Marejada en el Cantábrico

La flota pesquera de todo el litoral cantábrico se ha unido para denunciar una situación económica insostenible por los bajos precios en lonja y baraja parar desde el día 15 
 

Cientos de embarcaciones y miles de marineros de todo el Cantábrico se unen en un SOS desesperado para evitar el hundimiento definitivo de la flota pesquera del litoral. Son varios los años de declive generalizado del sector hasta nuestros días, pero la incontenible zozobra del último lustro ha inundado la línea de flotación de la rentabilidad de los pesqueros.

Unidos contra un proceso comercial verticalizado que les ha restado cualquier tipo de margen de beneficio, una marea incontenible desde Hondarribia hasta La Guardia (Galicia) se ha convertido en un frente común con varias reivindicaciones de urgencia que, según la flota, deberán ser la base de las intervenciones administrativas necesarias para que el sector reflote. La convocatoria de huelga general que se baraja desde el próximo miércoles día 15 hasta final de mes, es un llamamiento para denunciar la desigual comercialización del pescado en nuestras costas, en su mayor parte, debido a incontroladas importaciones de pescado que ahogan el mercado local. Las razones para llegar a este límite son variadas y en ocasiones, complejas.

Treinta años. El principio histórico del estancamiento de la pesca en el Cantábrico se remonta treinta años atrás, cuando en 1977 entra en vigor el límite jurisdiccional internacional de 200 millas costeras para los países con salida al mar. De esta forma se salvaguardaba la pesca autóctona de cada país, como por ejemplo la de Canadá, que sufría descontrolados expolios en Terranova. Tras su puesta en marcha, tradicionales caladeros situados en la plataforma continental francesa pasan a estar vedados. Posteriormente, la entrada de España y Portugal en la C.E.E es cercenada con limitaciones en materia pesquera, por lo que la presunta apertura de caladeros queda condicionada a las licencias de pesca.

Redes pelágicas. Se renueva gran parte de la antigua flota pesquera pero las restricciones comienzan a hacer mella entre los armadores. Durante ese final de década también hacen su aparición las redes pelágicas, mallas con una gran capacidad depredadora gracias a sus gigantescos tamaños, que van arrasando con toda especie que se tope con su abertura. La flota francesa, ya entonces inmersa en un proceso preindustrial, es la primera en adoptarlas de forma generalizada, bajo la desconfiada mirada de la flota artesanal cantábrica. Comienzan a darse las primeras importaciones a precios bajos, por la enorme cantidad de pescado descargado en las costas francesas.

Esquilme. Las primeras muestras de la capacidad de destrucción de las artes pelágicas se dan con la desaparición absoluta del besugo en un periodo inferior a cinco años. La masiva cantidad de pescado capturado en el Cantábrico vacía paulatinamente los caladeros tradicionales. Comienza a abrirse un periodo preindustrial, donde sólo las grandes capturas parecen rentabilizar las campañas de pesca. Los precios comienzan a estancarse y el pescado a escasear.

Importación. Las ingentes cantidades de pescado que habían abastecido hasta entonces a todas las pescaderías del Cantábrico van cayendo en cuanto a variedad de especies. Al agotamiento de los caladeros sobreviven el verdel, la anchoa y el bonito, como las tres campañas rentables en las que se basan los arrantzales. En menor medida, la merluza y especies como la muxarra o la dorada se mantienen en una oferta pesquera limitada, que se completa con pescas residuales de otras especies. El mercado, ante esta falta de variedad, recurre a la importación para mantener viva la oferta al público. Comienza una escalada de compras imparable, en la que el pescado foráneo completa la oferta al consumidor con importaciones vía avión a precios de ganga desde infinidad de puntos del planeta. En varias especies se duplica la oferta con la del mercado local.

Valor depreciado. Las grandes capturas de la flota y la enorme variedad de pesca importada aplastan los precios en las lonjas de todo el litoral. Como salida para rentabilizar las costeras, la flota artesanal se ve obligada también a rendir al límite y a traer a puerto todavía más pescado. Esta espiral provoca una irremisible depreciación del valor de la pesca. Los precios en lonja se van hundiendo mientras las pescaderías registran precios al público relativamente estables para el consumidor.

Comercialización. El proceso comercial del pescado entra en una fase cruda, donde se producen los mayores desequilibrios. Por una lado, el armador y los marineros de la flota tradicional se enfrentan a travesías y singladuras más largas, de mayor peligro y en condiciones laborales extremas, para lograr capturas cada vez mejor tratadas y conservadas, en un afán de orientar su producto a la calidad. Por otro lado, existe un sector intermediario a pequeña y media escala, grandes mayoristas y las empresas conserveras, como los compradores de las descargas. Clasificados de menos a más, el pequeño detallista invierte en las partidas de pescado de mayor calidad, por las que paga los mejores precios de las subastas. Su objetivo es el de satisfacer a un cliente exigente. En un segundo plano estarían los distribuidores para superficies mayores que basan sus ventas en precios más bajos, y finalmente se encuentran los grandes mayoristas, cuyas transacciones son incluso de magnitud internacional y colocan cantidades astronómicas en distintos puntos de España en la mayoría de los casos. También compradores de los últimos lotes de las subastas, las empresas conserveras obtienen bonito del Norte de alta calidad a precios muy asequibles para su industria.

