El milagro de los invernaderos

invernaderos.jpgElmundo.es. Mientras en Kabul y en el norte de Afganistán se concentran decenas de ONG internacionales que trabajan en proyectos de desarrollo y reconstrucción, en Helmand, en el sur del país, las asociaciones extranjeras que operan sobre el terreno se pueden contar con los dedos de una mano.

Hay tres que se dedican a la asistencia médica (Emergency, Médicos sin Fronteras, y el Comité Internacional de la Cruz Roja), y una única, Mercy Corps, que trabaja en proyectos agrícolas, algo que puede sonar a locura en una provincia en la que la mayor parte de la población se dedica a la plantación del opio y donde hasta ahora sólo empresas privadas rodeadas de grandes medidas de seguridad y el denominado Equipo de Reconstrucción Provincial -formado por militares y civiles- se han atrevido a meterse en tal tarea.

El personal de Mercy Corps, además, se mueve por Helmand sin grandes medidas de seguridad aparentes. No necesita ni vigilantes armados, ni vehículos blindados, ni encerrarse en grandes fortalezas. Y de momento nunca ha sufrido ningún incidente, y eso que lleva más de veinte años trabajando en el sur de Afganistán. Empezó en 1988 y, por lo tanto, ha vivido el régimen soviético, el muyahidín, el talibán, y ahora el Gobierno de Hamid Karzai.

Luis Betancur, responsable de Mercy Corps en Helmand, explica en qué radica el secreto: «No formamos parte del conflicto. No somos consejeros de los militares, ni tampoco aceptamos sus fondos de reconstrucción». A esto hay que añadir que la asociación se ha sabido ganar la confianza de la población, consensuando con las comunidades los proyectos que lleva a cabo, destaca Michael McKean, director de programas de la ONG. Y que los resultados saltan a la vista.

Mercy Corps tiene en Lashkar Gah, la capital de Helmand, una escuela agrícola superior con 600 alumnos, a pesar de que en la provincia los talibán se dedican a volar por los aires cualquier dependencia educativa. También ha conseguido abrir un Centro de Innovación Agrícola para formación ocupacional y agrícola, e incluso hacer cursos de inglés e informática para chicas jóvenes.

Tiene granjas de pollos, trabaja en salud animal, realiza obras de infraestructura para mejorar la producción agrícola, -por ejemplo canales de riego-, fomenta la reforestación y el empleo de energías alternativas como la solar, y está revolucionando la agricultura local con el uso de invernaderos.

«Tomates, pepinos y berenjenas», enumera lo que ha cultivado este invierno bajo los plásticos Haji Ahamad Sha, que antes se dedicaba a la producción de opio. Y continúa: «Y ahora he plantado uvas, albaricoques y granadas». Otros agricultores, también con la ayuda de Mercy Corps, se decantan por el cultivo de higos, ciruelas y melocotones. Y todos aseguran que la producción de todo eso es un auténtico milagro, porque les resulta mucho más rentable que el opio.

El responsable agrícola de Mercy Corps en Helmand, Yanagan Safi, argumenta que el precio de las frutas y las verduras es mucho más competitivo que el de la adormidera, y la producción se puede exportar sin grandes problemas. «Ni la policía ni los talibán detienen los camiones en el camino». En la actualidad los agricultores están exportando a Pakistán, y a las provincias afganas de Kabul, Kandahar y Nimroz.

El director de programas de Mercy Corps, no obstante, precisa que no todo es tan fácil. La ONG trabajaba antes en todos los distritos de Helmand, pero desde el 2008, reconoce, ha tenido que restringir sus movimientos por los problemas de seguridad. También aclara que el objetivo de Mercy Corps nunca ha sido buscar cultivos alternativos al opio. «Simplemente mejorar las prácticas agrícolas». Lo pasa es que, vistos los resultados, está claro que una cosa se relaciona con la otra.

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