Híbridos al plato

maiz.jpgNOTICIAS DE GIPUZKOA – Euskadi : Zona libre de transgénicos. En la Comunidad Autónoma Vasca, Gobierno y baserritarras coinciden en rechazar los cultivos de alimentos modificados genéticamente mientras estos cultivos se extienden en 114,3 millones de hectáreas de 23 países del mundo. ¿Beneficia o perjudica esta decisión a la agricultura y la alimentación de los vascos?

Ingeniería genética, alteración del ADN, alimentos manipulados, plantaciones artificiales, híbridos… Las definiciones son casi tantas como las opiniones que existen en torno a la conveniencia o no de introducir variaciones en los genes de los alimentos destinados al consumo humano y animal. Así, lo que para unos supone un avance tecnológico, una mejora para las plantaciones, el comercio e, incluso, para la salud, para otros es una aberración de impredecibles consecuencias para el cuerpo humano, un atentado ecológico y el fin de un modo de vida tradicional ligado al campo.

Las técnicas de ingeniería genética consisten en aislar segmentos del ADN de un ser vivo (virus, bacteria, vegetal o animal) para introducirlos en el material hereditario de otro. En el caso de los cultivos, el producto puede, de este modo, convertirse en más fértil, más resistente a las plagas, menos vulnerable a los insectos, más grande… Por ejemplo, el maíz transgénico que crece en el Estado español lleva genes de bacteria que le permiten producir una sustancia insecticida.

Las normativas europeas establecen que los alimentos que contengan más de un 0,9% de componentes manipulados deben portar una etiqueta identificadora. Sin embargo, colectivos ecologistas como Greenpeace alertan de que los transgénicos se utilizan también en los piensos para animales y, por tanto, entran en la cadena alimenticia sin que las familias sean conscientes de que los están consumiendo. ¿Es segura la proliferación de estas sustancias?

el decreto vasco

Euskadi, libre de transgénicos

El anterior Gobierno Vasco se posicionó en el bloque del no a estas técnicas al declarar Euskadi “zona libre de transgénicos” en el año 2007. Sin embargo, se trata de una resolución meramente testimonial, ya que Europa detenta la competencia en esta materia y autoriza el cultivo de maíz modificado. Recientemente, además, el gabinete de Ibarretxe, ya en funciones, aprobó una resolución denominada Decreto Regulador de la Coexistencia de los Cultivos Modificados Genéticamente. En contra de lo que pudiera parecer por su título, el Ejecutivo autonómico asegura que, con esta normativa, revalidan su compromiso con los cultivos libres de manipulación, ya que se “prohíbe de facto” la plantación de especies con alteraciones genéticas en la CAV, debido a las muchas barreras y obstáculos que se ponen a los productores.

Pese a todo, los alimentos transgénicos están en los estantes de los supermercados y, posiblemente, en nuestras mesas. La soja, la patata o el arroz alterado crecen en innumerables campos del planeta, incluidos los de Cataluña, Aragón y Navarra, que cultivan maíz transgénico que hacen las cosechas más resistentes a los parásitos y plagas.

Según sus partidarios, debido a su mayor fortaleza, hacen que sea posible reducir drásticamente el uso de fertilizantes químicos, insecticidas y herbicidas que contaminan suelos y acuíferos. Su mayor rendimiento, además, permite ocupar menos suelo (un recurso cada vez más escaso), bajar los costes de producción y, por tanto, el precio al consumidor.

Pero, como siempre, existe una contrapartida. Se arguyen contra estos alimentos razones relacionadas con la salud, la biodiversidad y el libre comercio, ya que grandes empresas titulares de las patentes de genes modificados aprovechan las nuevas variantes de semillas transgénicas para colonizar mercados.

sindicato enba

La CAV está libre de riesgos

“Radicalmente en contra de los transgénicos por razones posibilistas, prácticas y realistas”. Ésta es la postura que mantiene el sindicato agrario ENBA respecto a la utilización de la ingeniería genética en los campos de Euskal Herria.

El coordinador de este colectivo en Gipuzkoa, Xabier Iraola, asegura que el decreto aprobado por el Gobierno Vasco establece condiciones tan estrictas para plantar transgénicos, que, de hecho, “hace imposible su cultivo”.

La plantación de variedades modificadas requiere del cumplimiento de numerosos requisitos, como guardar determinada distancia de las huertas tradicionales u obtener una autorización por parte de las diputaciones. Para poder emitir o denegar dicha licencia, la entidad foral deberá, además, solicitar un informe previo preceptivo a la Dirección de Innovación y Desarrollo Tecnológico del Departamento de Agricultura. Asimismo, deberá consultar sobre la idoneidad del cultivo a las entidades y organizaciones competentes o interesadas en la materia (como ganaderos, sindicatos agrarios, asociaciones de denominaciones de origen…), además de a los agricultores de la zona, que podrán oponerse y desaconsejar la autorización.

Éstos y otros muchos requisitos se han establecido para “aprovechar los resquicios legales y dificultar al máximo” la entrada de transgénicos en la CAV, según ENBA. De este modo, afirma Iraola, se protege el modo de hacer de los agricultores vascos, “basado en la pequeña producción y fundamentado en la calidad”.

“Nos da mucho miedo esa manipulación genética porque no sabemos a qué nos estamos exponiendo. Además, si plantáramos transgénicos, acabaríamos siendo empleados de las grandes empresas multinacionales que comercializan sus semillas y que acabarían ahogando a los baserritarras”, subraya el coordinador del sindicato.

sindicato enhe

No existe transparencia

El sindicato agrario EHNE coincide en la necesidad de “prohibir totalmente” la introducción de ingeniería genética en los campos de la Comunidad Autónoma Vasca.

En este sentido, Helen Groome, asegura que “existen una serie de riesgos implícitos en los alimentos transgénicos que, en su mayoría, han sido probados”. Así, apunta a la “contaminación de otras especies” naturales plantadas junto a los cultivos alterados que se impregnan de su polen, así como el gradual control del mercado por parte de las empresas que comercializan las semillas modificadas. Además, la agricultora responde a los partidarios de este sistema que “no se ha probado un menor control de elementos químicos en las plantaciones transgénicas, en todo caso lo contrario”.

Pero, lo más alarmante, en opinión de Groome, es la “insuficiencia manifiesta de investigación de los impactos en la salud de las personas consumidoras de comida modificada genéticamente”. A este respecto, la representante de EHNE apunta que “la poca información realmente independiente que existe es preocupante, porque habla de problemas en la capacidad reproductora, cambios en el sistema inmunológico, en el funcionamiento de órganos vitales de mamíferos o aparición de alergias alimentarias”.

El sindicato denuncia, asimismo, la “falta de etiquetado claro” de estos alimentos y recuerda que un total de 28 organizaciones sociales y sindicales vascas entregaron recientemente al Ararteko un informe sobre la imposibilidad de garantizar en un futuro una agricultura y gastronomía libre de transgénicos. Así, trasladaron al Ararteko su situación de “desamparo”, ya que Europa sólo obliga a etiquetar los productos con más de un 0,9% de material modificado.

Ante esta ley, Helem Groome recomienda a las personas “preocupadas” por esta cuestión que consulten la “guía roja y verde de la alimentación” elaborada por Greenpeace, en la que se indica qué marcas del mercado están libres de transgénicos.

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