Los buitres se atreven ya con las yeguas

buitres_2.jpgDiariovasco.com. Buitres, muchos buitres. Ayer al mediodía, centenares de carroñeras se situaron a escasos metros de la salida de la A-15 en Gorriti. Ni el ruido de los camiones pesados ni la presencia humana les hicieron levantar el vuelo y abandonar su alimento. Las aves habían atacado y matado a dos yeguas que descansaban tumbadas en el prado. Primero fueron las ovejas; ahora se atreven ya con ganador mayor.


Mientras unos comían los restos de los equinos, un nutrido grupo de 40 ejemplares permanecía atento a cualquier movimiento en un prado cercano. Otros tantos, hacían lo mismo en un terreno situado algo más alejado. En el momento en el que uno de los ejemplares abandonaba el punto donde se situaba el alimento, otro llegaba dispuesto a saciar su apetito. Así de manera organizada y paulatina, como si de un ejército se tratara, llegaban si hacer demasiado ruido. Algo que contrastaba con los gritos y la lucha que mantenían por llevarse un pedazo de carne al pico.
Según contaban algunos curiosos que se situaron a pie de carretera, los buitres llegaron en torno a las 11.30 de la mañana y en pocos minutos, fueron ocupando un extenso terreno situado en el límite de la carretera local que llega hasta Gorriti. La imagen atrajo la mirada de muchos conductores y más de uno decidió abandonar su trayecto y acercarse a ver las enormes aves carroñeras para captar una instantánea. Los primeros en llegar al lugar, apuntaban que resultaba «espectacular ver a tantos ejemplares de estas enormes aves en torno a un grupo de yeguas, más de doscientos». Entre los animales que pastaban al sol, dos se encontraban tumbados sobre el suelo, junto al resto de los miembros que formaban el grupo. En pocos minutos, varios de los buitres, cuatro en concreto, relataban los testigos, se colocaron sobre uno de los animales, que estaba vivo, aparentemente dormitando, y empezaron a picarle. «Era increíble ver cómo les metían el pico, sobre todo la fuerza con la que les picaban. En pocos minutos, el resto de los buitres se situó en torno y sobre el animal» decían. Ya no se podía hacer nada. Estaba muerto. Con el otro, hicieron lo mismo aseguraban mientras no dejaban de mostrarse sorprendidos por lo que veían, muchos de ellos, por primera vez.
Se repite
Junto a la mirada de sorpresa de algunos, se podía ver la de impotencia y de rabia de los vecinos de Gorriti que apuntaban que no es la primera vez que pasa, estas situaciones se producen muy a menudo. Incluso, uno de ellos relató que «a nosotros el año pasado nos comieron un carnero. Se trataba de un hermoso animal que era un poco ‘tortolo’, parado, pero que estaba sano y al que también se le echaron encima unos cuantos buitres y acabaron comiéndolo». Este vecino relató que «se lo llevaron arrastras, le agarraron de la parte superior de las patas traseras con las garras clavadas, y se lo llevaron. Se trataba de un ejemplar bastante grande, pero lo arrastraron bastantes metros».
Ante los repetidos relatos de ataques a animales vivos presenciados por los vecinos, a la pregunta de ¿ahora qué van a hacer? rápidamente responden: «poco, no podemos hacer nada, porque aunque llamemos a Medio Ambiente para que vengan a verlo, luego nos exigen una prueba de que el animal estaba vivo antes de la llegada de los buitres y del momento de la agresión para que lo consideren como ataque. Eso es imposible. Tendríamos que llevar una cámara de vídeo en todo momento y no puede ser. Hemos sacado fotos cuando se han producido los ataques pero, al parecer, eso tampoco es suficiente. Luego cuestionan si el animal está o no enfermo antes del ataque y comienzan a complicarse las cosas aún más. Algunos de los vecinos ya han puesto varias denuncias pero no sé si sirve para algo».
Repiten que se sienten inseguros ante el riesgo de perder más animales, rabia por los que ya han perdido e impotencia de no saber a quién acudir. Por eso según dicen «no denunciamos, ¿para qué? No se creen lo que les cuentas y además, no te hacen ni caso. No sirve para nada».
Espectáculo o disgusto
Dos personas que fotografiaban a los buitres cuando daban cuenta de las yeguas comentaron «¡qué pasada! No habíamos visto nunca comer a los buitres tan de cerca, esto es la naturaleza pura». En ese momento uno de los baserritarras exclamaba «si, pero se están comiendo nuestros animales. A ellos hay que protegerles, pero ¿qué van a hacer con nuestros animales? ¿Quién les protege?». La respuesta del gorritiarra también sorprende a la pareja que según relataban habían llegado desde Tarragona y no entendían que se estuvieran comiendo un animal tan cerca de tanta gente ni que les dijeran que las yeguas estaban vivas.
Los técnicos recelan de los ganaderos. «¿Estaba enfermo el animal antes del ataque?», preguntan siempre. Nadie entiende que se produzcan los ataques. Lo único que recuerdan es que «ahora es el momento en el que paren las ovejas y las yeguas . Y es verdad que después del parto están débiles, pero no podemos estar aquí todo el día mirando a las yeguas y los potros. Ahora, lo único que nos falta es ponernos como los pastores mirando al rebaño, pero no de ovejas, al de las yeguas».
Lo que está claro que cada vez que se produce un suceso como este, no son muchos los baserritarras que optan por llamar al Departamento de Medio Ambiente. Según señalaban «no tiene sentido. Ver cómo has perdido un animal es muy duro, para que luego te vengan a decir que tienes que demostrar que ha sido un ataque».
Esta cuestión y la falta de esperanza de recibir una indemnización provoca que muchos de los sucesos que ocurren pasen desapercibidos por la administración pública. Los ganaderos no dejan de repetir que «se están produciendo casi todas las semanas», pero esa queja sólo es conocida por su entorno.

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