Ganadero busca futuro

5_arkuma_biski_004.JPGNo es un ‘reality show’. Es la vida real en la que luchan miles de ganaderos alaveses para sacar adelante sus explotaciones sin abandonar en el intento. Porque el premio final nunca es, como en la tele, una importante suma de dinero
 
Dicen que la realidad supera la ficción. Y lo cierto es que ningún reality show puede reflejar la complicada vida de un ganadero. Ni tampoco las satisfacciones que les reportan a todos aquellos que un buen día decidieron volverse locos y dedicar su vida a esta profesión que no entiende de horas, vacaciones ni limitaciones. Un trabajo que exige mucho y, hoy en día, reporta pocas ganancias, lo que está llevando a muchos a colgar el cartel de cerrado por frustración.

Por ello, si un programa de televisión decidiera reflejar su rutina probablemente su cabecera rezaría algo así como Ganadero busca futuro porque las cosas en el sector no atraviesan su mejor momento, aunque la mayoría de ellos no recuerdan demasiado bien la última vez que fue bien. Los fríos datos reflejan la precariedad de la ganadería alavesa que ha pasado de contar con 4.268 explotaciones en 1998 a 3.413 diez años más tarde. Y bajando. Pero, aun así, siguen en la brecha.

Tres profesionales de distintas áreas del sector relatan las dificultades del día a día de su trabajo y señalan directamente a las políticas agrarias europeas como uno de sus principales problemas junto a una mala política de precios y a los beneficios que se quedan los intermediarios y que perjudican tanto al productor como al cliente.

Eva lópez de arróyabe

Vacuno de leche

Cuando Eva López de Arróyabe realizó sus estudios probablemente no pensó que se dedicaría en cuerpo y alma a la ganadería. Pero hace ocho años, llegó su marido y le robó el corazón y las intenciones. Desde aquel día empezó a darse cuenta de que su vocación, como la de su pareja, también estaba en el campo. Y por la pasión con la que esta mujer habla de su trabajo y la relación que mantiene con su ganado, se puede ver que, cuando eligió este camino, no se equivocó. A pesar de que los últimos años pinten bastos para el sector y, en ocasiones, haya que hacer encaje de bolillos para seguir adelante.

Su explotación está en Larrea y en ella ordeña 85 vacas y cría otros tantos terneros. Un montón de hijos, que dirían algunos, a juicio del mimo con que les trata y la veneración con que le responden. Una relación forjada a fuerza de cuidados que luego los empresarios no entienden cuando marcan los precios. “El año pasado alcanzó un pico, pero los costos también subieron. Éste, al cliente no le han bajado el precio de la leche y a nosotros nos pagan 25 pesetas menos”, lamenta.

Es el problema de siempre que está llevando a que el área se quede desierta. “Estamos ante un ERE del sector. Lo que pasa es que nuestra crisis dura 15 años y cada vez va a peor. Los gastos son mayores y la leche sigue igual. De dos años aquí, los ganaderos han descendido y las cabezas también, porque en Álava no somos grandes productores de leche y la ganadería está ligada con la tierra”, explica.

Ella ve muy claros lo problemas que acucian al sector. “El principal es la Política Agraria Común, que quiere liberalizar las cuotas y eso no va con el modelo familiar. Luego, desde las instituciones se llenan la boca de hacer país, pero a la hora de la verdad, no se hace nada. No se cree en la producción de alimentos sino sólo en producir mucho”, señala.

Para Eva, la solución a la mala situación actual pasa “por cerrar el círculo. Yo pondría un precio justo y el cliente no pagaría más. Me sorprende la cantidad de gente que vive a costa de un litro de leche de mis vacas”, reitera. Y es que actualmente cobra sólo un 40% del precio de venta al público, menos incluso de lo que le cuesta producirlo.

Félix ajuria

Ovino de leche

Félix Ajuria trabajó primero como profesor de Física y decidió después unirse a su hermano en el negocio familiar de cabaña ovina en Olaeta. De eso hace diez años y él prefiere sostener una visión optimista del sector que una de lamentos. Con su rebaño de 400 ovejas elabora queso Idiazabal y reconoce que, el hecho de trabajar con esta denominación de origen, le reporta cierta tranquilidad. “Dentro de la situación difícil, veo el ovino como un sector de futuro y oportunidades. Su prestigio le viene por calidad y cercanía. Además, se le puede pagar directamente al pastor sin intermediarios”, explica a la vez que espera que en el futuro cada vez haya más incorporaciones que cierres.

Aunque eso no evita que no haya peligros. “En Álava la presencia del lobo en un hándicap insuperable. También suponen un problema la situación de mercado, la evolución de altas y bajas y la amenaza que suponen enfermedades como la legua azul”, contrapone. Para luchar en condiciones contra esto espera conseguir “una subida de precios y que se marque con las industrias un contrato standard para pertenecer a la denominación de origen”, solicita.

No es lo único para frenar la caída en picado de la ganadería. “La sociedad desconoce los valores del sector primario. Espero que la crisis les haga reflexionar y nos valore como gestor del medio, que además aporta elementos culturales”, solicita.

Iker agirre

Vacuno de carne

Iker Agirre lleva cinco años ocupándose de 70 cabezas de vacuno de carne en un caserío familiar en Legutiano y asegura que “no hay año que no me plantee si sigo. A veces pienso “con lo bien que estaba haciendo otro trabajo de ocho horas”. Pero sigo y no tengo claro que tengamos derecho a quejarnos porque es una decisión personal. No sé cómo será el futuro. De momento esperamos a que llegue el viento a favor porque llevamos mucho tiempo con él en contra”, admite pensativo.

El campo es su pasión y, por ello, no entiende que la gente acuse al sector de quejica . “No pretendemos vivir de ayudas. Lo que queremos es hacerlo de lo que producimos. Nos dan después de que nos han quitado. Nos quejamos, pero estamos desapareciendo y eso es señal de algo”, apunta. Y es que en el vacuno de carne la competencia es brutal. “Hace 20 años se pagaba más por la carne. Ahora se trata de luchar cada día para conseguir un precio digno. No llegar a fin de mes mirando si te llega para pagar las facturas. Y es que la gente, en cuestión de carne, compra precio. No se plantea lo que come”, lamenta.

Por ello, aboga por eliminar intermediarios y señala al posible futuro matadero de Agurain como una buena herramienta de comercialización. Además, admite que esta profesión se viste, de alguna forma, con piel de cordero. “Es muy bonito visto desde fuera. Trabajar con seres vivos es agradecido. Pero la letra pequeña ocupa gran parte del trabajo. Aquí no te metes por dinero sino por vocación. Sabes que son muchas horas y no hay días libres”, confirma convencido.

Aun así a él, como a sus compañeros, le compensa. Y cree que si la gente conociera el campo también se dejaría seducir por él. “Hay críos que no han visto en su vida una vaca y esto es Vitoria. Ven que en el asfalto encuentran todo para vivir. Es una señal de que estamos desligados”. El debe también es de la sociedad.

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