Adiós a la angula

angula2.jpgLos pescadores de la desembocadura del Nalón temen el fin de una actividad que no gusta en Bruselas y que en los últimos meses se ha mostrado ruinosa para quienes se dedican a ello profesionalmente

«Cada vez tienes que cumplir más requisitos, más exigencias», protestan en La Arena «110 gramos, a poco más de doscientos euros el kilo: veintipico euros por toda la noche. Para mí, se acabó la costera». Con ese ejemplo ilustra Diego Gutiérrez el sentir de buena parte de las decenas de pescadores con licencia de tierra o de motora que van a la angula en la ría del Nalón.

«En toda la costera pesqué algo más de quinientos euros. Y tengo que pagar 180 euros al mes por el seguro, licencia y todo lo demás», añade Gutiérrez acerca de una situación que está llevando a que todos los pescadores se replanteen la actividad de cara al próximo año. En el caso de los pescadores de lancha, la situación no es, ni de lejos, mucho mejor. «El que más, ha pescado 10 ó 12 kilos de angula. Yo he tenido que salir a otras cosas, porque con la costera ni cubres costes», comentaba, por su parte, José Luis Suárez Areces.

Los dos, junto al también angulero de tierra Francisco García, compartieron esta semana café en La Arena para, en vísperas del cierre de la campaña, mañana martes, hacer balance. «Hace tres años te quejabas si pescabas un kilo. Ahora, sales a ver si pillas 300 gramos», apuntaba García. «¡O cien!», recordaba Diego Gutiérrez del resultado de su anterior noche de insomnio.

Los tres coincidían en que se podría estar actualmente ante el final definitivo de la pesca de la angula en las rías del Cantábrico. Por un lado está la escasez de capturas, que no responde a factores simples. «Son muchos. La población de anguila se mueve por zonas muy amplias y llega aquí. Influye la contaminación, el cambio climático, todos los problemas que se puedan dar aquí, y en toda la zona por la que se desarrolla», apunta Francisco García ante el asentimiento de Diego Gutiérrez y de José Luis Suárez Areces.

Por otro lado, Bruselas no está por la labor de mantener mucho tiempo más la pesca de alevines. «Es que en el norte de Europa lo que gusta es la anguila», afirman no sin un cierto tono de sorna. Así interpretan aquí, al menos, la pretensión de la Unión Europea de imponer de forma progresiva paradas biológicas. Para el próximo año, ya se habla de tres meses, la mitad de la costera, algo que los pescadores pretenden reducir a dos meses.

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De lo que no quieren ni oír hablar es de paradas de tres o cuatro años, como la del bocarte, que las consideran inefectivas y que «en el caso de la angula», podría servir de excusa a Bruselas para cerrar de forma definitiva esta pesca. A ello se sumaría además el problema de articular ayudas por el paro biológico y saber si se abonarían a los pescadores de tierra que no dependan económicamente de la actividad pesquera. «No es justo que a mí, que pago la Seguridad Social, seguros, licencias y todos los requisitos que te ponen para poder pescar, no me compensen por las paradas biológicas porque tenga otro trabajo en tierra. ¿Que me quiten la licencia para dársela a alguien que está en paro? No digo nada, pero eso es otra cosa», protestaba Diego Gutiérrez.

Suárez Areces destacaba, por su parte, cómo en los últimos años se ha ido asfixiando la actividad de los pescadores de angula a motora. «Cada vez tienes que cubrir más requisitos, más exigencias, más equipamiento…», lamenta acerca de una serie de gastos que no alcanza a compensar la pesca de la angula, como sí compensaba en años anteriores. Y es que este año, por no haber, no hubo ni compradores japoneses pujando por hacerse con los alevines de angula que en otros años pagaban a buen precio.

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