Todos estos agentes son necesarios en el proceso, pero sólo el sector pesquero ha ido aminorando sus márgenes de beneficio sobremanera, mientras la cadena compradora y distribuidora mantiene una salud económica más estable. Jaime Tejedor, presidente de las Cofradías de Gipuzkoa, señalaba el pasado día 7 de agosto que «las conserveras deben demostrar que venden bonito del Norte auténtico» en alusión a las partidas de túnidos importados que se venden como autóctonos, ya que «no puede pasar que en el mercado haya una cantidad de conservas de bonito del Norte muy superior a las capturas». Además de pedir transparencia de trazabilidad, alertaba del supuesto engaño que pueda estar padeciendo el consumidor, por lo que una mejora en el control y el etiquetaje serían bienvenidos por los pescadores. Por su parte, la asociación de conserveras Norpesco no cree que se estén dando irregularidades en el proceso e invita a interponer una denuncia a quien así lo considere.

Precios. Entre las medidas más básicas que necesitaría la flota, está la de la normalización de precios en lonja que permitan un margen de beneficio. La implementación de precios mínimos y máximos en la venta es otro posible estabilizador del mercado. Como ejemplo, el Estado francés compra las partidas que bajan de un precio estipulado como mínimo, y su utilización se deriva después a otros usos, como por ejemplo a la fabricación de piensos alimentarios.

Gasoil. La constante subida del precio del combustible durante los últimos años ha sido un factor aplastante y definitivo para limitar cualquier intento de repunte del sector. Debido al agotamiento de los recursos naturales del Cantábrico, las travesías de los barcos dedicados a las campañas habituales se han alargado. Las zonas de pesca del bonito del Norte donde rebuscan nuestros arrantzales lindan con las islas Azores o cerca de las costas de Irlanda, por lo que el gasto en fuel se multiplica. Con el precio del gasóleo a 0,48 euros el litro, los arrantzales han padecido una subida exponencial, ya que quince años atrás el precio se situaba en 0,12 euros el litro.

Salvaguardia. La cláusula europea de salvaguardia vela por la continuidad de productos autóctonos de países donde estén en jaque por la fuerte importación exterior, y es a la que se quiere acoger la flota de todo el litoral. Tras una reunión en Madrid a la que asistieron los Directores Generales de Pesca de Asturias, Cantabria y Galicia, un representante de la Consejería de Pesca del País Vasco y de las federaciones y cofradías del litoral, la Secretaría General de Pesca Marítima se ha comprometido a intensificar los controles de las importaciones vigilando la evolución del mercado de la merluza, atún y bonito. Después de la reunión del pasado 8 de agosto, el presidente de las Cofradías de Vizcaya, Iñaki Zabaleta, se mostró «desencantado» con las medidas propuestas por el Ministerio de Pesca y Agricultura y consideró que éstas serían adecuadas en una situación normal pero que, ahora, «no son la solución». Por esa razón, Zabaleta explicó que su cofradía ha solicitado al Ministerio que la flota vasca se pueda acoger a las «medidas de salvaguardia para situaciones especiales» que se prevén en la regulación europea de pesca, puesto que éstas son «la única solución para este gran problema». Desde el Ministerio, según Zabaleta, estudiarán la propuesta a la que dan posibilidades. El Gobierno Vasco, por su parte, considera viable aplicar la cláusula en el caso del bonito del Norte, lo que permitiría bloquear las importaciones de una especie para frenar la caída del precio. «El atún blanco traído de fuera se está vendiendo a 1,5 euros el kilo, por debajo del precio de garantía de la UE», señala el viceconsejero de Pesca, Luis Miguel Macías.

Futuro. La flota del Cantábrico apremia varios tipos de reglaje en las normas de juego de la pesca. El 60% de los países de la UE dependen casi íntegramente de caladeros extranjeros para abastecer su mercado, en parte, por el alarmente estado de los caladeros tradicionales europeos. Países como Noruega restringieron totalmente la pesca del verdel en sus aguas, pero el mercado no para. El futuro de la flota depende fuertemente de la sostenibilidad, de pescar lo estrictamente necesario para cubrir el mercado, y de la utilización de artes tradicionales que logren perpetuar la biomasa de las especies orientando la pesca hacia la calidad. Para ello también sería necesario regular los precios en lonja mediante precios mínimos más altos. La tendencia general de los últimos años parece inducir a la flota a un proceso preindustrial en materia pesquera, a base de grandes embarcaciones de alta tecnología para lo que los actuales armadores estarían maniatados, incapaces de saldar sus actuales inversiones ni siquiera a largo plazo. Sin medidas, el futuro será incierto.

Fuente. Diariovasco.com

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