Los guardianes de semillas

escudo_rioja.jpgEL CORREO Cincuenta riojanos participan en la recuperación de semillas puras de las localidades riojanas

Antes había una variedad diferente en cada pueblo, la agricultura ha ido mejorándose durante cientos de años, adecuando los productos a las condiciones climatológicas de cada entorno, explica Fernando Cerecedo, agricultor ecológico en Sorzano y miembro de la Red de Semillas de La Rioja. «Con los viveros grandes se están uniformando los cultivos, y hay cada vez menos variedades». Lo que venden son semillas híbridas: ni tradicionales, ni locales.

Los ‘guardianes de semillas’ se encargan de rescatar la variedad de semillas puras para luego generar un intercambio. Primero hay que conseguir la semilla, después cultivarla con unos márgenes de seguridad para evitar cruces; después que se dé bien, evitando plagas y enfermedades hasta que se multiplique; «tiene que pasar mucho tiempo y es un trabajo fino». Es complicado encontrar una semilla ‘pura’; «a lo mejor el señor del pueblo te dice que lo es y no se acuerda de que la compró hace cinco años, y ya está tratada desde el principio», reconoce este agricultor.

El caparrón de Anguiano, pimientos de Najerilla, fresas de Nalda… «Toda esa genética mejorada que habían conseguido nuestros antepasados se está perdiendo», reconoce Cerecedo. ¿El motivo? Este agricultor aficionado afirma que hace ochenta años, cuando llegaron los productos químicos para el campo, es cuando se produjo esta revolución, la gente se creyó que realmente funcionaba mejor así la agricultura. «Detrás hay muchas multinacionales; ahora experimentan con transgénicos, pero su plan de salvar el mundo lo está destruyendo. Están haciendo que la gente dependa de una multinacional para comprar las semillas y el veneno que la destruye», desarrolla Cerecedo, que lamenta que se haya abandonado ese pasado.

Hace cuatro años que este agricultor logroñés utiliza su finca de Sorzano como un observatorio. En él cultiva de forma no agresiva para la naturaleza cerezos y ciruelos, que le permiten comprobar los desequilibrios que se están produciendo en el ámbito natural. «Los químicos acaban con la riqueza de la tierra, empobrecen los suelos, contaminan las aguas subterráneas… son una mano de veneno detrás de otra que luego llega a las personas. Continuamente están apareciendo plagas nuevas y productos más potentes», observa Cerecedo.

«La agricultura convencional tiene poco futuro; cada vez queda menos gente en los pueblos, y la gente es cada vez mayor; es la gente joven la que está volviendo a la tierra, buscando nuevos hábitos de consumo».

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