«¿Y esto se puede comer?»

Dicen en el sector ovino que ‘a perro flaco, todos son pulgas’. Describen una situación en la que los gastos en alimentación (¿lo que cuesta el pienso!) se han disparado, la leche «se paga mal» y los corderos «cada vez peor». «Y ahora la lengua azul, lo que faltaba». Baserritarras y pastores viven con mucha preocupación los avatares de esta enfermedad puramente veterinaria que ha traspasado el ukullu (establo) hasta llegar a los mostradores de las carnicerías, donde los clientes comienzan a mostrar sus reticencias. Algunos de los afectados directos e indirectos analizan la situación y alzan la voz para repetir, una vez más, que esta enfermedad no afecta a las personas y que el consumo de carne o leche no entraña ningún riesgo.

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Carniceros. Superaron el mal de las vacas locas, la gripe aviar y ahora los clientes comienzan a preguntar sobre la lengua azul. «Sí se nota. Cuando estas cosas salen tanto en los periódicos, en la radio y en la televisión se crea un alarmismo que al final afecta al consumo», se lamenta Bittor Lizarribar, presidente de la Asociación de Carniceros de Gipuzkoa. Según han podido apreciar en el sector, los clientes «se quedan con el titular», por lo que muchas veces manejan información errónea, «así que habrá que repetir mil veces que el consumo de carne y leche de vaca o de oveja no supone ningún riesgo para las personas».

Este carnicero de Oiartzun, donde precisamente se detectó el primer foco de la enfermedad, defiende al gremio señalando que en su caso «la situación es mejor, porque se establece una relación de confianza con el cliente, vínculo que no existe, por ejemplo, en las grandes superficies. Aquí podemos resolver cualquier duda y acreditamos la calidad de nuestros productos».

Así y todo, Lizarribar reconoce que estos brotes afectan más a los ganaderos que a los carniceros. «No están pasando una racha muy buena».

ENBA. «Es el turno de los veterinarios», dice Mikel Arteaga, presidente del sindicato agrario ENBA, en referencia a la aplicación de la vacuna contra la lengua azul. «Deberían conseguir las dosis y vacunar la cabaña cuanto antes», aconseja Arteaga, quien se muestra partidario de adoptar medidas de control en estos casos, aunque cree que la orden foral «es excesiva» en cuanto a la inmovilización total de la cabaña y cree que se deberían admitir algunas excepciones, «eso sí, bajo la supervisión siempre de los veterinarios».

Arteaga confía en que los primeros fríos acaben con el mosquito que transmite la enfermedad – «si hubiese ocurrido en primavera…»-, y cree que la lengua azul, que afecta especialmente a las ovejas, «es un desánimo más para los ganaderos del sector, que se están enfrentando a muchas dificultades». Desde la central agraria reiteran que toda la carne destinada a consumo «supera unos controles» muy estrictos «por lo que los clientes deben estar tranquilos».

D.O. Idiazabal. «Quizás se pierda algo de producción porque haya menos leche, pero la calidad y la seguridad están garantizadas», asegura José Mari Ustarroz, presidente de la Denominación de Origen Idiazabal. La preocupación sobre la crudeza con la que la lengua azul está afectando a las ovejas es muy honda entre los pastores. Jesús Ansola, del caserío Mausitxa de Elgoibar, es uno de ellos. Nos atiende por teléfono desde el monte Izarraitz, donde pasta buena parte de las 700 reses que completan su rebaño. «De momento, nadie nos ha dicho qué tenemos que hacer. Se está hablando de una vacunación general… habrá que ver». El último ganador del campeonato de quesos de Ordizia se solidariza con los afectados y confía en que el brote «se frene cuanto antes» y no se extienda más.

EHNE. Eneko Karrera, portavoz del sindicato agrario EHNE, teme que la enfermedad afecte a la rentabilidad de los caseríos afectados, tanto por la disminución directa de la producción, por las limitaciones de comercialización así como las reticencias de los consumidores, por lo que espera que la Administración, «además de aplicar la normativa, tome las medidas oportunas» para compensar las pérdidas. Desde el sindicato subrayan que comer productos de una granja en la que ha habido algún caso positivo «no supone ningún riesgo».
Fuente. Diariovasco.com

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