La falta de bonito precipita el fin de la costera

Arrantzaleak_2007061421330806xm1.jpegEL DIARIO MONTAÑES – «La costera me parece que terminó ya. Saldrán los barcos después de fiestas, pero a dar un paseo», dice AntonioLa costera del bonito puede haber llegado a su fin. La falta de capturas de las tres últimas semanas y la previsión de mal tiempo para los próximos días han tumbado por los suelos el optimismo de los pescadores, quienes continúan sin explicarse por qué los bancos de bonito, que en el mes de junio llegaron a la altura del Golfo de Vizcaya de manera tan generosa, se han negado finalmente a penetrar en las aguas cantábricas hasta los cabos de Peñas (Asturias), Ajo (Cantabria) o Machichaco (Vizcaya), como solían.

La costera ha sido muy buena en el mes de julio, pero mala en agosto, según los entendidos. Ahora, en septiembre, muchos temen que el bonito haya abandonado definitivamente las aguas más próximas al litoral español y que su regreso hasta el otro extremo del Océano Atlántico se haya adelantado en el tiempo.

Los barcos no encuentran el bonito por la mar y, cuando lo detectan, el pescado se niega a comer la carnada. En consecuencia, no pueden pescarlo.

Las embarcaciones de Cantabria que tienen su base en los puertos de Santoña, Colindres y Laredo regresaron a puerto ayer o lo harán en el día de hoy. Los santoñeses, por las fiestas patronales de Nuestra Señora del Puerto. Los de la margen opuesta del Asón, por la previsión de mal tiempo. Unos y otros podrían volver a faenar a partir del próximo fin de semana, pero nadie tiene seguro que merezca la pena hacerlo. Emprender un largo y costoso viaje para buscar un pescado que no se encuentra por ningún lado puede ser no sólo una pérdida de tiempo sino también de dinero.

En tales condiciones, la costera del bonito, la más importante del año para la flota cántabra junto con la del bocarte, podría haber llegado a su fin si, como parece, muchos patrones deciden estos días no tomar parte en una nueva ‘manida’; optan por ‘desarmar’ aparejos y viveros de los barcos; y, en lo sucesivo, se dedican a pescar chicharro, sardina o relanzón con las redes de cerco, en los cabezos situados en las proximidades de la costa.

El muelle, sin movimiento

Día 6 de septiembre en Santoña. Cada año, la lonja santoñesa celebra en esta jornada su última subasta de bonito antes del ‘cierre’ obligado por las fiestas patronales. Suele ser un día de mucho movimiento en los muelles: descargas de bonito, embarcaciones en movimiento, ‘fenwicks’ llevando y trayendo tinas de pescado hasta los camiones… Pero este año el 6 de septiembre es un día de inusual inactividad. Los barcos han venido a las siete de la mañana, pero ‘cuatro’ peces. Ha habido embarcaciones con 70 bonitos, con 30, con 10… El más afortunado ha subastado 4.000 kilos, tan sólo.

La pantalla de las cotizaciones, situada en el interior de la sala de ventas, no es ajena a esta realidad: el bonito se ha pagado ayer en primera venta a razón de 7,80 euros por kilo. El precio se dispara porque no hay bonito y, especialmente, porque todos los compradores tienen en su mente la idea de que no lo habrá, ya, en el futuro.

«Ha sido una costera extraña: buena para los de cacea, regular para los de viveros y desastre total para los barcos pequeños. ¿Motivo? Que el año que viene van como catorce al desguace», dice Javi, un veterano pescador santoñés que en los últimos tiempos ha venido dedicándose a la pesca costera artesanal con una motora, muy cerca de puerto. Los barcos de cacea pescan bonito en movimiento, navegando a velocidades de seis nudos y con los aparejos suspendidos por la superficie. Los de cebo llevan carnada a bordo, paran el barco y ceban el agua para pescar el bonito con caña. Este año les ha ido mejor a los primeros.

«Influyen muchas cosas en la pesca. A los de cacea les interesa que el pescado venga más graneado», añade Javi. Para quienes no ha habido costera ha sido para los tripulantes de las motoras -dos o tres hombres por barco-, ya que, al no haber entrado el pescado en el Cantábrico, sólo han podido faenar aquellas embarcaciones capaces de navegar a 300 ó 400 millas de la costa gallega. Las motoras de ocho, diez o doce metros de eslora no han pescado ni un bonito, ni este año ni el anterior. No han salido a ellos.

Dinero y tiempo

Rubén Trueba es el patrón del ‘Nuevo Libe’. El suyo es un barco de cerco de 34 metros de eslora. Ayer vendió más que ningún otro de la flota santoñesa, pero Rubén Trueba no estaba contento. «Este año, las partijas van a ser la mitad que las del año pasado», asegura.

En la pesca, los tripulantes no tienen un sueldo fijo y las ganancias provienen todas ellas de la venta del pescado. La mitad de su valor es para el armador y la otra mitad para los tripulantes, una vez descontados los gastos del monte mayor, que incluyen las cotizaciones a la Seguridad Social y la manutención a bordo. Este año los ingresos han sido menores y los gastos mucho más elevados, porque los barcos han tenido que desplazarse hasta distancias de 600 millas -a cien de la costa irlandesa- para pescar. Algunos armadores han tenido que hacer frente a pagos de 12.000 ó 14.000 euros para llenar los depósitos de gasoil. Una ruina.

Junto a Rubén Trueba, en la puerta de la bodega se encuentra su yerno, que gestiona un negocio de venta de bonito en fresco por unidades. Lleva varios días cerrado. «Está muy caro. La gente lleva el bonito para embotar y en cuanto pasa de seis euros no lo quiere. He cerrado yo, ha cerrado Peramato y Pali cerrará cualquier día», comenta.

«Es que todo es muy raro. Tropiezas el pescado, pescas 80 ó 100 bonitos y desaparece. Mira lo último: nosotros hemos pescado 4.000 kilos y el barco que estaba al costado nuestro ha pescado diez peces ¿Tú lo entiendes?», añade Trueba.

Muy cerca de él, dos pescadores jubilados escuchan la conversación sentados en sendas banquetas. «La costera del bonito me parece que terminó ya. Saldrán los barcos otra vez después de las fiestas, pero a dar un paseo», comenta uno de ellos. Se llama Antonio y ha sido pescador y luego bodeguero, durante quince años.

Malos indicios

Bernabé, a quien todos llaman ‘Canario’, dice que «ha habido años que se ha pescado más después de fiestas que antes». Pero este año hay malas señales. Desde la tercera semana de agosto, cuando la flota capturó pescado frente a la costa asturiana, a 70 millas de San Esteban de Pravia, al oeste de Avilés, el bonito no ha aparecido ni en los cantiles cantábricos ni tampoco al sur de Irlanda.

Las capturas de julio han sido mucho peores que las de agosto, lo que prueba una menor presencia del pescado. En la venta de Colindres, por ejemplo, se vendieron 400.000 kilos en julio y 190.000 en agosto. En total, 600.000. En Santoña en torno a 700.000 kilos, con una distribución temporal de las subastas muy similar.

Otra mala señal: en los últimos días se han visto bonitos de hasta 30 kilos. Muy grandes. Y la llegada de los grandes ejemplares suele marcar el fin de las costeras.

«Después de fiestas no sé lo que haremos -concluye Trueba-. El viernes lo sabré. Según el tiempo, según lo que esté pasando… llamaré a otros patrones. Casi seguro que me voy al cabezo, a pescar chicharro. A bonito no creo que vaya más».

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