Nuestra alimentación en manos de la OPEP agroalimentaria

enba_mini1.JPGRecientemente leía en prensa un magnífico artículo del que fuera ministro de Trabajo en la época de Aznar, Manuel Pimentel, bajo el título “la venganza del campo” y en el mismo este buen conocedor de la realidad agraria del campo andaluz, hacía una afirmación tan inquietante  como cierta: “Más pronto que tarde, el campo se vengará en forma de escasez de alimentos, cuyos precios subirán de forma brusca e inesperada. Que nadie se queje entonces.”

Viene esto a cuento por el reiterado interés de las autoridades europeas, con el visto bueno o pasotismo de las autoridades agrarias estatales, por ir desmantelando de forma progresiva pero imparable las estructuras productivas de la agricultura europea.

Las continuas reformas de la política agraria europea que se han dado en estos últimos veinte años y la gestante reforma que ya ve la luz en los primeros documentos que circulan por las instituciones europeas, tienen como único y común denominador de la política agraria la eliminación de todas las referencias productivas para sustituirlas por referencias medioambientales. 

Es decir, mientras los años posteriores de la segunda gran guerra europea fueron los años donde se fomentaba la producción agraria con la que abastecer los mercados continentales, en los últimos años la agricultura no es asumida como la actividad suministradora de alimentos sino cómo la actividad “prescindible” por su peso en el PIB y porque nunca faltarán países lejanos de los que importar nuestros alimentos y consecuentemente, que la actividad agropecuaria únicamente les importa cómo la actividad gestora del territorio rural y mantenedora del medio natural y del paisaje que tanto disfrutamos.

Esta línea de actuación política, tal y como afirma Pimentel, desembocaría en que Europa puede sufrir desabastecimiento por la competencia con otras zonas que demandan ingentes cantidades de alimentos y no tendremos otra alternativa que pagar lo que nos pidan, porque entre todos hemos desmantelado nuestra capacidad productiva.

Valga como ejemplo la previsión recogida por el prestigioso instituto americano FAPRI según la cual el déficit comunitario de carne de vacuno crecerá sostenidamente en los próximos años hasta alcanzar las 408.000 toneladas las importaciones necesarias para abastecer el mercado europeo y esta carne vendrá, mayoritariamente, de países como Brasil cuya carne no cumple, ni de lejos, la compleja normativa higiénico-sanitaria, medioambiental, bienestar animal, etc que los europeos exigimos a nuestros propios productores.

Soy consciente de que para muchos lectores lo que voy a decir les sonará a ciencia-ficción o a una novela de John Le Carré, pero si Europa sigue por la senda que viene trazando en estos últimos años y por la que proyecta para los venideros, nos podemos encontrar que una gran mayoría de nuestra alimentación dependa de unos pocos países que conforman la llamada OPEP agroalimentaria (Brasil, Argentina, Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica, etc.) que en reuniones a “petit comité” establecerán los volúmenes de producción y los precios que deberán, o deberemos en el caso europeo, pagar aquellos países que habiendo abandonado la producción se conviertan en países netamente demandantes de alimentos.

Es una opción. No es la que defendemos los baserritarras pero ahí está. La clave es saber si nuestros consumidores europeos son conscientes de ello y en caso que no estén de acuerdo, qué es lo que están dispuestos a hacer para que sus representantes políticos rectifiquen el rumbo de la política agraria europea.

¡Qué San Isidro nos ilumine y veamos el camino correcto!
Mikel Arteaga Arruti 
Presidente de ENBA-Gipuzkoa

 

Una respuesta to “Nuestra alimentación en manos de la OPEP agroalimentaria”

  1. Patxi Says:

    De lo mejor que he leído ultimamente. Animo y a seguir con las ideas bien claras

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