El sos del campo Pesimismo, pero el agricultor sigue “erre que erre”

EscudoNavarra.gifNOTICIAS NAVARRA – Isidro Garbayo (viticultor), Marcelino Etayo (esparraguero), Ioseba Etxarte (cerealista) y Mariado Iturralde (ganadera) decidieron continuar los pasos de sus padres. Su vocación les anima a seguir y luchar, pero todos coinciden: “La globalización nos ha matado”.

Llueve por la mañana y antes de ir hasta la viña de tempranillo que cultiva Isidro Garbayo, en el término Chispera de Cintruénigo, este viticultor y cerealista ecológico de 39 años detiene su vehículo en Los Fieles, en la cuenca del río Alhama para hablar sobre una obra de ingeniería hidráulica que permite distribuir proporcionalmente el agua por tres canales distintos a Tudela, Corella y Cintruénigo. En sus explicaciones omite de qué siglo data, pero menciona a los árabes. “Es una piedra en forma de flecha que divide el agua a partes iguales y favorece el cultivo, principalmente, de vid y olivo, en esta zona de Navarra. De ahí Los Fieles, porque a todas las localidades se les trata de la misma manera al recibir el reparto”, explica Isidro, quien decidió seguir con las tierras de su padre Joaquín y su tío José cuando tenía 30 años. “Soy de vocación tardía”, reconoce este agricultor, con estudios en FP-Maestría Industrial-. “De tornero y fresador pasé a cultivar 30 hectáreas de viñedo y 220 de cereal ecológico”, recuerda el que ahora es presidente de la Cooperativa Cirbonera -desde hace tres años- y vocal del vino en la Junta Permanente de UAGN -desde hace dos-.

“Comencé a trabajar en 2000 cuando el sector del vino entró en una crisis que se ha prolongado durante esta década”, incide. Atrás ha quedado la época en la que un kilo de uva se vendía a 180 pesetas, ahora la media puede estar en las 25 cuando el coste de producción puede oscilar entre las 40 y 45 pesetas. Sin embargo, Isidro deja claro que este precio también varía según la calidad de la uva y de la zona donde se recoja, tanto por debajo de las 25 pesetas como por encima de esa cantidad.

La proliferación de plantación de viñedo, la realización de grandes inversiones en las cooperativas -actualmente hay 28- para modernizarlas y amoldarlas a las nuevas producciones sin diseñar una política comercial idónea para vender ese vino de calidad, la creación de bodegas mercantiles en pocos años -en estos momentos operan 84 en la comunidad- y el cambio de concepto de mercado -de uno local a uno global- han llevado al sector a esta situación. “Los errores del pasado y la nueva realidad nos han enseñado una lección: el agricultor debe ser viticultor, elaborador y comercializador de su vino”, recalca Garbayo.

La competencia de otras regiones españolas y la entrada de marcas extranjeras han obligado al descepe de viñedos para regular el excedente en la comunidad, para lo que se han ofrecido ayudas. Pero, se ha dado la paradoja de que el arranque podía hacer desaparecer hectáreas de garnacha de más de 25 años, variedad referente en Navarra. “Para evitar esto, el Gobierno foral va a otorgar ayudas de 700 euros por hectárea para estas viñas viejas, aunque el arranque también regula el mercado”, reconoce Garbayo.

Todos los agentes del sector apuestan por la DO Navarra, que el año pasado recogió 99 millones de kilos de uva y elaboró 72 millones de litros. Isidro Garbayo menciona el Foro del Vino, donde participan los departamentos de Desarrollo Rural y Medio Ambiente y de Innovación, Empresa y Empleo; el Consejo Regulador de la DO Navarra; Evena; la Cámara Navarra; ICAN; la Asociación de Bodegas; UCAN; EHNE y UAGN. “El Foro ha constituido ya cinco mesas que van a abordar la I+D+i del vino; su comercialización; los acuerdos entre cooperativas y con grandes grupos del sector; los estudios de mercado; y los vinos 3 Riberas, aquellos que quedarían fuera de DO y serían Indicación Geográfica Protegida”, describe. Isidro confiesa que no sabe cuándo se reflejará en el sector los resultados del Foro del Vino; eso sí, está seguro de que los habrá. Él, erre que erre, defiende su profesión porque es más que una actividad, “es mi vida”, concluye.

el espárrago

El oro blanco de Navarra está en peligro de extinción

La lluvia ofrece una tregua, y da paso al sol en Mendilibarri. A 93 kilómetros de Cintruénigo, en esta localidad de Tierra Estella vive Marcelino Etayo, amigo de Isidro y tesorero en la Junta Permanente de UAGN, que se dedica a la producción de espárrago y cereal. Desde hace diez años -tras dejar la construcción-, se decantó por la profesión de su padre Florencio. Cultiva 14 hectáreas de espárrago -nunca antes su familia había plantado el conocido como el oro blanco de Navarra- y 120 de cereal, entre tierras de su propiedad y arrendadas. Las esparragueras tienen una vida útil de unos diez años, una vez que pasa ese periodo dejan de ser productivas, y lo peor, “en esa tierra nunca más se puede plantar espárrago”, cuenta Etayo. Un alimento que la Indicación Protegida lo clasifica como de segunda categoría -de 12 a 16 de calibre- y de primera -más de 16-. Desde una de sus fincas, en El Llano, este agricultor de 46 años analiza cómo vive de primera mano lo que está sucediendo en el sector.

