NAVARRA. Vendimiar en tiempos de crisis

090807vendimia.jpgLa proliferación de máquinas vendimiadoras ha reducido significativamente la presencia de temporeros en Navarra. Hoy, la Vendimia pasa de puntillas por la vida de 140 pueblos. Las máquinas ahorran costes a un sector que ya estaba en números rojos cuando llegó la crisis económica

E L cierzo zarandea las hojas de la cepas mientras Francisco Elarre Alzueta corta a golpe de hocete racimos de uva que luego deposita en un cesto. Sus riñones acumulan 60 vendimias. La de este año, probablemente, será la última. “Quiero arrancar toda la viña. Bruselas nos da subvención y me he apuntado. Antes, había mucha ilusión por la vendimia, pero hoy ya no es rentable”, cuenta este viticultor de Aibar. Calla y fija su mirada en el viñedo, una finca con cepas de uva garnacha que, a lo largo de su medio siglo de vida, han sido desgranadas por las manos de tres generaciones. “Tendría unos 14 años cuando vine a plantarlas con mi padre”, recuerda Francisco.

Hijas y yernos le ayudan en la tarea de conducir la uva al cesto y de ahí, al remolque. Francisco Elarre forma parte del puñado, cada vez más testimonial, de viticultores navarros que siguen recogiendo la uva de forma artesanal. En la actualidad, sólo un 25% del viñedo se vendimia con peonadas. En concreto, 6.000 de las de 25.000 hectáreas de viñas que pueblan los campos de la Comunidad foral, según datos de la Estación de Viticultura y Enología de Navarra (Evena).

Menos temporeros

El motor de las vendimiadoras ha silenciado el alboroto que las tribus de temporeros imprimían en la vida de los pueblos. Hoy, aquellas imágenes de largas hileras de espaldas dobladas junto a las cepas son excepciones camino de la hemeroteca. “El pueblo tenía hace 30 años unos 250 habitantes y, durante los quince días de vendimia, venían más temporeros que vecinos. Eran gitanos y húngaros. Hoy, ya no vienen porque apenas quedan viñas”, cuenta el agricultor y alcalde de Eslava, Félix Barian.

El paulatino olvido de los temporeros de las tierras navarras se palpa también en el campamento de Mendavia. Habilitado a finales de los 90, en las últimas tres vendimias ha reducido a la mitad el número de portugueses y gallegos que instalan allí sus caravanas. “Está acondicionado para 800 personas, pero de las 600 que venían se ha bajado este año a unas 250. Es normal, cada vez se coge más uva con máquina “, comenta el alcalde, Miguel Ángel de Carlos. ” Instalamos hasta módulos prefabricados para escolarizar a los hijos de los temporeros, niños. Antes, se necesitaban dos profesores para atender a estos niños de 3 a 14 años. Ahora, basta con uno”.

¿Cuántos temporeros vienen a Navarra? Ninguna fuente consultada se atreve a pronunciarse. Desde UAGN dicen que el número de contratos firmados por los agricultores a temporeros se mantiene estable en unos 1.500 por vendimia. “Es cierto que vienen menos, pero es que en los últimos diez años la inmigración ha cambiado radicalmente. Hoy hay colectivos asentados en los pueblos y es gente que a veces trabaja en la vendimia”.

De 16 1 137 vendimiadoras

La metamorfosis del viñedo navarro arranca a finales de los años 80. Nuevas variedades, en su mayoría tintas, arraigaron en los campos. Merlot, cabernet, chardonnay y otras uvas foráneas destronaron a la autóctona garnacha, que entonces se extendía por un 85% del viñedo. Hoy, la madre de los grandes rosados de Navarra, apenas ocupa el 20% de las viñas. Pero la protagonista de la gran revolución ha sido la mecanización del viñedo. ” Veíamos las máquinas por la televisión. ¡Jamás hubiéramos pensado que una máquina lo iba a hacer tan bien! Si antes íbamos a vendimiar con las caballerías…!”, comenta Francisco Elarre, a sus 74 años.

La máquina en la vid, al igual que en otros ámbitos, ha ganado la partida al hombre. Hace dos décadas, en la denominación Navarra, apenas un 35% del viñedo estaba preparado para ser cosechado con máquina (en espaldera). Entonces, había censadas 16 vendimiadoras y no faltaban máquinas procedentes de Francia o de otras zonas españolas. Hoy, más de 80% del viñedo se recoge de forma mecánica gracias a las 137 vendimiadoras censadas en la Comunidad foral.

En Aibar, la primera vendimiadora se vio hace tan sólo catorce años. Un joven Javier Iribarren Pérez, que hoy preside la bodega de Aibar, fue el primero que la trajo al pueblo. “Algunos me decían que sólo llevaba a la bodega sarmientos. Había mucho escepticismo, pero hoy casi todos cogen la uva con máquina”, recuerda.

Precios por debajo de costes

La vendimiadora permite al viticultor trabajar sentado en la cabina, sin pisar la tierra para recoger toda la uva de una finca. La máquina ofrece comodidad, pero especialmente, permite ahorrar costes en un momento en el que la crisis económica no hace más que acentuar la crisis específica del sector que arrastra desde hace más de seis años. “Vivimos una doble crisis. Si esto no cambia, la viña nos va a llevar a la ruina. La tendremos que arrancar, aunque sea sin subvención”, afirma Javier Iribarren. “Hoy ya no se bebe vino como antes. Y eso no está haciendo daño. Antes se bebía un litro al día y hoy cada vez son menos los que se toman un vaso de vino en las comidas”

En general, los viticultores cobraron el año pasado entre 12 y 20 céntimos por el kilo de uva, aunque hay casos extremos en los que se ha llegado a pagar el kilo de uva a 3 céntimos (6 pesetas). En cualquier caso, la cotización de la uva en la denominación Navarra está por debajo de los 30 céntimos que según datos del Gobierno se necesitan para cubrir los costes de producción. “La uva de este año no sabemos a cuánto la cobraremos. Depende de cómo se venda el vino en la cooperativa. Esperamos que suba un poco el precio, porque este año hay mucha menos uva por las lluvias de la primavera”, dice Eladio Usoz Urrutia, otro viticultor de Aibar .

A una máquina le basta poco más de una hora para vendimiar una hectárea. En cambio, para la misma superficie, se necesitan ocho personas todo un día. Alquilar una máquina para vendimiar una hectárea cuesta unos 220 euros . El jornal está sobre los 64 euros al día, casi cuatro veces más que los 17 euros que se pagaban hace quince años. “Si necesitan ocho personas te plantas en 640 euros frente a los 220 euros que te cuesta con máquina. La repercusión por kilo es el triple”, dice Iribarren.

Que la vendimia ha cambiado queda patente cuando se ven máquinas vendimiadoras trabajando por la noche, algo impensable hace años. “La uva entra en la bodega a menos grados. Si entra a once grados y no a veinte grados se gastan menos frigorías. Además, el vino coge más personalidad de la uva”, cuentan en bodegas como Señorío de Otazu y Ochoa.

Pese a los nubarrones que amenazan el sector, la esperanza no se pierde. “La uva de este año es de una excelente calidad y ese es el camino por donde debemos avanzar”, afirma Ángel Yanguas, enólogo de las cooperativas de Aibar, pero también de San Martín de Unx y de Azagra. ” Los vinos navarros de la añada 2008 van a ser grandes vinos”.

“El motor de las vendimiadoras ha silenciado el alboroto de las tribus de temporeros”

DIARIO DE NAVARRA

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