«Hay menos mafias», dice la Ertzaintza

logo_ertzaintza.jpgLos agentes de la Ertzaintza de la Comisaría de Laguardia son los primeros que cada mañana miran al cielo en tiempo de vendimia. «Si el día es bueno sabemos que habrá tranquilidad. todo el mundo está en el campo. Si llueve varios días seguidos, habrá jaleo y peleas», relata el subjefe de la Comisaría, Iñaki López. Un refuerzo de la plantilla, un control riguroso de horarios de los bares y una estrecha coordinación con agentes contratantes, como el sindicato UAGA, forman parte de la prevención para que la Rioja Alavesa no pierda ese carácter de zona tranquila que ostenta. «Siempre hay algún incidente porque la población aumenta estos días geométricamente y el riesgo crece», señala el ertzaina.

La Policía autónoma considera que el golpe que sufrieron las mafias portuguesas durante el pasado mes de abril ha hecho disminuir este problema durante la actual campaña, «aunque ya hemos visto a uno de los acusados andar libremente por la zona de Moreda», señala el subjefe de la Ertzaintza. López asegura que algunos agricultores facilitan esta actividad ilegal al negociar «con los intermediarios y hacer la vista gorda».

La Policía cree, como la UAGA, que la contratación en origen -unos 500 este año de los 2.500 que se suelen necesitar- rebaja cada temporada el problema. Una novedad es que ha venido medio centenar de rumanos. Pero con la crisis en la construción aparecen nuevos candidatos. Entre ellos, subsaharianos, un grupo muy poco habitual. «Se ha notado que hay más mano de obra ofreciéndose, pero en la Rioja Alavesa lo tradicional es contratar a grupos y familias que llevan muchos años. Tú los conoces y e-llos te conocen», comenta José Antonio Ugarte, de la UAGA. De hecho, este viticultor de Laguardia contrata a un colectivo de vendimiadores portugueses desde hace casi veinte años. Durante dos semanas vivirán en una casa y en un almacén dotado de ducha, baño y cocina equipada. La media que cobran es de unos 65 euros al día con seguros, casa y gasolina. José Luis de los Ángeles, uno de los vendimiadores procede de Macedo de Cabaleiros. Tiene 31 años y está contento de trabajar así. «Venimos en primavera aquí también y el resto del año vamos a la aceituna y a las castañas», cuenta.

Caravanas

En Samaniego, Remírez de Ganuza contrata a José Jerónimo y a su amplia familia desde hace dos décadas. Son también gitanos portugueses, pero no quieren un local para refugiarse estos días como se les ha ofrecido. Son feriantes y disponen de sus propias caravanas. Sólo necesitan un espacio para acampar en una finca dentro del pueblo.

En el albergue de Leza vive una treintena de magrebíes. Alguno admite que todavía no ha encontrado el trabajo que viene a buscar, pero considera «dignas» las instalaciones.

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