Caridad canina

4269607suicidio.jpegEN BUENA LOGICA – En el barrio donde vivo hay un centro de urgencias veterinarias por donde cada día veo entrar y salir a todo tipo de pacientes caninos, aquejados de diversos achaques, gimoteantes y tristones. Algunos de ellos llevan la cabeza metida en una suerte de cucurucho, como las antiguas bocinas, para no rascarse las suturas o las heridas. Otros salen vendados en brazos de sus amos, gimoteando, ululando sus caninas desdichas. El mendigo del barrio, conocido por sus gestos para ayudar a aparcar coches, asegura que ha visto el quirófano del interior, y que es mejor que el de la Seguridad social, donde le operaron de la vesícula. Este mendigo es un joven quinqui, fue okupa hasta que le quemaron la casa, y para hacerse respetar trata a todo el mundo de señor.

-Una limosnita señor se lo pido para un bocadillo se lo ruego mire que no tengo qué llevarme a la boca.

Cierto día, el mendigo cayó en la cuenta de que la gente no sentía conmiseración de sus desdichas, sino de los perros que salían de la clínica veterinaria. Se agenció un perro con cataratas, esa mirada de vidrio escarchado que produce escalofríos. Lo interesante fue que desde entonces dejó de pedir limosnas para él.

-Una limosnita señor se lo pido para mi perro que le tengo que operar de cataratas y aquí me piden quinientos euros.

Dicho lo cual, el perro, pronto y bien mandado suelta un lastimoso quejido, que cesa con el tintineo de las monedas sobre la mantita del suelo llena de los pelos hirsutos del animal.
La pareja tiene una perfecta compenetración y saca al día sus cincuenta euros libres de impuestos. Y es que el sufrimiento de los animales es algo que nuestra sociedad no permite de ninguna manera. No nos ofende que haya gente sin techo, niños en situación de desamparo, prostitutas con sida trajinando las esquinas, pero esas criaturitas inocentes y fieles, que saben mover el rabito con tanta gracia… que no les falte de nada, por el amor de Dios. ¡Apadrina un perro!

La prueba está en el cine. Podemos ver violencia contra personas, pero es un tabú incluir escenas violentas con animales domésticos, sobre todo perros. Ofende la moral y el buen gusto. Salvo que se trate de una comedia macabra (Un pez llamado Wanda, etc), encontrar violencia contra los animales en el cine americano es insólito. Es un tema que crea auténtica censura entre los guionistas de Hollywood.

Nuestro pícaro, el quinqui del barrio, lo sabe y lo aprovecha. Tras la recaudación, se pasa por un supermercado Día y compra algo de comida para los dos y un brick de Don Simón para regar las penas, que el animal también lame en su escudilla. Para mí que ese chucho ve algo, porque ha comenzado a imitar algunos gestos de su amo. Me pregunto si no será él quien acabará pidiendo limosna para su amo con un conmovedor gemido.

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