La caza en la Cordillera Cantábrica podría surtir de alimento a 1.800 buitres leonados durante seis meses

buitre_vaca.jpgECONOTICIAS – El buitre es un animal ciertamente dependiente del ser humano. Por su naturaleza carroñera, necesitan fuentes de alimentación basadas en animales muertos y algunas actividades humanas pueden favorecer su supervivencia.

Un estudio de la Universidad de León y de la IE Universidad de Segovia, ha puesto en relevancia la caza mayor para el mantenimiento en la Cordillera Cantábrica de las poblaciones de buitres leonados que habitan sus riscos. Según calculan, la actividad cinegética puede proporcionar alimento hasta a 1.800 buitres leonados durante seis meses.

«A nivel general, los buitres están mostrando declives importantes en muchas partes del mundo, debido al retroceso de actividades humanas como la ganadería», explica Patricia Mateo, la autora principal del estudio. La investigadora del Departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental de la ULE explica que «la caza» puede suponer «una herramienta de conservación» para estos necrófagos. «Hasta ahora se sabía que la actividad cinegética podría ser una importante fuente de alimento para los buitres en algunas zonas, pero no se había analizado en detalle su importancia para la conservación de la especie. Nosotros hemos demostrado y cuantificado esta relación entre el buitre leonado y la caza, en la Cordillera Cantábrica».

A través de un trabajo observacional y de seguimiento de los buitres leonados (Gyps fulvus) que habitan especialmente la parte de la provincia de León de este sistema montañoso, los investigadores, Patricia Mateo y Pedro Olea, han encontrado una correlación significativa con las estadísticas de caza proporcionadas por los gobiernos autonómicos de Asturias, Cantabria y Castilla y León. Los estudios revelaron un fuerte ajuste espaciotemporal entre el área en el que se establecen los buitres leonados y los lugares de caza, especialmente de ciervo común y jabalí. Los científicos observaron que estos animales carroñeros establecen generalmente sus lugares de descanso (dormideros) en un radio de acción de en torno a 3’5 kilómetros de estas zonas con mayor intensidad de caza, en un estudio llevado a cabo en las reservas regionales de Mampodre y Riaño.

La caza puede influir en las especies que se encuentran en la parte alta del ecosistema (los necrófagos) y podría contribuir a la gestión sostenible de las poblaciones de buitres leonados, reconciliando así la caza y la conservación», reflejan los autores en un artículo publicado en European Journal of Wildlife Research. Sin embargo, también advierten de impactos negativos que esta actividad puede conllevar. «No todo son ventajas. La caza puede proporcionar alimento, pero la munición de plomo puede producir toxicidad en los buitres al consumir en los animales cazados», indica Patricia Mateo. De hecho, este tipo de proyectiles están prohibidos en zonas de humedales, por el daño que ocasionan a las aves acuáticas que las pueblan. «Sería necesario realizar análisis de sangre de los buitres para corroborar esta hipótesis», admite la experta.

Abandono de las piezas

Los buitres aprovechan las dificultades orográficas para hacerse con el alimento. En ocasiones, el cazador tiene que dejar abandonada la pieza que ha abatido o bien solamente llevarse un trofeo (por ejemplo, la cabeza y los cuernos del ciervo), debido a lo encrespado del terreno de la Cordillera Cantábrica. Los cuerpos descabezados de los ciervos y las vísceras de los jabalíes constituyen la dieta fundamental durante el otoño e invierno para del buitre leonado, que se ve así beneficiado de la apertura de la veda para alimentarse. A su favor está que «dentro de lo gran dependencia que los buitres tienen de algunas actividades humanas, bajo este sistema de caza el buitre leonado todavía tiene que buscar por sí mismo su alimento». Otras poblaciones de esta especies dependen para su supervivencia de comederos artificiales donde el ser humano deposita el alimento, cadáveres de ganado domestico principalmente.

Los investigadores ya demostraron la importancia de la ganadería trashumante de la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, especialmente en la montaña leonesa, para las aves carroñeras asentadas en este entorno. Los ganaderos abandonan los cuerpos de las reses en los puertos donde subían a pastar en primavera y verano, lo que servía de alimento a los buitres leonados. Sin embargo, la normativa de retirada de los cuerpos de ganado ovino y bovino por la extensión de la enfermedad de las vacas locas (encefalopatía espongiforme bovina) ha reducido esta práctica en los últimos años.

Los científicos creen, además, que caza y trashumancia, «se complementan», en beneficio de los buitres leonados. La apertura de la veda se produce en los meses fríos y, cuando se cierra el periodo permitido de caza, comienzan los ganados a subir a los montes a pastar, ya en los meses cálidos. Estas dos acciones proporcionan una línea de continuidad temporal en los recursos alimenticios para el buitre leonado. Los autores de la investigación quieren, ahora, confirmar esta teoría mediante el marcaje de ejemplares de buitre leonado en el área de estudio.

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