«Dono leche para no tirarla»

Leche_20aumento.jpgUn ganadero de Villaviciosa se deshace de mil litros diarios por falta de comprador y se ofrece a alguna entidad benéfica.

Es el alimento por excelencia, el más completo. Uno de los pocos que quita hambre y sed. Para incitar a su consumo, las mejores modelos se han dejado bigote y los peores famosos se han desnudado, protagonizando tantas y tantas sesiones fotográficas en balde. Tantas campañas de concienciación que ahora, en Argüero, se van por el desagüe. Al menos, eso debe pensar Diego Cueto, un ganadero maliayo que se ve obligado a tirar cada día más de mil litros de leche.

Por eso, quiere dirigirse a todos los asturianos. Por el simple y desinteresado «dolor de corazón que me da tirarla». Desde hoy y hasta el 1 de agosto ofrece «más de 1.000 litros de leche diarios a quien los quiera». Sólo tiene que pasarse por su explotación, la Ganadería Cuatro Caminos (Cuatro Caminos, número 1, Argüero, Villaviciosa) y recogerlos. «Antes de continuar así, prefiero que alguna organización benéfica aproveche la situación», argumenta.

Todo comenzó cuando Diego decidió vender su ganadería, de la que aún se hace cargo. Su comprador, el nuevo dueño, decidió «dejar la empresa a la que se la vendíamos hasta ahora y buscar otra que recoja nuestra leche» para comercializarla. Pero no fue tan fácil.

Según Cueto, «los ganaderos sufrimos el monopolio y los pactos entre las grandes empresas que se encargan de comprar leche en Asturias. Tienen una especie de pacto de no agresión, para que no haya competencia y no suban los precios». Esa es la razón, defiende, «de que nos haya costado tanto encontrar a alguien que quiera comprárnosla. Nadie quiere enemistarse con nuestros anteriores clientes».

Hasta el 1 de agosto

Ahora ya ha solucionado el problema. Ha encontrado una marca vasca que se hará cargo de todo el líquido que produce. «Pero no comenzarán a venir por aquí hasta el día 1 de agosto», reconoce. Y eso supone tirar casi 5.000 litros de leche más.

Diego Cueto aún no entiende cómo ha podido verse envuelto en esta situación: «Es impensable deshacerse de un producto como la leche, con el coste que tiene». Y no se refiere sólo a que sea «uno de los más básicos, completos y alimenticios». Sino a «lo que cuesta su producción».

Sólo espera que «alguna organización se haga cargo» y dejar así de observar cabizbajo cómo litros y litros de leche caen de las ordeñadoras directamente al suelo. Y con ellos, todo el trabajo, el esfuerzo y tesón del ganadero maliayo. «Estoy no hay quien lo entienda», concluye resignado. No tiene alternativa.

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