Medio Ambiente concede a los cazadores la prioridad para controlar la población de lobos

lobopark08.jpgEl lobo seguirá ampliando su leyenda y haciendo historia o mitología viva una vez que la Consejería de Medio Ambiente ha aprobado un Plan de Gestión del Lobo inclinado a «mantener estable la población» de predadores, estimada en torno a 149 manadas en Castilla y León.

También parecen garantizados los conflictos toda vez que los sindicatos agrarios insisten en rechazar el seguro del lobo y que los conservacionistas califican el Plan de un tanto inclemente para la especie, por entender que la Administración no presta la atención debida a la mortandad ilegal.

Pero los conflictos están avalados, sobre todo, porque la Junta de Castilla y León no se ha arrugado en la apuesta conservacionista y permitirá que el lobo siga adelante a su viento y en libertad, satisfaciendo su instinto a dentelladas. Y ya lo dice el refrán: “juntóse el lobo a la oveja, y le comió hasta la pelleja”.

Defender al lobo selvático e indomeñado, aunque controlado, es con diferencia lo que encumbra la gestión diseñada por el Gobierno regional. La mayoría de las comunidades decidieron exterminar la especie y zanjar así todo problema; o, a lo sumo, se contentan con mostrar en cercados y presidios al animal que menos gustan los cerrojos.

El aprovechamiento cinegético, la caza, impera como el método de control prioritario, que se ejecutará antes que nada en las zonas «con mayor grado de conflictividad», en Zamora, dando prioridad de Sayago al resto del territorio.

 El Plan de Gestión otorga a la zonificación un rango específico, repartiendo la provincia de Zamora en tres áreas en virtud de «la potencialidad del medio para albergar lobos, la disponibilidad de presas silvestres y carroñas, y la conflictividad potencial con la ganadería extensiva».

 

En la zona I quedan integrados los términos municipales adscritos a las comarcas de Benavente y los Valles, Campos-Pan, Duero Bajo y Llanuras del Guareña, y Sanabria. Los términos de Aliste y Duero Bajo son integrados a la zona II y la comarca de Sayago a la III.

Para todas ellas existe el compromiso de una extracción de lobos que «limite los daños a la ganadería a unos niveles socioeconómicos sostenibles». Lo contrario sería, simplemente, un disparate.

La Zona I, con 32 comarcas, acoge «más de la mitad de los lobos de Castilla y León, con densidades comarcales que oscilan desde 0 hasta más de 5 lobos/100 kilómetro cuadrados». Según el Plan aprobado, «la disponibilidad de biomasa de presas silvestres para el lobo es de alrededor de 135 kilos por kilómetro cuadrado, principalmente liebres, corzos y jabalíes, aunque no son nada despreciables las posibilidades que ofrecen las carroñas y, local y temporalmente, los conejos». Precisa que esta zonificación «abarca municipios poco conflictivos, favorecido por la escasez de ganado en extensivo».

La zona II presenta «un cierto grado de conflictividad por la alta densidad de ganado que mantienen y por el hecho de que los animales pastan libremente en la mayor parte de los casos».

La zona III, donde destacan las dehesas, cuenta con solamente «el 4% del total de lobos».

La compatibilidad del lobo con la ganadería es uno de los órdagos a los que se enfrenta la Consejería de Medio Ambiente y para ello establecerá líneas de ayuda encaminadas a un conseguir «un pastoreo de más calidad y profesional, a potenciar el uso de perros mastines y a promocionar los vallados protectores». Las solicitudes procedente de la zona III (con apenas lobos) tendrán prioridad sobre la zona II y I.

La compensación de los daños a la ganadería es otro quid al que se enfrenta la Administración En este espinoso aspecto, la Administración «procurará que los perjudicados tengan la posibilidad de compensar los daños que el lobo haya producido a su ganado». Al norte del Duero, «la comunidad autónoma responderá de los daños causados por el lobo de conformidad con lo dispuesto en las normas reguladoras de la responsabilidad por daños producidos por las piezas de caza». Al sur del Duero, «se asegurará la existencia de, al menos, un seguro asequible que cubra los daños ocasionados en las explotaciones por lobos o perros asilvestrados». Además, Medio Ambiente «compensará la franquicia de dicho seguro y, en los supuestos en los que se acredite que los daños han sido ocasionados por lobos, compensará el lucro cesante y los daños indirectos».

«Es poco menos que desentenderse de la responsabilidad en cuanto a fauna protegida»

La gestión del lobo diseñada por Medio Ambiente «es poco menos que un desentenderse de la responsabilidad en lo tocante a la fauna protegida». Así lo valora el presidente de la Asociación de Agentes Medioambientales de Zamora, Lorenzo Ferrero. «Que al norte del Duero sea cinegético y que se haga caso total al documento de gestión de los cotos, a la hora de conceder cupos, la discrecionalidad con la que se reparten los trofeos, está dando lugar a un tráfico de cadáveres. La Administración se desentiende y da facilidades a terceras personas para que hagan el trabajo de gestión. Al administrado no se le puede exigir una responsabilidad sobre los daños de la fauna, como son los seguros» manifiesta.

Considera fundamental «arbitrar medidas lo más rápidas y ágiles para resarcir al ganadero, y un control exhaustivo de los planes cinegéticos». Reprocha que se «delegue la competencia en los cotos, amparándose en la riqueza del negocio que genera el lobo» y pide mayor atención «a la indemnización de los daños, que son el mayor problema, y a los que hay que dar la importancia que tienen». Afirma que «la Administración debe formar al personal y arbitrar unos mecanismos concretos, así como un control sobre perros asilvestrados». Critica que «el dinero se diluye en estudios y entelequias cuando lo que interesa es agilizar los trámites, discenir de forma fehaciente quién provoca los daños y realizar un control de la especie».

Ferrero apunta que «el lobo tiene un valor ambiental que no se le reconoce, pero realmente lo tiene , como se ve en la sierra de La Culebra».

«Imprescindible utilizar el análisis genético para asignar al 100% los daños»

El biólogo e investigador de la especie, Javier Talegón, aplaude la iniciativa del Gobierno de Juan Vicente Herrera, pero considera «que hay cosas que mejorar». Como analista de cientos de daños, sostiene que «es imprescindible utilizar el análisis genético para asignar al 100%de los daños al lobo o al perro». En su criterio estos datos permitirán una gestión más efectiva y correcta de la especie. También insta a «mirar muy mucho las infraestructuras, permeabilizarlas». La persecución de la ilegalidad es otro puntal a tener en cuenta para Javier Talegón, «porque hay datos de que mueren un montón de lobos todos los años».
Señala que « apoyo, respaldo y empujo» el Plan de Gestión, pero insiste en la trascendencia de efectuar análisis genéticos. «Es muy importante porque la gestión del lobo se basa en los daños. He visto 600 daños y un perro y un lobo es lo mismo. Se haría una gestión objetiva y rigurosa». Resalta «el valor real del lobo como controlador de ungulados». Expresa que «la presencia del lobo en un ecosistema natural genera un sistema mas sano y mejores trofeos». Asimismo recalca el potencial turístico del legendario predador. «Si se consigue el que el lobo vivo sea un recurso turístico, pues sería una mejor forma de conservarlo».

Fuente. Laopiniondezamora.es/CLUB DE CAZA

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