Fitosanitarios en la picota

fletxa.gifLos productores de fitosanitarios, colectivo imprescindible para el sector agrario y el consumo alimentario, se mantienen en tensión ante los previsibles cambios que se van a producir. El pasado junio el Consejo de Ministros de Agricultura adoptó un acuerdo político sobre el futuro uso de estos productos. Una norma que derogará la actual, vigente desde 1991 y que podría reducir a la mitad el número de sustancias autorizadas. La pasada semana el Parlamento Europeo discutió en segunda vuelta dicho documento de cara a un acuerdo definitivo.

Se trata de un mercado que movió en 2007 en España más de 575 millones de euros, 17 millones en La Rioja, un tres por ciento del nacional. En esta región se redujo respecto a 2006 el uso de estos productos, sin embargo, aumentó su valor. Más de la mitad son fungicidas, seguidos por herbicidas e insecticidas.

Los informes del Centro Europeo de Investigación sobre Política Agrícola (EuroCARE) constatan que si esta norma se aprueba el precio de frutas y hortalizas se duplicará. También aumentaría en un veinte por ciento el precio del trigo y la patata, entre otros perjuicios sobre los precios. Serían varios los motivos de esta tendencia alcista, como por ejemplo, las pérdidas de cosecha o el incremento de dosis debido a la adaptación de las plagas por falta de rotación. Esta última consecuencia también va a generar un importante efecto negativo en el medioambiente, algo contrario a los propios objetivos de la norma. La posibilidad de sintetizar nuevas sustancias que puedan ser admitidas no es factible a medio plazo, ya que poner un nuevo producto en el mercado puede llevar entre ocho y diez años, tiempo del que no dispone casi ninguna empresa, tampoco la agraria. En esta línea, la industria fitosanitaria europea y la española, representadas por ECPA y AEPLA respectivamente, han solicitado al Parlamento Europeo y a la Comisión que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) realice una evaluación de impacto.

Pero no se trata solo de un problema que afecte a las grandes explotaciones intensivas. Muchas otras, sujetas a sistemas de explotación conservacionistas, como son los acogidos al modelo de producción integrada, también lo van a sufrir. Los métodos de lucha biológica, ya muy extendidos, son una herramienta más, importante para reducir el uso de fitosanitarios, aunque no la solución. Estos sistemas ya están muy arraigados, pero necesitan completarse con tratamientos químicos que eviten desequilibrios biológicos y el rebrote de plagas erradicadas.

Un productor extracomunitario puede aplicar productos prohibidos en la UE, siempre que no supere un límite máximo de residuos en nuestro mercado. Estos alimentos o producciones pueden ser importados a la Unión, lo que provoca un importante nivel de indefensión en nuestro sector primario, obligado a producir con mayores costes que sus competidores.

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