DISCURSO SOBRE AGRICULTURA DEL PRESIDENTE REPUBLICA FRANCESA

Leedlo no tiene desperdicio…..es un discurso de Nicolas Sarkozi sobre agricultura, leche…y las medidas adoptadas por Francia.

“UN NUEVO FUTURO PARA NUESTRA AGRICULTURA”
DISCURSO
DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,
NICOLAS SARKOZY
(Poligny, 27 de octubre de 2009)

Al tomar la palabra ante ustedes hoy, quiero demostrar la solidaridad de la Nación francesa con el trabajo de los agricultores franceses, de sus parejas y de sus familias. La crisis que vive la agricultura es totalmente excepcional, puesto que todos los sectores agrícolas están afectados por la caída de los ingresos. En esta hermosa región de Poligny, los policultivos y la ganadería viven por primera vez una crisis que afecta a todas sus producciones.

Tengo presente el sufrimiento de los criadores de cerdos que no pueden reembolsar las anualidades de sus créditos, la protesta de los productores de frutas y hortalizas que no pueden obtener más créditos para sus próximas temporadas de cultivo, la desesperanza de los
productores de leche que trabajan día y noche sin recibir un salario, la desesperación de los
viticultores y de los productores de carne o de cereales que hoy no pueden pagar sus tasas.
Esta crisis afecta al primer sector industrial de nuestro país cuyo volumen de negocios anual
alcanza los 163.000 millones de euros, muy por delante del sector automóvil. Afecta a 1,6
millones de trabajadores en activo y a 3,6 millones de pensionistas en todo el territorio.
Ningún sector está a salvo, ninguna región está protegida.

Esta crisis afecta al corazón de nuestra sociedad y daña a un sector estratégico que
constituye un elemento absolutamente indispensable de nuestra identidad nacional. Esta crisis
afecta a los valores de nuestra agricultura, de la ruralidad francesa, del trabajo y de la
recompensa.

La crisis que vive todo el sector agrícola no es una mera crisis coyuntural cuyas trazas
podrán borrarse rápidamente. Esta crisis es estructural. Por tanto, debemos afrontarla de forma
frontal, sin mentir. Esta crisis no debe incitarnos a esperar, debe incitarnos a actuar
rápidamente y con fuerza. Porque la crisis no tiene precedentes, nuestra respuesta también
debe conllevar un cambio sin precedentes. No debemos conformarnos con intentar superar
con mayor o menor éxito un período difícil.

Debemos ser ambiciosos, hacer gala de imaginación y audacia.

En primer lugar, la crisis pone de manifiesto una falta de regulación europea y mundial
a la que debemos responder con urgencia. En segundo lugar, pone de manifiesto fallos
nacionales reales en la distribución del valor en nuestros sectores agrícolas. Entre septiembre
de 2008 y septiembre de 2009, el índice de precios a la producción de productos agrícolas se
contrajo un 20%. En el mismo periodo, el índice de precios al consumo de productos
alimentarios bajó un 1%. Nunca había habido una diferencia tal. ¡Es inaceptable! Esta
diferencia pone de manifiesto una distribución desigual del valor añadido en los sectores y
pone en peligro nuestra producción alimentaria.

Ante esta crisis sin precedentes, les propongo un nuevo impulso para la agricultura
francesa basado en la estrategia siguiente:

- puesta en marcha de un plan de financiación ambicioso para la agricultura en
Francia.
- nueva regulación de la agricultura y del sector agroalimentario en Europa y en el
mundo.
- continuación de la modernización de nuestra agricultura para preparar la PAC de
2013.

***
Nuestra primera respuesta será poner en marcha un plan de financiación ambicioso
para nuestra agricultura.

No podemos esperar, soy perfectamente consciente de ello. La crisis, hay que
controlarla o padecerla. Hemos optado por controlarla. Me niego –que estas palabras sean
claras y que todo el mudo las oiga– a que la crisis se lleve por delante la agricultura francesa.
No he venido a anunciar un plan de subvenciones opuesto a las reglas europeas que
habrá que reembolsar dentro de 10 años. Eso ya se lo han propuesto, no cuenten conmigo para
ello. Cuando se respeta a las personas, no se les miente. No les mentiré.

Tampoco he venido a proponerles que nos pongamos de acuerdo sobre un sistema de
precios para la carne o la leche que obligaría a algunos sindicatos a pagar dentro de 10 años la
factura de la demagogia, porque entonces el despertar sería brutal.

