¿Es una ruina ser agricultor?; por Jesús Fonseca

LA RAZON – ¿Se van  a corregir, por fin,  los desequilibrios en la cadena agroalimentaria, para que agricultores, ganaderos y hortelanos, se vean recompensados como merecen? ¿Está el nuevo gobierno de España decidido a fortalecer al productor y vigilar, de una vez por todas,  la cadena de distribución? Parecería que sí. Que esta vez va en serio. Me cuentan que Miguel Arias Cañete tiene a medio Ministerio extenuado para que muy pronto esté elaborado el más ambicioso plan concebido hasta la fecha, con un solo objetivo: acabar con la obscena brecha que separa lo que perciben los agricultores por sus productos y el precio que pagamos los consumidores.

Todo el mundo sabe de la   abusiva cadena de intermediarios y poderosísima red de distribución, a cuyas manos va a parar el valor añadido del producto en tan accidentado recorrido. Un secreto a voces que ahí sigue, por más obscena que la situación sea. Pero veamos: a nadie se le oculta, a estas alturas del paseo, que los intermediarios son  imprescindibles. Sería un error cargar contra ellos y convertirlos en chivo expiatorio. Lo que dice el buen sentido  es que el intermediario es necesario. Pero que urge acabar con cualquier privilegio y abuso en los pasos intermedios del proceso productivo.

Dice también el buen sentido que  el campo tiene que profesionalizarse más e ir hacia las las explotaciones de mayor tamaño. Hacia cooperativas con músculo, para negociar en pie de igualdad con las poderosas redes de distribución. Sería deseable, en fin,  que ese plan  tuviera como prioridad ordenar en tiempo y forma a  productores, fabricantes y distribuidores, para evitar que favorezcan a una parte y perjudiquen a otra y seamos los consumidores, como casi siempre,  los más lastimados.

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