El desacoplamiento y la política agraria

Hoy les traigo la nota de prensa de una plataforma formada por la Asociación de Comerciantes de Cereales (ACCOE), la Asociación Española de Fabricantes de Fitosanitarios (AEPLA), la Asociación Nacional de Empresas para el Fomento de las Oleaginosas y su Extracción (AFOEX), la Asociación de Fabricantes de Riegos de España (AFRE), la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE), la Asociación Nacional del Sector de Maquinaria Agrícola y Tractores (ANSEMAT), la Asociación Profesional de Empresas Productoras de Semillas Selectas (APROSE) y la Confederación Española de Fabricantes de Piensos Compuestos (CESFAC). Estas asociaciones reunidas en una plataforma han enviado una carta a la Ministra de Agricultura, Elena Espinosa, pidiendo que no se desacoplen los cultivos herbáceos, la noticia entera aquí

Que el desacoplamiento total es un caramelo envenenado lo sabemos todos. Esta manía de la UE de realizar tal desvinculación es bastante comprensible, acercar los precios internos a los mundiales y compensar parcialmente las rentas perdidas de los agricultores mediante subsidios, desvinculados de la producción, para poder negocia con margen en la OMC, ya que tales ayudas se consideran de la “caja verde”, no distorsionadoras del mercado. Es un paso más hacia el desmantelamiento de la PAC pero encima cargando las culpas sobre el agricultor que, tomando el caramelo envenenado, será el que deba defenderse de las acusaciones que cualquiera con dos dedos de frente le pueda realizar cuando cobre cientos de miles de euros al año, sin contrapartida alguna, simplemente porque tres años de su vida se dedicó a ciertas actividades agrarias.

Un ejemplo bastante claro nos lo ofrece la COAG Salamanca, de forma ciertamente demagógica, en un boletín mandado a todo el censo, en el cual nos alerta de cuál puede ser la justificación de ASAJA Salamanca para apoyar el desacoplamiento. Y para ello exhibe el montante percibido por el presidente provincial de dicha organización en concepto de pago único, más de 55.000 euros. Puesto que sabemos que es agricultor, si se desacoplaran los herbáceos, este señor cobraría un supersueldazo anual, por no hacer nada… ¿Durante cuánto tiempo la sociedad puede permitirse tal despilfarro? Desde un punto de vista economicista, cortoplacista, es lógico que cualquier agricultor prefiera cobrar tal dinero sin tener que alzar, abonar, sembrar, pagar cosechadora, etc., etc., etc. Es que probablemente gane más dinero, sin tener que realizar costes. ¿Pero puede mantenerse durante mucho tiempo tal política? Es obvio que no.

Yo soy partidario de una desvinculación de las ayudas de la producción, pero no de la forma tan descaradamente sinverguenza que se ha propuesto, es obvio. Mi idea es simple, creo en el mercado y por tanto en la autorregulación de la producción y en el precio marcado por la oferta y la demanda. Si bien también creo en cierta regulación que ajuste los descalabros sobradamente conocidos de los precios, tanto por arriba como por abajo, de los mercados agrarios, no hay muchos economistas que disientan sobre tal teoría.

El problema de la regulación es que con tal excusa los políticos tienen en sus manos el sostener los precios agrarios por encima de lo debido para favorecer a las grandes empresas productoras, surgiendo los problemas de excedentes. Situación corriente durante todo el siglo XX. Y la solución dada ha sido bajar los precios y compensar parcialmente la bajada con subsidios. Hasta llegar al desacoplamiento, dar un subsidio fijo y dejar que el mercado se autorregule, eliminando correlativamente los sistemas de intervención. Es una política de acercamiento al mercado, pero perversa, pues supone dinero público para todo el sector, sin tener en cuenta las posibilidades de cada explotación de adaptarse. Como vemos a medida de las grandes empresas, exactamente las que podrían adaptarse a un verdadero libre mercado pero prefieran chupar fondos públicos.

Todo sistema que se acerque al mercado favorece a los mejor posicionados en la carrera de la competitividad, así pues para Vicente de la Peña, aún en el caso de querer seguir en la actividad (dudoso por cierto), es doble la querencia por el desacoplamiento. Por un lado va a cobrar 55.000 euros fijos al año, y por otro lado tiene una explotación bien dimensionada que, en situación de mercado libre, supondría ser incluso rentable y aunque no lo fuera con el dinero fijo del Estado para qué preocuparse. Esa es la verdadera madre del cordero de la petición de ASAJA.

¿Y qué se puede oponer al respecto?

Muy simple. Acerquémosnos a un libre mercado no mediante la desvinculación de las ayudas, si no mediante la eliminación de los subsidios, desacoplados o no, a las grandes empresas que por supuesto no son ATPs. Simplemente porque no los necesitan para nada, no hay ninguna justificación para cobrarlos. Pueden adaptarse perfectamente al mercado, para eso YA son grandes empresas.

Así nos quedaríamos ya con un presupuesto europeo agrario enano, comparado con el actual. Sólo los profesionales de la actividad recibirían subsidios, ese 30% de titulares de explotaciones agrarias. Y después pactemos una sustitución de esas ayudas vinculadas a la producción (distorsionadoras del mercado), por otras destinadas a compensar las externalidades ambientales positivas y favorecer la igualdad de oportunidades que se presenta indispensable en ese verdadero mercado libre tan competitivo, como es el agrario, donde no existe un cierre profesional y cualquiera puede ser agricultor (no hay barreras para la entrada y salida más que la tierra, los productores son muchos y el producto es indiferenciado). En pocos sectores se hace tan imprescindible la idea de tratar desigualmente a los desiguales. Políticas agrarias internas que ya existen en realidad, un ejemplo convincente sería la ayuda a nueva incorporación, por la cual el joven agricultor puede percibir importantes sumas de dinero y cuya única condición exigible es ser ATP durante al menos 5 años. Esa ayuda económica debe destinarse a arrendamientos, compras de ganado, realización de obras, etc.

Si se destinaran todos los subsidios hacia estas figuras de política interna, no proteccionistas, no me cabe duda que a los verdaderos profesionales les importaría un pito la PAC y la madre que la parió. Un engendro que ahora mismo sólo sirve para despilfarrar dinero público (véase la de millonarios que cobran subsidios legalmente ), y mantener puteados a los verdaderos profesionales, que tienen que pelearse continuamente con la burocracia para obtener un dinero público sin el cual sus empresa no podrían subsisitir porque todo el sector está subsidiado, y el que se mueve no sale en la foto. Además tienen que justificarse y encima no llegar a fin de mes…

Fuente. Elagricultorenpeligro.com

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