He venido para proponer un plan de apoyo excepcional y sin precedentes para nuestra
agricultura que incluye 1.000 millones de euros de créditos bancarios y 650 millones de euros
de ayudas excepcionales del Estado.

Por tanto, vamos a conceder antes de finales de este año 1.000 millones de euros de
créditos de tesorería, de consolidación o de restructuración de deudas para que todos los
agricultores en dificultad puedan sanear su tesorería de 2009 y realizar de inmediato las
inversiones necesarias para las próximas temporadas. Gracias a estos créditos, se podrá
disponer de un plazo de un año y el Estado aportará 60 millones de euros para bonificarlos.
Mediante este apoyo, el tipo de interés real de los créditos de tesorería y de consolidación se
limitará a un 1,5% en cinco años e incluso a un 1% para los jóvenes agricultores. Este

mecanismo aportará una respuesta inmediata a la emergencia que viven en estos momentos
tantos criadores de cerdos que hacen frente al precio insoportable de un euro por kilo.
Además, vamos a destinar una partida de 200 millones de euros para aligerar los
intereses de los créditos de 2009 y 2010 que deben determinados agricultores en dificultad y
apoyar las reestructuraciones de las explotaciones. Tengo presentes en particular a los jóvenes
productores de leche o de carne que han invertido sumas considerables para respetar las
normas y que hoy no pueden reembolsar sus cuotas. El Estado también se hará cargo, en
función de la situación financiera de cada uno, de las cotizaciones que los agricultores deben a
la Mutua Agrícola Social y que se elevan a 50 millones de euros y del impuesto sobre
propiedades no edificadas mediante una inversión de 50 millones de euros. Pienso en
particular en los productores de frutas y hortalizazas y en los viticultores que hoy no pueden
pagar sus cuotas de final de año.

Se invertirán 170 millones para reembolsar el impuesto interior de consumo sobre los
productos petroleros y el impuesto interior de consumo sobre el gas natural pagado por todos
los agricultores en 2010. Con este mismo espíritu, el Estado reembolsará, a partir del primer
trimestre, el 75% de la suma correspondiente a la tasa sobre el carbono de 2010, lo que
supondrá 120 millones de euros más. Estas dos medidas permitirán reducir los cargos de los
productores de hortalizas y de grandes cultivos.

Este plan excepcional se centrará de forma prioritaria en los jóvenes agricultores o en
los inversores recientes, puesto que deseo seguir dando la prioridad a una política de
instalación sin la que nuestra agricultura no tendría futuro.

Este plan, Señoras y Señores, se aplicará por completo antes de finales de 2009. Velaré
para que así sea, no habrá marcha atrás, no habrá ninguna vacilación, no habrá ninguna
renuncia con respecto a lo que les anuncio. También velaré por la simplicidad de los
mecanismos aplicados, puesto que esa simplicidad será garante de la eficacia. Pido a nuestro
Ministro de Agricultura, Bruno Le Maire, a quien apoyo y a quien felicito, que organice, a
partir de la próxima semana, una primera reunión con las organizaciones representativas
concernidas. Los prefectos estarán a cargo, con el apoyo del crédito, de organizar un
seguimiento y un pilotaje preciso de la aplicación de estas medidas.

Evidentemente, nuestra ambición colectiva no debe limitarse a una reactivación
francesa de nuestra agricultura. Mi ambición, como jefe de Estado, es aportar una respuesta
estructural a esta crisis a escala europea y a escala mundial. Queremos una nueva regulación
de la agricultura y del sector agroalimentario en Europa y en el mundo.

La seguridad alimentaria y la alimentación dependen de una nueva gobernanza
mundial que no puede limitarse a liberalizar el mercado. Hay que abrir los ojos: hoy una de
cada seis personas en el mundo padece hambre. Necesitamos la producción agrícola. La única
respuesta a esta crisis alimentaria mundial será aumentar un 70% la producción entre hoy y
2050 a la vez que se preserva el planeta. Habrá que invertir 55.000 millones de euros por año
para poder alimentar a 9.000 millones de personas en 2050. Necesitamos una agricultura de
producción en el mundo. Francia no puede dejar de lado su agricultura. Debemos invertir en
esta agricultura de producción en Francia y en Europa.

