Lakua “replantará” la ley de transgénicos

Deia.com. La Comunidad Autónoma Vasca y sus tierras de cultivo seguirán siendo una Zona Libre de Transgénicos. El Departamento de Medio Ambiente y Agricultura prevé retomar el espíritu del anterior equipo de gobierno para tratar de disuadir a empresas y particulares de plantar especies modificadas genéticamente y de criar animales con pienso de laboratorio. En próximas fechas está previsto que sea elaborado un nuevo decreto que regule este tipo de actividad y el contenido del mismo “recogerá las mismas medidas” que ya existían, avanzaron a este periódico fuentes del Ejecutivo vasco.

De este modo, un gigantesco paraguas legal volverá a cobijar bajo su tela a productores y a ciudadanos, que ya han mostrado en más de una ocasión su expreso rechazo a este sistema de producción. “El trabajo previo ya está hecho”, reconocían desde el departamento que dirige Pilar Unzalu. Aún no se conoce la fecha en que la nueva normativa será tramitada, pero coincidirá con la derogación de la anterior legislación sobre la materia, aprobada hace un par de años.

En cualquier caso, los tres Territorios Históricos de la CAV volverán a decir no a los transgénicos y mantendrán sus métodos tradicionales: abono, agua, sol, paciencia y confianza en la climatología y otras amenazas impredecibles, para sembrar, plantar, recoger, vender y consumir los frutos naturales del agro. “Las explotaciones no están por ello”, resumían desde el Ejecutivo vasco para explicar esta situación. Y es que, este tipo de cultivos cosechan más detractores que bienhechores entre los consumidores y, principalmente, entre los propios baserritarras.

De hecho, según un reciente informe elaborado por el Instituto Manu Robles-Arangiz, la Comunidad Autónoma Vasca cuenta con cerca de 450 zonas libres de cultivos de alimentos transgénicos. Un total de 449 baserritarras e instituciones de Araba (122), Bizkaia (252) y Gipuzkoa (75) se han sumado a esta iniciativa que menciona hasta 72 cultivos en los que no se quieren ni semillas ni contaminación transgénica. Y es que este aspecto, el de la polución, está ya provocando los primeros problemas en algunos países en los que se ha podido detectar la presencia de polen transgénico en muestras de miel.

Precisamente a lo largo de la próxima semana está previsto que sindicatos que defienden los intereses de los agricultores y ganaderos vascos y varias organizaciones ecologistas celebren diversos actos en pueblos y ciudades para reclamar una producción y una alimentación libre de productos transgénicos, a la vez que pondrán sobre la mesa de las instituciones competentes la falta de estudios sobre el impacto de estos organismos modificados genéticamente en la salud humana.

Prohibido prohibir La Unión Europea ya se ha planteado como una de sus máximas prioridades un “sistema más eficaz y preciso” a la hora de evaluar y autorizar los transgénicos, pero insiste en que no quiere “imponerlos” sino que los países tengan más poder de decisión sobre estos productos. Sin embargo, los claroscuros acerca de esta posición son patentes ya que, según indicaban fuentes del Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial, Agricultura y Pesca, “Europa te prohíbe prohibir”. Esta paradoja obliga a las administraciones a adoptar criterios que, sin impedir la aplicación de estos avances de la ciencia a la producción alimenticia, vayan en la línea de desmoralizar a las empresas o particulares que quieran plantar maíz transgénico, por ejemplo. “La orografía nos ayuda a que no haya cultivos de este tipo”, reconocían desde Lakua.

A ello, habría que añadir otro tipo de desalentadoras normas de obligado cumplimiento en materia de seguridad sobre la superficie destinada a este cultivo para tratar de evitar la polinización transgénica de huertas ecológicas o tradicionales; o en el transporte de este tipo de organismos modificados genéticamente. Así las cosas, se impone una distancia de garantía con explotaciones cercanas (y núcleos urbanos) para protegerlas y certificar su inmunidad ante los efectos desconocidos de las semillas modificadas en los laboratorios de alguna de las cuatro únicas multinacionales que controlan este mercado que, año a año, pierde terreno en Europa aunque no en el Estado español.

“El ochenta por ciento de la superficie dedicada a cultivos transgénicos del total de las 94.750 hectáreas transgénicas cultivadas en la Unión Europea está en España”, corroboraban desde el colectivo Ekologistak Martxan. En el caso vasco, únicamente Nafarroa tira del carro del maíz mejorado genéticamente (llamado MON810) con alrededor de cinco mil hectáreas, “un 0,5% de la superficie agraria útil de Euskal Herria” ya que en Iparralde no hay cultivos de este tipo y en Bizkaia, Gipuzkoa y Araba tampoco. En el Viejo Reyno, el Consejo de la Producción Agraria Ecológica ha detectado la presencia de OMG en cosechas de al menos dos explotaciones de la zona.

Versiones originales La comunidad científica insiste en que las alteraciones genéticas en las semillas suponen “un gran avance en el campo de la agricultura. Se podría llegar a resolver el problema del hambre en el mundo”. Mertxe de Renobales, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la UPV-EHU, lleva más de una década defendiendo este tipo de cultivos. A su juicio, “los transgénicos que se comercializan han sido sometidos a una serie de pruebas estrictas y no suponen ningún riesgo para la salud. El quid de la cuestión radica para De Renobales en que “ningún baserritarra se mete a solicitar semejante cantidad de autorizaciones y, encima, a notificar a todo el mundo que cultiva maíz modificado genéticamente para que vengan a quemárselo”.

Patatas, maíz, calabacín, papayas, soja o algodón son los principales artículos transgénicos en el mercado mundial. El último en llegar al viejo continente ha sido el tubérculo con su ADN modificado. Se llama patata BASF y gracias a una alteración de su almidón podrá ser cultivada para producir papel, detergentes, pegamento y otros productos industriales. Ester Montero, agroecóloga de profesión, advertía que “las promesas de la industria fueron acabar con el hambre en el mundo, reducir el uso de herbicidas y pesticidas, pero ni se ha conseguido lo primero ni lo segundo”.

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