Los ganaderos piden mayor sensibilidad ante los ataques de los buitres

geroa_4.jpgABC – Los ganaderos de la provincia de Huesca quieren que la administración sea sensible y busque una solución a los problemas que generan los buitres que atacan al ganado y los que está provocando la reintroducción del oso en los Pirineos.

Lo han vuelto ha demandar las organizaciones agrarias UAGA y ASAJA, tras los ataques de buitres registrados en abril en Santa Cilia y La Fueva, a yeguas, ovejas y vacas, y a sus crías recién paridas, durante este año.

A su juicio, como vienen reiterando desde hace años, el Gobierno aragonés tiene la oportunidad de solucionar este problema “creado por la administración” habilitando una red de muladares (comederos) en los que se eche de comer a estas aves necrófagas.

La solución pasa, a su juicio, por extrapolar a Aragón la nueva normativa europea, aprobada en marzo de este año, que permite abandonar, bajo supervisión, cadáveres animales de ganadería extensiva en determinadas zonas remotas y de montaña.

El secretario de UAGA-Huesca, David Solano, ha explicado a EFE que esta nueva normativa, que se basa en una denuncia presentada en 2007 por esta organización junto a Seo/BirdLife, posibilitaría retornar al modelo antiguo, que se suspendió con la aparición de la enfermedad de las vacas locas, al prohibir alimentar a los buitres con animales muertos.

Solano ha recordado que España cuenta con la mitad de buitres que hay en Europa y la mayor población se encuentra en Aragón, por lo que es importante establecer en el territorio una norma que permita el abandono de los cadáveres de animales para alimento de estas aves Los mayores perjuicios a los ganaderos se producen en los seis primeros meses del año, el periodo de cría y cuando requieren más alimentación estas aves necrófagas, cuyos ataques en su mayor parte no se denuncian a Medio Ambiente, según UAGA.

Desde ASAJA, su secretario general en Huesca, Ángel Samper, apunta que se ha creado “una catarsis” en la cadena medioambiental, al cambiar el comportamiento del buitre, que ha originado la propia administración.

Por ello, ha exigido a la administración que se establezca “un protocolo de actuación” que determine cómo y donde se pueden abandonar cadáveres de animales, a la vez que ha lamentado que en la actualidad el departamento de Medio Ambiente “no está pagando” a los ganaderos las indemnizaciones por los ataques de los buitres.

“Utiliza los servicios jurídicos” para no hacer frente a estos pagos, ha dicho este dirigente de ASAJA, quien ha recordado que hay varios casos en los juzgados y Medio Ambiente “los ha recurrido”.

La Red Aragonesa de Aves Necrófagas (RACAN), puesta en marcha por el Departamento de Medio Ambiente, comenzó en 2005 y cuenta en la actualidad con 51 muladares, la mayor de toda la geografía española.

Estos comederos se distribuyen en Huesca, 23, Zaragoza, 14, y en Teruel, 13, según han explicado a EFE fuentes del departamento de Medio Ambiente, desde donde aseguran que son los técnicos los que valoran, “en función de la zona y de la población de buitres, el volumen de carne y la periodicidad con la que se les suministra”.

Las organizaciones ganaderas denuncian también que los problemas para cobrar ayudas de la administración se dan también en el caso de las compensaciones por estar en zona de osos, según Solano, quien achaca esta dificultad a la crisis económica.

A este respecto, recuerda que el problema no es tanto el ataque del oso al ganado como “las molestias” que su presencia supone para los ganaderos, ya que las reses “se estresan”, y al propietario, que “le cambia la vida, porque tiene que estar prevenido”.

El secretario provincial de UAGA apunta que la Mesa de Trabajo del Oso está paralizada desde hace años porque es un asunto que genera “posiciones muy encontradas”.

Por su parte, el secretario general de ASAJA ha recordado que las principales zonas con presencia de oso en Aragón se encuentran en el valle de Ansó y en la zona de Benasque.

El Gobierno de Aragón ha invertido más de 4 millones de euros desde 2006 para promover la conservación del oso y hacerla compatible con la ganadería, una inversión que se ha destinado a seguimientos, vigilancia e indemnizaciones.

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