De forma paralela, el mundo experimenta desde hace dos años una volatilidad sin
precedentes de los precios agrícolas. Tras los fuertes aumentos del precio de la leche en polvo,
de las frutas o de los cereales en 2007, hemos vivido una baja considerable de todas estas
producciones en 2008 y en 2009. Estas variaciones violentas de los precios de un año para
otro, entre un 30% y un 50%, no se dan en ningún otro sector económico. Esta volatilidad se
observa en proporciones inversas en el precio de los abonos, de la alimentación animal y de la
energía. El efecto combinado de esta volatilidad de los precios de las materias primas
agrícolas y de los insumos pone en peligro a las empresas cuyas inversiones amortiza a veces
el trabajo de toda una generación. Evidentemente, si cada vez se paga menos por lo que uno
produce, si esa persona paga cada vez más por lo que necesita para producir y si los intereses
del banco son constantes durante toda una generación, no veo cómo se puede sobrevivir.
Para poner fin a esta inestabilidad de los precios, hay que establecer herramientas de
regulación verdaderas.

Hemos visto, Señoras y Señores, en el ámbito financiero, las consecuencias dramáticas
de los mecanismos de un mercado sin control. No aceptaremos la misma locura en el sector
que alimenta a la población mundial. La idea de una predominancia total de un mercado que
no debía ser trastornado por ninguna regla, ni por ninguna intervención política, esta idea –
empleo a propósito una palabra sencilla– es una idea loca. La crisis actual del sector agrícola
es la prueba más evidente de ello.

La economía de mercado no obliga a primar al especulador. Entraña primar al
emprendedor –el agricultor es un emprendedor– y la recompensa del trabajo, del esfuerzo y de
la iniciativa.

No podemos permitir que un puñado de especuladores ponga en peligro la seguridad
alimentaria europea perturbando gravemente el funcionamiento de los mercados. Con este
espíritu, Europa debe poner en marcha una verdadera regulación en los mercados de materias
primas agrícolas. Francia pide a la Comisión Europea que tome la iniciativa en este ámbito,
para limitar la creciente especulación y para enmarcar los productos financieros derivados de
estos mercados. Que quede claro, Francia no transigirá con este imperativo.

En 2008, durante la Presidencia francesa, inauguramos un debate sobre los principios
fundadores de la Política Agrícola Común de 2013 para regular mejor los mercados agrícolas.
Hasta entonces nadie había tomado una iniciativa de este tipo en la Europa ampliada. Ha
permitido alcanzar el acuerdo de 24 de los 27 Estados miembros en torno a los mismos
objetivos que defendemos.

Nuestro primer objetivo es afirmar una nueva preferencia comunitaria. La preferencia
comunitaria no es un insulto, se basa en el respeto de las normas sanitarias, en el respeto de
las normas medioambientales en la Unión Europea y en la OMC, en un apoyo justificado por
el coste excesivo de las exigencias europeas, en una protección tarifaria de los productos
sensibles y en la protección de las indicaciones geográficas. En esta región de producción del
Comté, saben lo importante que es defender la diversidad de nuestra alimentación, los gustos
y los sabores.

Nunca aceptaré que se uniformice nuestro modelo alimentario. Quiero plantear una
pregunta: ¿para qué sirve imponer normas a nuestros ganaderos y a nuestros agricultores si
Europa, que impone normas a los suyos, sigue abriendo sus fronteras a productos de países
que no aplican ninguna norma? Esta política no tiene ningún sentido. Con esta perspectiva,
Francia luchará y convencerá a sus socios para aplicar la tasa sobre el carbono en las fronteras
de Europa. No es una cuestión de proteccionismo, sino de razón.

Nuestro segundo objetivo consistirá en crear auténticas herramientas de gestión de los
mercados. Hay que permitir que los agricultores y los sectores especializados vivan del fruto
de su trabajo. Para vivir del fruto de su trabajo, tienen que pagarles un precio correcto por los
productos que elaboran. Ello supone mantener las herramientas europeas de intervención en
los mercados para preservar las garantías de seguridad. Ello implica una mayor financiación
de las herramientas de aseguración contra los imprevistos climáticos, sanitarios y económicos
suscritas por los agricultores. Finalmente, ello requiere un apoyo mayor para mejorar la
organización económica de los sectores.

Nuestra tercera ambición será mantener la actividad de producción en los territorios
frágiles, en particular en las zonas herbáceas y de montaña. Ello requiere un apoyo
diferenciado.

