El mar engulle a ocho marineros en Galicia

lazo_negro.gifUn arrastrero propiedad de un armador de Lugo y con base en Portugal ha pasado de formar parte de la historia sumergida de la costa gallega, con 3muertos 5 rescatadosy 5 marinos desparecidos.

Son las 8.45 del 5 de diciembre. La radiobaliza del «Rosamar», un arrastrero luso de 34,5 metros de eslora construido hace tres décadas que faena en la costa lucense -al amparo del convenio bilateral de pesca España-Portugal- se dispara a 27 millas al norte de Burela, municipio de la provincia de Lugo, y a 24 de la dársena de San Cibrao. Está zozobrando. La última localización comunicada por el barco propiedad de Pesquerías Labayén, del armador burelense José Antonio Labayén, se registra 11 minutos antes. Salvamento Marítimo afirma que, cuando el reloj aún no marcaba las 9, el dispositivo ya estaba montado.

Una hora después fecha el rescate de cinco tripulantes, que deambulaban a bordo de una balsa salvavidas. Otros tantos continúan desaparecidos, y tres son hallados muertos, enganchados a las redes de este pesquero con base en el puerto luso de Leixões, a 4 kilómetros al norte de la desembocadura del Río Duero, limitando con las localidades de Leça de Palmeira y Matosinhos.

Su sede constituye una de las mayores cadenas logísticas de la fachada atlántica de la Península Ibérica, por su ubicación estratégica y la confluencia de poderosas rutas nacionales e internacionales. Trece personas componen la tripulación de a bordo, 8 lusos (cuatro son salvados) y 5 indonesios (se socorre a uno con vida). Los cinco marineros auxiliados son llevados por el helicóptero «Pesca 2» al aeródromo de Alvedro, y desde allí son transportados en dos ambulancias hasta el Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña (Chuac).

Presentan un cuadro de hipotermia, fatiga, golpes y contusiones en el cuerpo.Un arrastrero propiedad de un armador de Lugo y con base en Portugal ha pasado a formar parte de la historia sumergida de la costa gallega, con 3 muertos, 5 rescatados y 5 marinos desaparecidosLos nombres de los portugueses son Luis Olveira, de 42 años; Sergio Silva, de 42; Adriano Olveira Almeida, de 38, y Augusto Baia de Xesús, de 45. El asiático es un treintañero. José María García, gerente del Chuac, comenta que los heridos «presentan un shock psicológico más que problemas orgánicos», y dice que prevé altas tempranas. Se cumple su pronóstico: sólo queda uno en observación durante la noche. La embarcación «Salvamar Alioth», una lancha rápida de 21 metros de eslora, recupera, a las 13.00, uno de los cadáveres.

Las otras dos víctimas mortales siguen prendidas en el aparejo, y son capturadas algo más tarde, a las 14.15 aproximadamente, y trasladadas a tierra, con la idea de que se inicien los trámites para la repatriación lo antes posible.

«Aquí no hay culpables»

Jesús, hijo del fletador, matiza que la dotación es «experta» y agrega que «aquí no hay culpables, es una cosa muy mala y desgraciada para todos». Relata que hubo una confusión con la alerta, ya que en un inicio se pensó que el problema era de otro buque de la misma empresa y con un nombre similar, el «Seiramar», que estaba amarrado. «Pero no hubo retraso», puntualiza, y cita las procedencias de los salvados: Gala (cerca de Figueira da Foz), Murtosa (próxima a Aveiro) y Matosinhos (pegado a Oporto).

La consejera de Pesca, Carmen Gallego, contacta con el Gobierno portugués. La ministra gallega Elena Espinosa telefonea al ministro luso de Pesca, Jaime Silva, que estaba en el Parlamento cuando se enteró de la noticia. El secretario general del Mar, Juan Carlos Martín, desplazado a La Coruña, informa permanentemente al director general de Pesca de Portugal, Eurico Monteiro, de la evolución del suceso.

El operativo movilizado se interrumpe pasadas las siete, para reanudar hoy las operaciones. La poca luz y las condiciones del mar impiden seguir con el rastreo. El avión «Rosalía de Castro» es el primero de los medios aéreos en recibir la autorización para abandonar el servicio. Le siguen el «Pesca 2», el «Helimer Cantábrico», «Shaula», el «Irmáns García Nodal» y el remolcador «María de Maetzu». La Guardia Civil se encarga de la identificación. El «Rosamar» descargaba a diario merluza y chicharro.

ABC

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