A la caza de los cormoranes

Gd_cormoran_etendant_ses_ailes.JMFivatLa Guardería Forestal ha abatido esta temporada a la mitad de la colonia de aves marinas que invaden los ríos del Bierzo
  
Han pasado de ser depredadores del mar a competir con los pescadores por las truchas de los ríos. Pero los cormonares, una especie de ave que está cambiando sus costumbres y pasa los inviernos cada vez más alejada de la costa, han encontrado en la Guardería Forestal un formidable enemigo. A punto de concluir el invierno, y con los también llamados cuervos marinos a punto de volar hacia las aguas del Mar del Norte, los agentes forestales han abatido en el Bierzo medio centenar de ejemplares para defender tramos de los ríos Sil, Cúa y Burbia de su voracidad. La cifra supone prácticamente la mitad de la colonia de cormoranes que la Guardería estima que anidan o vuelan hacia los cauces fluviales de la comarca en busca de alimento.

Abatir un cormorán, especie que se ha multiplicado en los últimos años hasta convertirse en una amenaza para la fauna fluvial también en el Bierzo, no resulta fácil. Es necesario orientar a la bandada hacia la posición de un tirador experto, que a lo sumo, tendrá tiempo de derribar tres o cuatro ejemplares al vuelo por batida. Se trata de aves esquivas para los tiradores, y una seria amenaza para las truchas porque son capaces de zambullirse en el agua durante más de un minuto y llegar a diez metros de profundidad en busca de peces. «Nos las cepillan todas. Hace cinco años que lo venimos notando», se quejaba ayer el secretario de la Sociedad de Pescas Burbia, Julio Álvarez.

Aunque los cormoranes son una especie protegida, la proliferación de aves ha llevado a la Junta de Castilla y León a autorizar las batidas para controlar su población. Si en lugares como Escocia, el cormorán amenaza la pesca del salmón, en el Bierzo, las bandadas aparecen en el entorno del río Sil junto al monte Pajariel, en Ponferrada, en Villaverde de la Abadía, en la desembocadura del río Cúa con el Sil, en las márgenes del mismo río en Cacabelos, o en la presa del Pelgo, en el río Burbia a su paso por Villafranca. El único consuelo para los pescadores de truchas es que en todos esos lugares, los agentes forestales de la Junta tiran a dar.

Fuente. Diario de Leon

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