Euskadi penaliza ya el derroche de agua

fletxa.gifHoy entra en vigor el canon ecológico que recaudará 3,5 millones de euros de industrias y el sector primario
Los domicilios quedan exentos de momento.

La industria, el comercio, los ayuntamientos y el sector agropecuario vasco estrenan el año con un nuevo impuesto en la cartera. Hoy entra en vigor el canon del agua, el tributo ecológico que trata de acercar el precio de este líquido básico a su valor real y, sobre todo, a lo que cuesta captarlo, depurarlo y suministrarlo en óptimas condiciones. El Gobierno vasco, que declinó gravar en esta primera fase a las familias por el uso doméstico, prevé recaudar 3,5 millones de euros este primer ejercicio. Al tratarse de un impuesto finalista, este dinero se invertirá después en las obras de mejora del sistema hídrico de la comunidad.

El canon del agua convierte a Euskadi en una comunidad pionera en el tratamiento fiscal del agua y en intentar poner coto al derroche a través de lo que nunca falla, la afección al bolsillo. El Gobierno vasco ha encargado la gestión del canon a la recién creada Agencia Vasca del Agua, Ura, que trata de quitar hierro al gravamen. «No es una sanción, ni penalizamos nada», explica Tomás Epalza, director de la Agencia. «Es un canon ecológico que nace de la aplicación teórica de la directiva europea y de la Ley vasca de Aguas de 2006. Y con el que se trata de acercar lo que se paga por el agua a lo que realmente cuesta».

El canon, de hecho, no será la única actuación en este sentido. Ura, explica Epalza, tiene ahora en su agenda de trabajo un rediseño en profundidad de la política tarifaria del agua en Euskadi, lo que se llevará a cabo «si no este año, el que viene», indica, con dos objetivos básicos. De un lado, que todos los vascos paguen lo mismo por cada metro cúbico que consumen, lo que conllevará eliminar las actuales diferencias en las tarifas de los consorcios y entidades suministradoras. De otro, revisar si lo que paga el ciudadano llega realmente para cubrir el coste de captación, tratamiento y suministro. De no ser así, como se intuye, habrá que prepararse para un incremento del precio del líquido.

Pero el canon, de momento, no afectará a los hogares. Quedaron exentos por decisión del Ejecutivo vasco, que consideró que la tendencia de consumo doméstico de agua en Euskadi ya es descendente sin necesidad de aplicar penalizaciones económicas. «Los cinco principales consorcios nos dicen que el consumo está entre 122 y 126 litros por persona y día, por debajo de los 130 litros que marcamos como límite para aplicar el gravamen y que se consideran necesarios en cualquier sociedad occidental. La tendencia es positiva y no se precisa, por tanto, gravar a los domicilios». Pese a ello, el Gobierno ya ha advertido de que si el consumo aumenta, el canon puede empezar a aplicarse en el futuro.

Difícil gestión

¿En qué se traducirá el canon? La respuesta es simple: para los sectores concernidos, en un gravamen de 6 céntimos de euros por cada metro cúbico, o lo que es lo mismo, por cada mil litros de agua. Ante el recelo despertado sobre todo en el sector agropecuario, la Agencia ha hecho cuentas. «Los agricultores pagarán 7,7 euros anuales por cada hectárea que destinan a cultivo. Nadie puede decir que esa cantidad le llevará a la ruina», explica Epalza.

La cantidad parece ridícula porque el sector primario puede acogerse a bonificaciones del 95% en la cuantía del impuesto si las explotaciones certifican que siguen catálogos de buenas prácticas y evitan el derroche de líquido. Hecha esta suposición, Ura calcula que recaudará 110.000 euros anuales procedentes de la agricultura y la ganadería. Es una cantidad muy alejada de la que se espera recibir de la industria, el consumidor mayoritario y el más afectado por la regulación.

Las empresas vascas obtienen de la red o directamente de los cauces a través de concesiones públicas 33 millones de metros cúbicos anuales, por los que deberán pagar en concepto de canon 1,2 millones de euros. Se podrán acoger a bonificaciones de hasta el 70% si presentan certificados ambientales «que la mayoría de las empresas ya tiene», matiza Epalza.

El canon, con todo, no será fácil de aplicar. «Requerirá una implantación progresiva», admite el director de la Agencia. Lo fácil será girar el recibo a los clientes de los consorcios y entidades suministradoras. Pero en el mundo industrial y agrícola hay situaciones que regular antes de empezar a cobrar. «Aún queda quien coge el agua directamente del río, sin importar cuánta. En esos casos hay que empezar por el principio: poner un contador para que sepamos cuánto se consume».

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