Los 410 agricultores inscritos en la Indicación Protegida, entre los que él se incluye, miran el calendario porque la nueva campaña está a punto de comenzar. Apenas falta un mes para que empieza en la Ribera, y a partir de ahí en el resto de Navarra, para prolongarla hasta junio. Los conserveros ya les han comunicado que este año tienen previsto comprar sólo 1,5 millones de kilos, la mitad que el año pasado. “Nos argumentan que la crisis ha provocado un descenso de las ventas y que tienen un problema de stock en los almacenes. Pero, en 2009, nos compraron tres millones de kilos e importaron seis”, cuenta Marcelino Etayo.

Las reuniones entre productores y conserveros -ahora hay unas 18 empresas que envasan espárrago de denominación- están al rojo vivo -el próximo encuentro será el jueves 4 de marzo-. Mientras tanto los agricultores… “seguimos trabajando, ¿qué vamos a hacer?”, dice con cierta resignación Etayo, que maneja entre sus manos un papel con unas cifras del sector preocupantes: 7.090 agricultores menos y cerca de 6.000 hectáreas menos que hace 20 años. Con este balance, las palabras sobran: el oro blanco está en peligro de extinción, “sin duda”, lo pronuncia convencido de ello.

En la guerra por la rentabilidad del espárrago, “producto estrella de Navarra en los años 80 y 90, que ha sido un estandarte para la comunidad y que nos ha abierto muchas puertas”, repite en más de una ocasión Marcelino Etayo, estos agricultores sólo piden ahora que les paguen el kilo a 2,5 euros, como en la campaña pasada. La media de los últimos años ha estado cercana a los tres euros. Reivindican un precio que creen debe ajustarse a la calidad del producto que elaboran, que “cumple todas las normas de trazabilidad desde que se planta hasta que se envasa”, indica el tesorero de UAGN.

Pero a pesar de la calidad, Etayo reconoce que “el mercado global ha ganado terreno” al productor navarro. “China y Perú nos están haciendo mucho daño: se importa producto que luego el consumidor puede comprar por menos de un euro, pero sin conocer en qué condiciones se ha cultivado. ¿Cómo podemos trabajar con esta competencia desleal?”, remarca enfadado Etayo.

El departamento de Desarrollo Rural no se puede “quedar pasivo ante esta realidad que nos está matando, no sé cómo, pero algo debe hacer: controlar las importaciones, renovar las políticas comerciales…”, envía este mensaje a la consejera Begoña Sanzberro.

Sin embargo, Etayo también cree necesario tener que “educar” a los consumidores, para que aprecien la calidad del espárrago de aquí. “El ciudadano cuando se compra un coche le incorpora todos los accesorios necesarios para que sea seguro y no le importa gastar una cantidad de dinero determinada; en cambio, cuando va a comprar un lata de espárragos mira el precio, cuando al comer un alimento estás hablando de tu salud”, incide este agricultor, a la vez que mira la esparraguera que tiene en El Llano. Junto a estas hectáreas, también tiene otras que acaba de plantar este año, aunque afirma: “Si llego a saber que ahora íbamos a estar así, no lo hago”. Lo hecho hecho está, y Marcelino, erre que erre defiende su profesión porque es más que una actividad, “es algo mío”.

el cereal

Dependientes del precio que se fija para el maíz americano

De nuevo hace acto de presencia la lluvia y en Idoate (pueblo de la Cuenca de Pamplona), a 78 kilómetros de Mendilibarri, Ioseba Etxarte tiene aparcado el tractor en su cochera, junto a la casa familiar (cuya fachada de piedra castigada por los años, refleja las generaciones que han vivido en ella). “Quince días sin poder ir al campo, ¡a ver si cambia el tiempo!”, dice este cerealista, ingeniero técnico agrícola por la UPNA. A sus 33 años es vocal del cereal en EHNE, porque “los jóvenes somos el futuro, y si no nos implicamos, nadie lo va a hacer por nosotros”, recalca. Su padre Pablo le inculcó esta profesión desde pequeño, y con 18 la compaginó con los estudios: el cultivo de trigo, cebada, avena, y como alternativas girasol y guisante. Las 300 hectáreas que trabaja -la mitad en propiedad y la otra parte arrendada- le dan lo justo para vivir.

