El Gobierno vasco reduce a la mitad la separación entre granjas y poblaciones

escudo_gvasco1936.gifEL CORREO – El País Vasco ha perdido 2.000 explotaciones ganaderas durante la última década. Para ayudar a las granjas que han logrado sobrevivir -otras 2.000- y también para fomentar una «agricultura más sostenible», el Gobierno vasco acaba de aprobar una nueva regulación del sector que pretende ser «más realista y clara» en los aspectos técnicos, higiénico-sanitarios y medioambientales. Los sindicatos agrarios Ehne y Enba la consideran «positiva» porque suaviza los requisitos sobre los purines y sobre el número de cabezas permitidas por hectárea que aparecían en el decreto de 2004. Pero están contentos, sobre todo, porque reduce la distancia de las explotaciones agrarias respecto a los núcleos de población, ya sean grandes o pequeños.

Según Ehne, el baserritarra se encuentra cada vez «más desprotegido» en el País Vasco debido a que las comarcas rurales están urbanizándose cada vez más, y los nuevos vecinos contemplan las vacas y los cerdos no como un elemento del paisaje, sino como una «molestia». Hasta ahora, las cabezas de ganado mayor que se podían criar en un caserío, así como la cantidad de estiércol admitida, estaban reflejados en los decretos de 1999 y 2004, dos normas que creaban serios problema en los caseríos, pues sus exigencias eran distintas y, además, nadie sabía con exactitud si había que cumplirlas.

«La confusión también afectaba a los ayuntamientos», subrayan en Enba. El nuevo decreto del Gobierno vasco trata de poner fin a esa incertidumbre, homogeneizando los requisitos que los ganaderos de la comunidad autónoma deberán observar en el futuro. En principio, la separación entre las granjas de vacas y caballos y los núcleos urbanos continuará siendo esencialmente la misma que la establecida durante 2004 (150 metros). Sin embargo, en las zonas rurales -aquellas con más del 90% de la superficie dedicada a la actividad agrícola o ganadera- quedará reducida a la mitad (75 metros).

Ahora bien, cuando se trate de explotaciones de porcino y de colmenas, los límites también se acortarán en los enclaves urbanos en un 50% y un 25%, respectivamente. De esa manera, quien quiera montar una granja de cerdos nueva deberá establecerse a 500 metros de un lugar poblado y cuando se trate de una explotación de abejas, a 300 metros. Otra distancia que igualmente se reduce en las zonas urbanas es la correspondiente a las perreras (de 500 a 250 metros).

En líneas generales, los sindicatos agrarios celebran los cambios del Gobierno vasco. Sin embargo, Ehne censura el distinto rasero aplicado a los ganaderos y a los promotores de urbanizaciones y viviendas, puesto que quienes deben cumplir requisitos son los primeros, pero no los segundos.
«No tiene sentido exigir a una de las granjas actuales que respete una distancia y no impedir la construcción de una vivienda dentro de sus límites», argumentan en Ehne. «Muchas explotaciones -prosiguen en la central- se ven obligadas a cambiar de ubicación o a cerrar cuando no hay opción de movimiento».

Inmediata aplicación

El nuevo decreto de la Administración vasca será de inmediata aplicación en las granjas que se creen en el futuro. No obstante, el Ejecutivo de Patxi López ha concedido diez años para adaptarse a las fincas que ya están en funcionamiento. Según Enba, el Ejecutivo autónomo simplemente ha tratado de aproximarse a la realidad de la actividad ganadera en el País Vasco. Por ello permitirá a los baserritarras amontonar el estiércol sólido al aire libre, una práctica habitual en las granjas que, al final, ha sido legalizada.

No obstante, la Administración autónoma ha puesto condiciones: el almacenamiento sólo estará permitido en las parcelas que vayan a ser abonadas y, además, sólo se autorizará la cantidad necesaria para realizar la operación una vez. Igualmente, y por motivos de salubridad, se ha recortado para la mayoría de las especies ganaderas la capacidad de almacenamiento de estiércol para tres meses. La excepción son los cerdos y los perros.

En cuanto a los purines, se especifican con más detalle las características que debe reunir la zona. La norma de 2004 obligaba a mantener una distancia mínima de 50 metros respecto a los caminos y carreteras. Pero el nuevo decreto distingue entre caminos rurales, por un lado, carreteras locales o comarcales, por otro, y carreteras nacionales o autopistas, por último, reduciendo las distancias en uno, tres y cinco metros, respectivamente. De todos modos, esas condiciones no se exigirán si la aplicación de los purines se realiza mediante inyección al suelo.

Además, los límites serán distintos cuando se trate de edificios y núcleos habitados: 50 y 100 metros, respectivamente, para cualquier tipo de explotación. En este sentido, Ehne critica que las promociones residenciales no tengan que cumplir los mismos requisitos, lo que provoca una «pérdida de terreno» para abonar las granjas.

El Gobierno vasco no ha introducido grandes cambios en la volumetría de las fosas, dejando a un lado las colmenas. El texto reconoce que las abejas son un producto ganadero y elimina un vacío legal que dejaba a los ayuntamientos todo el poder de decisión para aprobar licencias de actividad.

En cambio, explican en Enba, una explotación con menos de 130 colmenas no estará obligada a partir de ahora a solicitar una licencia municipal. Ello permitirá una mayor libertad de movimientos y evitará la pérdida de abejas e incluso de colmenas enteras a consecuencia de la tardanza en la tramitación de los expedientes de los ayuntamientos.

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