La cuarta consistirá en privilegiar una agricultura de producción respetuosa con el
medio ambiente. No se trata de relegar los agricultores a una condición de “jardineros de la
naturaleza o de agentes municipales” mediante obligaciones imaginadas desde París y
absolutamente inaplicables en terreno.

Yo concibo a los agricultores como productores, emprendedores, trabajadores con
profesionalismo y ese profesionalismo se paga con precios y los precios posibilitan la calidad.
Éste es el ciclo virtuoso de la nueva regulación agrícola que proponemos en Francia y Europa.
Quiero que quede claro: Francia no renunciará a estos objetivos de regulación. Pero lo
digo con la misma fuerza y la misma sinceridad: la lucha por el orden antiguo es un combate
de retaguardia que no libraré, porque esa lucha está abocada al fracaso. Quiero refundar la
Política Agrícola al igual que estamos refundando el capitalismo financiero.
Está claro, no hay una línea Maginot, no es posible una vuelta atrás catastrófica y
demagógica. Sabemos dónde queremos ir e iremos juntos: agricultores, emprendedores,
productores, trabajadores. Así es la nueva regulación que vamos a defender.

Bruno Le Maire ha continuado este proyecto, proponiendo herramientas nuevas de
regulación para el sector lechero. Mediante este combate ofensivo, ha obtenido una muy
amplia mayoría de 21 países en el Consejo de Ministros de Agricultura y el apoyo del
Parlamento Europeo. Quiero dar las gracias a Bruno Le Maire por la calidad de su trabajo y
por su valentía. Además ha entendido –porque encima es inteligente– que para cambiar la
situación, se necesitan aliados. Francia no vencerá si está aislada. Francia vencerá si está en el
corazón de Europa y no junto a Europa. A petición de Francia y de Alemania, la Comisión
Europea ha creado un grupo de trabajo para preparar medidas y organizar mejor el sector
lechero. Con un ritmo de una reunión mensual, ¡las conclusiones de la Comisión deberían
entregarse en junio! Que quede claro. ¡Estos plazos son inaceptables! La Comisión Europea
tiene que acelerar su trabajo. Si la Comisión Europea quiere preservar su derecho de
iniciativa, debe presentar soluciones operacionales con plazos más adaptados a la realidad del
terreno. Proponer soluciones cuando todo el mundo esté muerto, no es una solución, es una
esquela. En el Consejo Europeo del 30 de octubre, pediré que la Comisión Europea proponga,
a principios de 2010, un refuerzo efectivo de las herramientas de regulación de los mercados
lecheros. Evocaré este punto, mañana mismo en el Elíseo, con Angela Merkel, para que
Alemania y Francia sigan realizando propuestas en el mismo sentido.

Situando de nuevo a Francia en el corazón de un proyecto europeo, hemos establecido
condiciones óptimas para proponer una nueva regulación de la PAC de 2013. Pueden contar
con toda mi determinación en las próximas negociaciones. No cederé, porque lo que está en
juego es estratégico para Francia, para su futuro, su identidad, su poder económico e incluso
para su independencia nacional.

***
Para preparar la Política Agrícola Común de 2013, también tenemos que pensar en el
mundo de después de la crisis en Francia. Para preparar este futuro, nuestra tercera respuesta a
la crisis del sector agrícola es la modernización de nuestras herramientas nacionales de
regulación.

Desde hace 10 años, las crisis agrícolas se suceden: en 2000 la crisis del ESB, en 2001
la crisis vitícola, en 2003 la sequía, en 2004 la crisis del sector de frutas y hortalizas, en 2005
la crisis del sector lechero, en 2006 la gripe aviar y desde 2007 la crisis del sector porcino.
Olvido algunas seguramente. Desde hace 30 años, a cada crisis se responde mediante medidas
coyunturales de apoyo cuyo punto común es que nunca han impedido crisis futuras.
No he venido para pronunciar un discurso que ya han oído: son ustedes mayores,
guapos, tienen futuro, son jóvenes. ¡Bueno, no todos! Aquí tienen un plan de lucha contra la
crisis, adiós, gracias. No haré esto, porque así no se prepara el futuro.

En el centro de mi ambición, hay una exigencia: valorar y reforzar la competitividad
de nuestra agricultura. Ésta es la clave de todo. Francia es el segundo exportador mundial de
productos agrícolas y el primer exportador mundial de productos agrícolas procesados.
Tenemos que reforzar nuestras explotaciones y nuestras redes, pero también alentar a quienes
optan por el oficio de agricultor.