“El año pasado fue el peor con diferencia por el coste tan elevado de los inputs: el gasóleo valía un euro el litro, ahora está a 0,50 euros; los abonos sufrieron subidas de un 300% y los herbicidas mantuvieron su valor, pero porque los crecimientos ya los experimentaron en años anteriores. En cambio, el cereal se mueve en precios de hace 35 años: por una tonelada de trigo de harina, el agricultor recibe unos 150 euros; por una de trigo para pienso, unos 142 euros; por una de cebada, unos 124 euros; y por una tonelada de avena, unos 110 euros. ¿Qué te queda de margen? En el caso del trigo, por ejemplo, si el coste de producción oscila entre los 110 y 115 euros, y te dan unos 150 por tonelada, te quedan unos 35 ó 40 euros”, explica. Choca que el sector denuncie los precios tan bajos a los que debe vender su cosecha, cuando la Comunidad Foral consume más cereal de lo que produce. “Somos una comunidad deficitaria. Según el Ministerio, en el Estado se consumen unas 35 millones de toneladas, y sólo se produce la mitad”, sentencia. Entonces, ¿por qué esta actividad no resulta rentable? Ioseba Etxarte lo achaca a varios factores, como la de competir en un mercado globalizado donde el precio de los cereales lo marca el maíz americano y el agricultor navarro no tiene poder para cambiar eso; la entrada de producto por debajo del coste de producción -precio que dominan los intermediarios-, “algo que deberían erradicar las Administraciones”; el fracaso de la PAC, y la de sus subvenciones, “se prima al propietario de las tierras, y no al profesional, porque las ayudas se reciben por superficie declarada, no trabajada”; y por la falta de implicación del Gobierno central y autonómico por conservar este sector tan importante para la economía, “países como Alemania y Francia ya se han dado cuenta de la importancia de la agricultura, y la apoyan, algo que aquí no ha sucedido todavía”. Como vocal del cereal en EHNE, Ioseba insiste “en el control de esas importaciones desleales y en la inminente reacción de las Administraciones”. Él no puede asegurar que se jubilará tras una vida en el campo, pero está en EHNE y en su ejecutiva porque erre que erre cree en su sector. “Trabajas en tu medio y contribuyes a conservarlo”.

la leche

Producto autóctono, que da empleo y conserva el medio

El día va cayendo y a las 17.30 horas en el barrio de Igurin (Donamaría), a 68 kilómetros de Idoate, Mariado Iturralde empieza a ordeñar sus vacas -una explotación de cien reses- con su hermano Santiago. Esta ganadera de 46 años, que también acompaña a Ioseba en la Ejecutiva de EHNE, al ser vocal de vacuno, está hasta las 19.00 horas realizando el ordeño (que por la mañana se extiende de las 6.00 a las 7.30 horas). Estos dos hermanos, desde pequeños, han visto cómo su padre Fernando -ya fallecido- y su madre María Eugenia se dedicaban a esta profesión. “Recuerdo cuando las vacas estaban en la cuadra de casa, íbamos a recoger la hierba con rastrillo y los animales que morían se llevaban al monte para que los comieran los buitres”, rememora. Pero, Mariado ha vivido la revolución del negocio: estabulación del ganado (lo hicieron en el 82) e identificación de cada res; construcción de la sala de ordeño y del tanque para la leche (cada vaca puede dar unos 31 litros diarios); la instalación de un depósito para purines; el almacén de hierbas; el reciclado de botes de medicamento y jeringuillas; y el control y la recogida de reses muertas por una empresa privada. “La modernización de las instalaciones ha supuesto afrontar grandes inversiones y producir una leche de calidad extraordinaria; pero…”, recalca.

Este pero se refiere a la crisis del sector, “los ganaderos callan, no hablan ni protestan, eso significa que han tirado la toalla”. Y es que la globalización se ha llevado por delante muchas granjas, “debido a la importación de leche de otros países, que no cumple las calidades que nos exigen a nosotros y porque el mercado lo dominan los distribuidores y los intermediarios, quienes controlan los precios”. El base está entre los 0,28 y 0,31 euros el litro (al que luego se añaden primas si la leche mejora los requisitos exigidos, aunque también pueden sufrir penalizaciones). Este precio base no ha variado mucho “y nos deja escaso margen para afrontar los costes de producción (como la amortización técnica, el sueldo y el mantener el bienestar de los animales)”.

EHNE exige a la Administración un mayor control de las importaciones y del etiquetado. “Es imposible que produzcan con las mismas calidades que nosotros y vendan la leche más barata”, remarca. Y es que “no sólo elaboramos leche autóctona, sino que creamos puestos de trabajo, conservamos el medio y mantenemos vivo el mundo rural”. La misma desaparición de las explotaciones, provoca el éxodo rural a las ciudades y la pérdida de servicios, algo que también denuncia Mariado. “Muchos vecinos de estos pueblos son personas dependientes, y los que tenemos que cuidarlos nos encontramos desamparados”. Ella quiere seguir viviendo en Igurin, y erre que erre insiste en defender su puesto de trabajo. Hay pesimismo en el agro, pero sin luchar no se van a quedar.

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