Europa suaviza la normativa sobre la alimentación de los buitres

aplauso3.gifEL PERIODICO DE ARAGON – Los recientes ataques de buitres a reses vivas en el Pirineo han sacado a luz de nuevo la necesidad de regular las relaciones entre las aves necrófagas, las explotaciones ganaderas y las zonas donde las carroñeras tienen su hábitat natural.

El caso más grave ha sido el que se registró en Santa Cilia de Jaca a fines de abril. Entonces, una bandada de buitres devoró a una yegua y dos potros, uno de ellos recién nacido. Además, una vecina de la localidad dijo que otro grupo numeroso de estas aves se acercó a ella cuando caminaba por la pista que lleva a la aldea de Alastuey.

La DGA mantiene una red de 51 muladares o comederos a los que acuden las aves necrófagas. Pero los sindicatos agrarios opinan que esos puntos a los que se tiran reses muertas resultan insuficientes para alimentar una población carroñera que ha crecido estos últimos años.

Por ello los representantes de agricultores y ganaderos proponen ahora que se aplique en Aragón un reglamento de la UE de febrero pasado, que regula la alimentación fuera de los muladares, es decir, el abandono de cadáveres en medio del campo.

Las organizaciones agrarias UAGA y Asaja en Huesca se han pronunciado claramente a favor de la nueva normativa, pues consideran que es ideal para aplicarse en zonas remotas y de montaña de ganadería extensiva.

“Es sin duda un reglamento muy bueno”, sostiene Álvaro Camiña, biólogo y experto en aves necrófagas. “La Administración tendrá que delimitar las zonas en las que permitirá abandonar cadáveres, pero la vigilancia sobre la presencia de encefalopatías será la misma”, explica.

De hecho, la aparición de la encefalopatía espongiforme bovina o enfermedad de las vacas locas, hace ya más de diez años, obligó a endurecer la legislación de las explotaciones ganaderas, señala Camiña, que ha realizado trabajos de campo sobre las colonias de buitres en la peña Oroel. Desde comienzos de siglo se ha ido creando un sistema de muladares, se han abierto incineradoras y se ha ido extendiendo la recogida de cadáveres en camiones. “Todo ello ha encarecido el proceso de eliminación de despojos y, al mismo tiempo, ha tenido un elevado coste económico y en términos de contaminación”. “No es cierto que los buitres ataquen a las personas”, insiste el experto. “Es más adecuado decir que la gente se asusta cuando los ve en gran número, aunque ellos no tienen miedo de los seres humanos”, subraya Camiña.

Antonio Máñez, alcalde de Santa Cilia de Jaca, es de la misma opinión. “Los buitres no atacan a las personas”, dice. “Y cuando atacan a reses vivas es porque están en condición de inferioridad: enfermas, sin posibilidad de moverse o dando a luz”. Máñez, que es ganadero, está a favor de suavizar las leyes. “Ahora las cabañas están saneadas, muy controladas en lo sanitario, y veo bien que en condiciones concretas se permita arrojar al campo animales que han muerto de muerte natural”, opina.

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