La desinformación interesada al consumidor

OVEJA_NEGRA.jpg La oveja negra. Llevábamos 5 años sin anchoa del Cantábrico, por lo que al abrirse la veda se esperaba que el mercado acogiese la noticia con unos buenos precios: por fin se iba a ofrecer al cliente anchoa autóctona, recién pescada.

Pero las previsiones de los pescadores no se han cumplido en absoluto. Supongo que hay varias razones, pero yo tengo una que quiero compartir con ustedes: comenté hace tiempo en este blog que hace un par de años estuve en el Norte de España, y en todos los restaurantes de zonas marítimas se ofrecía “anchoa del Cantábrico”, y al cliente se le daba casi a entender que estaba recién salida del agua.

Todo el mundo participaba de un semi-engaño en el que convenía la desinformación de un consumidor que volvía a casa y contaba que se había puesto fino de anchoas. De las buenas, de las de allí, que no son iguales a ninguna, por supuesto.

Incluso diría que el propio consumidor con conocimiento de causa (yo mismo) no renunciaba a tomar unas anchoas a pie de puerto, que por otro lado estaban riquísimas. También vi en todas las tiendas de productos delicatessen a las latas de anchoa supuesta y visualmente autóctonas como uno de los principales reclamos.

En fin, nada nuevo, lo mismo que se hace con otros muchos productos. Lo típico. ¿O es que alguien ha tomado alguna vez dorada de piscifactoría? Nadie, por supuesto, si no fuera porque más del 95% proviene de la acuicultura, pero eso es una cosa y otra que el pescadero o el del restaurante lo reconozcan.

Pero claro, una vez que el consumidor entra en el juego y se acostumbra a un precio por lo que considera anchoa del Cantábrico, ahora dile que no, que lo que tomaba era otra cosa y que de esta hay poca y debe pagarla al doble y encima en plena crisis. ¿Cuela? Parece que no, que todos nos pasamos de listos… y al final se te queda cara de tonto.

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