Las mujeres baserritarras apuestan por trabajar en el caserío como opción laboral

En el lento proceso de modernización que se está produciendo en el sector primario, ellas deciden «vivir en y del caserío» El reconocimiento de su trabajo es uno de los grandes retos del sector

 «De sol a sol y los 365 días del año». La jornada laboral de las mujeres baserritarras se resume en esta sencilla frase. Amelia Jauregi, fundadora de EBEL, asociación de mujeres baserritarras, reconoce además que las cosas han variado muy poco desde la llamada revolución agrícola llevada a cabo en el siglo XIX hasta nuestros días, y todavía hay mucho que mejorar.

Jauregi asegura que las mujeres baserritarras se están «haciendo su sitio muy poco a poco» gracias al tesón y al trabajo que se ha hecho durante décadas. «Yo era una niña, pero recuerdo que mi abuela y mi madre hablaban de mujeres que no tenían a su marido en casa y tenían que hacerse cargo del cuidado de los niños, del ganado, de las tierras y del caserío. Y ellas lucharon por sacar todo eso adelante».

Las cosas no fueron más fáciles después. Hace sólo unas décadas «los hombres iban a las fábricas o talleres y el trabajo de los caseríos quedaba en manos de las mujeres. Era habitual que los hombres ordeñaran, cortaran la hierba para el ganado… antes de ir a trabajar y que cuando regresaban después de una dura jornada, que se prolongaba más de las ocho horas, siguieran trabajando en el caserío. Mientras tanto, la mujer hacía frente a todo ella sola, porque hay que dar de comer al ganado tres veces al día, hay 1que ordeñarlo, cuidar las huertas, limpiar las cuadras… Gracias al duro trabajo de ambos, muchas familias guipuzcoanas salieron de situaciones muy duras».

Una elección

Tras esos duros años, en los caseríos se llevó a cabo, poco a poco, la modernización y especialización de las explotaciones y fue entonces cuando muchas mujeres optaron «por vivir en y del caserío». Según Amelia Jauregi, «eso marcó un cambio muy importante entre las baserritarras. Eran ellas las que elegían lo que querían hacer y en nuestro caso, que queríamos vivir de nuestro trabajo ligado al caserío, a la labranza, al campo, a los animales». Además, añade Jauregi, «no hay que olvidar que lo largo de la historia este sector ha estado ligado a los hombres, y sobre todo, la propiedad de los caseríos era de los varones. Eran muy pocas las mujeres que heredaban en propiedad un caserío con sus tierras. También hay que reseñar que todavía hoy en día son muchas las mujeres que no están adscritas a la Seguridad Social y dependen de la de su marido con las consecuencias que ello conlleva, por ejemplo, a la hora de cobrar una pensión de viudedad y otras muchas». En la actualidad, gracias al tesón y «al deseo de continuar con lo que habían creado nuestros padres, hemos apostado por seguir en este sector y hemos trabajado duro para sacar el mayor rendimiento a nuestro trabajo».

Amelia Jauregi es pastora y trabaja en su caserío de Gabiria cuidando del ganado y elaborando queso junto a su marido y su hija. Amelia fue de las que eligieron vivir del caserío. «Creo que primero hemos tenido que aprender nosotras mismas a respetar nuestro trabajo y que después la gente ha empezado a respetarlo. Eso es fundamental, ya que para muchos, lo que hacíamos forma parte de nuestro estilo de vida, y eso no es así. Ser pastor o baserritarra es un oficio tan respetable como otro cualquiera y tan necesario como otros muchos».

Estatuto laboral

Jauregi considera que «la sociedad no reconoce el trabajo que hacemos como algo serio. En mu-chos casos, la gente no considera nuestro trabajo como tal, porque siempre se ha hecho así y creen que forma parte de nuestro estilo de vida. El caserío es una empresa privada en la que trabajamos los baserritarras y, por supuesto, nuestra principal fuente de ingresos. Ingresos que gestionamos pa-ra sacar adelante nuestras explotaciones y de los que, obviamente, salen nuestros sueldos».

«Hay que recordar -prosigue- que no existe un estatuto del trabajador en el sector primario en el siglo XXI. Creo que ya es hora de establecer un estatuto y tener en cuenta nuestros derechos. Tal vez deberíamos empezar por nosotros y después, por cambiar la opinión del resto de la gente. Por ejemplo, hay que dejar de creer que los baserritarras dependemos de las subvenciones y estamos esperando a que nos las den para seguir adelante».

En ese proceso de concienciación, Amelia Jauregi destaca que «tampoco hay que olvidar que la venta de nuestros productos es nuestra principal fuente de ingresos, pero en los mercados nuestros clientes nos dicen que todo está muy caro. En este mercado tan competitivo, en el que los productos de fuera entran con más fuerza que los nuestros, los beneficiarios son los intermediarios y las grandes empresas. Por lo tanto, es cuestión de concienciarse».

Fuente. Diariovasco.com

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