Plan estructural para el campo

635.jpegLA OVEJA NEGRA – Toda vez que el presidente del Gobierno parece darse cuenta de los serios problemas que atraviesa la economía española –paro, déficit insostenible, deuda disparada…- que amenazan el futuro del país a corto, medio y largo plazo, y parece dispuesto a tomar algunas medidas, no está de más recordarle que algunas de ellas deben contemplar soluciones para el campo y la agroindustria.

Si en general el panorama es delicado, en el sector agrario la situación es límite: el desempleo ha crecido un 30% en el último año; la renta agraria va en caída libre; los precios en origen marcan cotizaciones que no cubren los costes; algunos gastos necesarios marcan subidas desproporcionadas, como la factura eléctrica; y, para rematar, en el horizonte se avistan nuevos recortes de ayudas e incertidumbre ante los desplantes de los 27 con la PAC.

Por ello es necesario que se articule cuanto antes el Plan de Choque al que Zapatero se comprometió con las organizaciones agrarias. Y, unido a las posibles medidas coyunturales que contemple, es el momento de introducir cambios estructurales que permitan al sector adaptarse a los requerimientos del mercado del siglo XXI, y que pasan por ganar en dimensión, mejorar la competitividad, concentrar la oferta y apostar en mayor medida por productos que no tengan que competir exclusivamente en precio, ya que siempre habrá países que los ofrezcan más baratos.

Es posible que en esa tarea el Gobierno se encuentre con no pocas reticencias dentro del propio sector, pero es su responsabilidad llevarla a cabo. Y para ello es necesario un pacto con la oposición política, las CCAA y las organizaciones agrarias. A todos hay que exigirles altura de miras antes de que la inacción acabe por sumir aún más al agro en un callejón sin salida.

 

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