las explotaciones agrícolas hacia una mayor autonomía energética.

Finalmente, la investigación pública en biotecnologías constituye un elemento fundamental para el desarrollo de nuestra agricultura. En materia farmacéutica, por ejemplo, uno de cada seis medicamentos es fruto de la ingeniería genética y el 60% de los nuevos medicamentos utilizan las biotecnologías. Es necesario potenciar la investigación en los ámbitos de la alimentación, la química verde y las biotecnologías.

Necesitamos jóvenes agricultores, en enormes cantidades, cada año, para garantizar el futuro de nuestra agricultura. Todo esto me permite decir que uno de cada dos agricultores que se jubila no es reemplazado. Eso es incompatible con una demanda mundial de productos agrícolas que va a ir creciendo y a la que Francia debe estar en condiciones de responder.

Deseo que desde el inicio de la Presidencia francesa de la Unión Europea , es decir, en el segundo semestre del 2008, Francia abra una discusión sobre los principio fundadores de la Política Agraria Común de 2013, en el contexto de un gran debate de orientación sobre el futuro de las políticas comunitarias y de su financiación.

En segundo lugar, las negociaciones de la OMC deben reanudarse sobre bases sanas y a partir de objetivos claros. Me opondré con firmeza a todo acuerdo que no sirva los intereses de nuestro país, porque ése es el mandato que recibí.

Lo digo con toda claridad: si Europa renuncia a defender su agricultura de producción y su alimentación, si Europa renuncia a proteger la calidad sanitaria y medioambiental, cuando todas las demás regiones del mundo se defienden y se protegen, si Europa renuncia a actuar y se conforma con resignarse cuando la Cámara de Representantes estadounidense aprueba la continuación de los actuales mecanismos de apoyo, ¿de qué sirve, pues, construir una política agrícola.? Yo no seré el hombre del abandono. Que quede claro. Creo en la globalización. Creo en la competencia. Creo en la economía de mercado, pero pido la reciprocidad y el final de la ingenuidad.

El estado de las negociaciones debe llevarnos a realizar una reflexión profunda en toda la Unión Europa , pero sin duda también en la OMC , sobre el futuro de la negociación, pues es difícil seguir como si no pasara nada. Nos alejamos cada vez un poco más de nuestros objetivos iniciales en esta Ronda. No voy a andar con rodeos, los países emergentes consideran que sólo tienen derechos y ningún deber en el sistema comercial multilateral. Ahora bien, el éxito de la Ronda depende de ellos en primer lugar.

Tras siete años de negociaciones, cabe tal vez reflexionar acerca de la mejor manera de salir de la lógica actual de la negociación, con miras a reintroducir temas importantes para la Unión , como las reglas relativas a la defensa comercial, la inversión y la supresión de las barreras no arancelarias.

Lo digo de la manera más clara: en esta negociación internacional, Francia exige reciprocidad, Francia exige equilibrio, Francia exige la preferencia comunitaria.

Creo que no se puede seguir imponiendo a nuestras empresas agrícolas el dumping medioambiental, el dumping social, el dumping fiscal y, ahora, el dumping monetario.

Fuente. Agroinformacion.com

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