La lluvia y la nieve amenazan las cosechas de patata, remolacha y cereal en Álava

logoUAGALas lluvias de primavera retrasaron la siembra y aún no se han podido recoger los cultivos
Los agricultores y ganaderos atraviesan una mala racha por la caída de precios y la dificultad para obtener créditos.

Un panorama tan oscuro como las nubes que desde el mes de octubre han sobrevolado Álava se cierne sobre la agricultura del territorio histórico. La temporada está siendo “muy rara”, según atestiguan los que conocen bien el paño. “Tuvimos una primavera muy húmeda, llegó un verano en el que no llovió pero que estuvo marcado por los cambios térmicos muy bruscos, luego vino un otoño seco hasta que el 27 de octubre se puso a llover y desde entonces no hemos tenido tres días seguidos sanos”, asegura Alfredo Ortiz de Zárate, miembro de la Ejecutiva de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Álava, UAGA.

Las intensas lluvias caídas a lo largo del otoño han complicado las tareas del campo. “Si caen 100 litros de lluvia hay que esperar a que el suelo se macere y eso lleva su tiempo”, señala Ortiz de Zárate. Buena parte de la desgracia asociada al mal tiempo se la ha llevado la emblemática patata alavesa, un cultivo que hace tan sólo 15 años ocupaba 12.000 hectáreas en Álava y que en la actualidad se limita a unas 2.300.

“Tenemos serios problemas porque todavía hay mucha patata sin arrancar, lo cual es un auténtico desastre. Como la primavera fue lluviosa, los agricultores tardaron en realizar la siembra, lo que retrasó el ciclo biológico y la fecha de arranque. A últimos de octubre empezó a llover otra vez y la patata más tardía, la de la zona de Montaña o de Agurain, no se pudo arrancar. Y todavía seguimos a la espera”, señala el portavoz de la UAGA. La extracción de la patata es una labor delicada que exige determinadas condiciones climatológicas y, sobre todo, del terreno. Además, los suelos embarrados por la lluvia no permiten trabajar a las máquinas.

El arranque de la remolacha merece un capítulo aparte, ya que este año también presenta serias complicaciones. Salvo en el sur de Álava, en las zonas de Zambrana y Rivabellosa, en el resto del territorio sigue plantada a la espera de ser recogida y los agricultores no tienen claro cuándo el tiempo se lo va a permitir. Este hecho, unido a la incertidumbre existente en torno al futuro del Grupo Ebro -cuya venta a la British Sugar está, supuestamente, a punto de solventarse- complican el futuro de la remolacha en el agro alavés.

El cereal tampoco lo está teniendo fácil. Exceptuando las cebadas de primavera, el resto, fundamentalmente el trigo y la avena, está sembrado. Para colmo de males, Ortiz de Zárate recuerda que las cooperativas agrícolas alavesas compraron abonos y nitratos cuando el barril de petróleo cotizaba en máximos históricos, es decir, cuando más caros estaban estos productos. El horizonte no se presenta en absoluto halagüeño. “Son compras que se realizan en mayo o junio, con mucha antelación. Si a ello le sumamos que los precios han caído en picado en los últimos meses, la preocupación en el sector aumenta. Tenemos motivos para estar alterados y de mala leche”, apunta el portavoz de los agricultores y ganaderos.

ganadería La ganadería alavesa también tiene su cruz. La lluvia, el frío y la nieve de las últimas semanas ha obligado a llevar a los animales a los establos, con lo que ello conlleva. “El ganado no puede estar suelto en estas condiciones y estabularlo supone más carga de trabajo y unos gastos de comida muy elevados”, asegura Ortiz de Zárate. Con la mirada puesta en el cielo, el representante de la UAGA espera que los próximos meses traigan buen tiempo, paciencia para realizar las labores correctamente y lluvias para la época posterior a la siembra.

Ante este cúmulo de circunstancias, agravado por la dificultad de obtener créditos para la compra de maquinaria o cualquier otro material, desde la Unión de Agricultores y ganaderos de Álava solicitan más “apoyo y sensibilidad” por parte de las instituciones. Una empatía que, en ocasiones, echan en falta. “Los políticos, aunque saquen pecho diciendo que son de pueblo, hablan de suelo, de metros cuadrados. Nosotros, de tierra”, concluye.

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