Agricultores en peligro de extinción

ENFADADO.gifLNE – «En pocos años esto será un matorral», advierte de los terrenos de cultivo que se ubican dentro de la Reserva Parcial de la Ría de Villaviciosa Eloína García, propietaria de una de las escasas fincas que aún se siembran en Selorio. Argumenta su afirmación aludiendo a las que considera «importantes restricciones a la agricultura tradicional» que se derivan de las medidas de protección del estuario.

García, al igual que otros muchos campesinos de la zona, está desesperada por los ataques de la fauna salvaje, que tanto proliferan al estar prohibida la caza en la reserva, y que ya le han arrasando el 90 por ciento de su plantación de faba y maíz. Asegura que uno de los grandes enemigos de su cosecha es el melandro (tejón) porque se come el maíz y, en consecuencia, estropea la faba, ya que esta planta trepadora se sirve de la primera para su crecimiento. Otro de estos animales temidos es el jabalí. «Donde entra, arrasa», atestigua. Igualmente, al no existir actividad cinegética, los corzos campan a sus anchas y «comen la flor y la guía de la planta» de la faba, lo que provoca la muerte del ejemplar o impide que sea productiva.

La agricultora se queja de las que tilda de «ridículas» ayudas o subvenciones que reciben de la Consejería de Medio Rural en concepto de indemnizaciones porque asegura que ni siquiera sirve para cubrir los gastos de la plantación. Si su cosecha no la echaran a perder estos animales, Eloína García calcula que tendría una producción superior a los cien kilos, reportándole entre los 2.500 y 3.000 euros.

Resalta que este problema está provocando que muchos campesinos dejen sus terrenos al no resultar rentable su cultivo a pesar de la fertilidad de estas tierras al pie de la ría de Villaviciosa. Eloína García lo explica: «El agricultor va desapareciendo por la protección que tiene la reserva y se acaba la agricultura. Estas fincas no cultivadas atraen a bichos que comen las pocas tierras que está cultivadas». Por lo que se queja de que «protegen más a las plantas y a los animales autóctonos que a los lugareños. Quedamos cuatro». Concluye que tiene claro que de seguir esta situación también desistirá de volver a plantar.

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