Las anchoas del Cantábrico tendrán DNI

anchoas.jpgEL CORREO – No todas las anchoas son iguales. Y para que nadie tenga la menor duda, el centro tecnológico Azti Tecnalia, especializado en investigación marina y alimentaria, y el Departamento de Genética, Antropología Física y Fisiología Animal de la UPV-EHU han conseguido identificar genéticamente el bocarte del golfo de Vizcaya para diferenciarlo del resto de sus hermanos. La investigación abre el camino a la creación de un certificado que garantizará al consumidor su procedencia, incluso si ha sido manipulada y envasada.

Para lograr el ‘DNI’ del producto estrella de la flota de bajura vasca, los científicos han analizado más de 3.000 ejemplares, tanto juveniles como adultos de anchoa europea -‘Engraulis encrasicolus’- procedentes del golfo de Vizcaya, de los mares del Norte, Adriático, Mediterráneo occidental, así como de las costas de Cádiz, Portugal y Sudáfrica. Tras un exhaustivo trabajo, los expertos han logrado diferenciar de forma concluyente las unidades capturadas en el área conocida como el Arco Atlántico Europeo, la cornisa cantábrica y el Mediterráneo. «Entre las diversas poblaciones de anchoa europea no existen diferencias morfológicas, ya que pertenecen a la misma especie, por eso se ha desarrollado una metodología de análisis molecular basada en el ADN», concluye el estudio liderado por Miguel Ángel Pardo, investigador de Azti Tecnalia y Xabier Irigoien, coordinador del área de Oceanografía Biológica.

El examen permite determinar la especie y el origen geográfico aunque el pescado haya sido procesado. Los investigadores han descubierto las variaciones en las secuencias de ADN producidas por los diferentes nucleótidos o moléculas de los ácidos nucleicos presentes en genoma nuclear y mitocondrial. Así han obtenido un total de 16 variedades con las que poder realizar el test que mostrará el auténtico origen geográfico. La verdadera diferencia radica, según la investigación, en el sabor, textura, olor y color que caracterizan a las del Cantábrico.

«Tanto el consumidor como la industria conservera han apreciado unas características sensoriales de firmeza y sabor ligeramente amargo del bocarte del Cantábrico que hacen que sea muy valorada tanto culinariamente, como en el proceso de fileteado debido a su firmeza y especialmente al intenso sabor que caracteriza el producto final», recalcan desde Azti. El proyecto, financiado por los departamentos de Medio ambiente, Planificación Territorial, Agricultura y Pesca, Industria, Innovación, Comercio y Turismo del Gobierno Vasco, así como por el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA), se encuentra en su fase final de manera que a lo largo de este año estará acreditado.

Artes de pesca sostenibles

El destinatario final de la investigación no es otro que el consumidor que de esta manera conocerá el origen del pescado que adquiere. A pesar de que el año pasado se reabrió la pesquería de la anchoa en el golfo de Vizcaya, después de cinco años de veda, el 83% del bocarte en semiconserva que se vende actualmente en España procede de caladeros foráneos, según datos de la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas de Pescados y Mariscos (Anfaco).

Las importaciones llegan principalmente de Italia, Marruecos, Argentina, Francia y Croacia. Se trata de un producto con gran valor añadido. De hecho, el pasado año, mientras que el precio medio en lonja fue de 2,72 euros el kilo, el de anchoa en semiconserva con aceite de oliva puede llegar a alcanzar los 40 euros por un frasco de 350 gramos. «No pasará mucho tiempo para que las etiquetas comiencen a contener obligatoriamente información genética sobre el producto para mayor tranquilidad de comerciantes y consumidores», avalan expertos en nutrición.

Junto a las cualidades culinarias, los ciudadanos también valoran, cada vez más, el hecho de que la anchoa del Cantábrico sea capturada con artes de pesca sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. «Por ese motivo, también resulta interesante determinar el origen de las capturas», apuntan los investigadores. Los arrantzales iniciarán el próximo mes la campaña de esta especie. La UE estableció una cuota de 15.600 toneladas, el doble que el pasado año, de los que 14.040 corresponden a la flota del Cantábrico.
Los pescadores apuestan por una pesca sostenible y responsable ya que temen que la historia se repita. En la década de los sesenta, la flota de bajura de la cornisa cantábrica capturaba cerca de 60.000 toneladas al año. En 1965, según datos de las federaciones, se llegó hasta las 81.000 toneladas. A partir de entonces, las descargas empezaron a descender de manera espectacular. En los noventa eran unas 30.000 toneladas; de 2002 a 2004 bajaron hasta 10.000 y, poco antes de que la UE optase por cerrar el caladero, apenas se contabilizaban 200 toneladas.

Escriba su comentario