De peón agrícola a astronauta

LA VOZ DE GALICIA – José Hernández, hijo de campesinos mexicanos y que hasta los 12 años no aprendió inglés, se embarca en el «Discovery»

 
Que dos hombres que se apellidan Hernández y Olivas formen parte de un grupo no es raro. Pero que ese grupo sea el de la tripulación del Discovery sí es un hecho excepcional. Y así es en la misión actual del transbordador espacial de la NASA en la que los hispanos José Hernández y John Danny Olivas son dos de los siete astronautas. José Hernández es un estadounidense de origen mexicano de 47 años.

Su vida podría considerarse igual a la de millones de inmigrantes si no fuera porque Hernández es uno de los poquísimos elegidos que han conseguido viajar al espacio. José Hernández es desde hace poco más de cuatro años astronauta de la NASA y miembro de la tripulación de la misión del Discovery encargada de llevar estos días recambios hasta la estación espacial internacional.

José es el más pequeño de los cuatro hijos de dos campesinos mexicanos, Julia Moreno y Salvador Hernández, que en las décadas de los años sesenta y setenta viajaban con toda su familia entre México y California para trabajar como peones agrícolas. En invierno la familia vivía en el estado mexicano de Michoacán, los hijos iban a la escuela, y los padres, a trabajar. En verano toda la familia se dedicaba a la misma ocupación: durante siete días a la semana, tanto padres como hijos trabajaban como peones en los campos agrícolas californianos, incluido el pequeño José.

En estos días en los que aquel niño que trabajaba por unos pocos dólares recolectando tomates se ha convertido en una celebridad a la que hasta el presidente mexicano, Felipe Calderón, ha invitado a que lo visite en su residencia oficial, Hernández recordaba la dureza de su infancia. Su padre les hacía mirar el campo y les decía: «Si no estudiáis, esto es lo que os espera para siempre». José entendió la lección, y aunque a los doce años aún no hablaba inglés, cuando la familia se asentó definitivamente en California, se aplicó el cuento. Ingeniero por las universidades del Pacífico y California en Santa Bárbara, Hernández es en su primera misión en el espacio segundo mecánico de vuelo, o lo que es lo mismo, el encargado de ayudar al piloto en el despegue y el aterrizaje.

Recientemente, Hernández expresaba su alegría por haber sido seleccionado para formar parte de una tripulación, pero también mostraba su deseo de «pisar la Luna en el 2015». Y es que debía recordar cómo nació en él el interés por convertirse en astronauta. José ha contado que, con algo menos de siete años, se estropeó la televisión y sus hermanos mayores lo pusieron a él a sujetar la antena para que las imágenes fueran más nítidas. José contempló entonces como unos hombres descendían sobre nuestro satélite. Era el 21 de julio de 1969. Armstrong y Aldrin acababan de aterrizar en la Luna. Pero si la experiencia de volar al espacio es completamente nueva para José Hernández, no lo es para el otro hispano de la misión, John Olivas. Este californiano nieto de inmigrantes mexicanos lleva ya más de diez años en la NASA y el actual es su segundo vuelo espacial, así que podrá echar una mano a Hernández en la dura adaptación a la misión.

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