A la caza del roedor con palos y escopetas

FRESNO EL VIEJO (VALLADOLID).- Mientras los políticos se devanan los sesos para encontrar la fórmula -o un flautista milagroso- para acabar con la plaga de topillos que está asolando los campos de la zona sur de Valladolid, Alvaro García, con tan sólo 11 años, tiene muy claro cómo hay que actuar: «Se les acorrala entre uno o varios y luego, se les pisa o se les da con un palo».

Cada noche Álvaro y sus compañeros de cuadrilla de la peña ‘El pajar loco’ de Fresno el Viejo, uno de los municipios vallisoletanos más afectados por la plaga, sale de cacería y acaba con la vida de 200 roedores. El récord por ahora lo tienen Guillermo y Jairo, con 242 capturas en sólo una noche.«Se ha convertido en el divertimento del verano. Nada más caer el sol ahí tienes a toda la chiquillería en los alrededores de la estación palo en mano, a la caza del topillo», explica el alcalde del municipio Angel Navarro, quien no se cansa de advertir a los niños que no deben coger a los roedores con la mano, para evitar el riesgo de contagio por tularemia.

«Yo cada mañana saco 700 de mis dos hectáreas. Mi cuñado, que tiene 14, saca más de 1.500 a diario. Esto es una exageración. Si nadie hace nada por lo mío, tendré que hacerlo yo», advierte el agricultor Angel Zurdo, antes de asegurar que los pequeños roedores ya le han comido más de 20.000 kilos de cebada.

Mientras los agricultores han agudizado el ingenio y han encontrado en las garrafas de agua una pequeña solución (los topillos se precipitan al interior por decenas), otros vecinos optan por soluciones más tradicionales. «Las cajas de veneno nos duran un día», comentaba ayer Sonia, dependienta del supermercado de la Plaza Mayor de Fresno. «Antes de anoche, con una escopeta de perdigones, nos entretuvimos matando a 72 topillos», relata la dependienta, apuntando que este año «no hay huertas en el pueblo».

No hay huertas, pero sí emoción. Sobre todo, por las noches en la terraza de la plaza, cuando al paso de los topillos las mujeres no dudan en subierse a las sillas de las terrazas. «El otro día se subieron de un salto dos, pero hace 15 días, fueron cuatro o cinco las que pegaron el brinco», relataba ayer Sonia, comentando la jugada con Silvia Quintana, vecina de Gerona que durante estos días pasa unos días de vacaciones en Fresno.

«Miedo no. Lo que dan es asco. El otro día vi uno espachurrado que, por culpa de las moscas, estaba en los huesos», explicaba Silvia antes de comentar que su hijo David, de seis años de edad, vivió con regocijo en Fresno la pérdida de un diente de leche: «Al día siguiente, sorprendido por los regalos que le había dejado el Ratoncito Pérez, dijo: «Claro, es que en este pueblo hay muchos ratoncitos. Mira, ya se me está moviendo otro».

A las ocho de la mañana y como cada día desde que comenzó este aciago mes de julio, los tres operarios del Ayuntamiento cogen sus carretillas, monos y guantes y acuden al parque que hay junto a las piscinas municipales para comenzar su recogida de pequeños cadáveres. Una labor que en los días más calurosos se hace más costosa por el olor a descomposición que desprenden los miles de animales amontonados, que posteriormente son enterrados con cal viva.

La presencia de los roedores ha obligado al Ayuntamiento a convertir la piscina municipal en un verdadero búnker. Una fosa de reducidas dimensiones rodea el perímetro de la instalación. La verja exterior ha tenido que ser reforzada y, ya dentro del recinto, el vaso de la piscina ha sido también vallado a conciencia para evitar los chapuzones los topillos.«Es que se meten por los huecos como rayos», asegura Urbano Martín, otro de los agricultores que, muy a su pesar, está alimentando la plaga: «Ya me han quitado 15.000 kilos de cebada bien a gusto». «Ni los más viejos del lugar han visto algo igual», lamenta Urbano a la puerta de su garaje, junto a los dos perrillos que «son capaces de cazar 200 topos en una mañana».

El pasado martes, la Junta de Castilla y León comenzaba a aplicar en la localidad vallisoletana de Villalar de los Comuneros algunas medidas contra la plaga, que ya se habían probado antes en Fresno, especialmente la utilización de venenos en tubos huecos para evitar la muerte de otros animales. Pero casi todos los agricultores coinciden en que el uso del veneno y la quema de rastrojos, prohibida por riesgo de incendio por el gobierno regional, serían los mejores métodos para erradicar a la plaga.

Una plaga trae otra plaga. «Nunca se habían visto estas moscas tan grandes», afirman las vecinas. Además de los roedores, hay que soportar la presencia de moscas verdes, denominadas también ojos de oro, que se alimentan de los cadáveres de los roedores. El alcalde, desesperado, utiliza su sorna para apuntar una solución: «Voy a empadronar a los topillos, a ver si así, aumentando el censo, la administración regional nos hace algo de caso».

Fuente.elmundo.es

Una respuesta to “A la caza del roedor con palos y escopetas”

  1. elhuertodejulian Says:

    Si la naturaleza ha sido la que ha provocado que exixta esta cantidad de topillos, ha de ser ella quien les elimine de los campos cuando llegue el invierno. Los agricultores deben de solicitar indemnizaciones por los daños sufridos (sin pasarse) y esperar al invierno para que desaparezcan los topillos naturalmente SIN ENVENENAR LOS CAMPOS QUE SON DE TODOS.

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