Ser agricultor es un proyecto de vida antes que un proyecto profesional y Christian
Jacob no lo desmentirá. Es un espíritu antes que un oficio. Todos los agricultores deben poder
vivir del precio de su trabajo y de su producción.

Un agricultor es un emprendedor, pero un emprendedor que no cuenta las horas, que
asume la responsabilidad de inversiones importantes, que debe superar cada día desafíos
humanos, financieros, técnicos, administrativos considerables. Es un empresario que debe
adaptarse de forma permanente al clima, a los mercados, a las tecnologías, a las
reglamentaciones. Para lanzarse en la agricultura, primero hay que tener un espíritu
emprendedor. Para permanecer hay que ser tenaz. Para tener éxito, hay que tener talento. Un
agricultor tiene que ser trabajador, estar apasionado. He sido elegido para ayudar a los
franceses apasionados que quieren vivir de su trabajo.

Por tanto, deseo que este proyecto que he defendido durante la campaña presidencial
se refleje en la ley de modernización de nuestra agricultura que Bruno Le Maire presentará
antes de finales de año en el Parlamento. Hoy, y es inaceptable, el acto de producción, incluso
de calidad, no basta para obtener una buena remuneración. Un productor debe poder
garantizar sus ingresos mediante un contrato equilibrado con su cliente o mediante un seguro

contra determinados imprevistos climáticos, sanitarios o económicos. Para ser emprendedor,
hay que conocer bien los mercados y los precios.

Necesitamos una nueva definición del oficio de agricultor como emprendedor
responsable y esta definición del oficio de agricultor será central en la ley de modernización
de nuestra agricultura. Esta nueva definición permitirá, a más tardar en 2013, una orientación
más coherente y mejor de nuestras ayudas públicas en materia fiscal, social y rural para
proteger mejor al agricultor. La relación contractual entre el agricultor y su cliente será central
en esta definición.

El establecimiento de contratos, Mis Queridos Amigos, no conlleva la integración. Un
contrato no implica dar todos los derechos a los clientes. Quiero contratos equilibrados,
regulados por el Estado que protejan al productor en su relación con el industrial, la
cooperativa o el distribuidor. Estos contratos se traducirán por acuerdos interprofesionales o
por decretos en cada sector. Los Presidentes de la Comisión, Jean-Paul Emorine, Patrick
Ollier y Christian Jacob velarán por ello en el Senado y en la Asamblea Nacional.

La falta de relación contractual en el sector lechero demuestra el desequilibrio
creciente e inaceptable entre productores y transformadores. ¿Pero podemos admitir que un
productor de leche que trabaje sin contar las horas del 1 al 31 de enero no conozca el precio
de su trabajo hasta el 10 de febrero mediante un justificante de pago? ¿Podemos aceptar que
un productor de leche, por tanto un emprendedor, no conozca el 27 de octubre el precio de la
leche que se le pagará el próximo 1 de enero? Sin contrato, un productor de leche es un
ganadero sin garantía en caso de fallo de la industria lechera. Los contratos deben proteger a
los productores de leche. Deben otorgarles derechos para recompensar su trabajo diario. He
solicitado a Bruno le Maire que instaure un marco legislativo para regular la relación
contractual entre productores y transformadores de leche. Estos contratos se aplicarán por ley
en el sector lechero, a partir de 2010.

De forma paralela, la organización económica deberá reforzarse mediante la ley de la
modernización de la agricultura. Señoras y Señores: sólo la mitad de las 30.000 explotaciones
francesas de frutas y hortalizas son miembros de una organización de productores, la mitad.
Pero atención, para esa mitad, tenemos en Francia 285 organizaciones de productores. ¿Es
razonable? No lo aceptaré. Todo para cinco marcas de distribución. 30.000 explotaciones, la
mitad no son miembros de ninguna organización y la otra mitad está repartida en 285
organizaciones que tratan con cinco clientes. ¿Es razonable? Respeto el mundo de la
agricultura y a los agricultores, quiero decirles la verdad. El Estado está con ustedes, vamos a
ayudarles, pero también deben modificar varios defectos de organización. Quizás no se lo
habían dicho, pero yo se lo digo. Se lo digo por respeto, porque está en juego parte de su
futuro. No podemos seguir así. Y no podemos aceptarlo. Quiero que las ayudas concedidas a
los sectores fomenten más la agrupación de productores para influir en los circuitos de
comercialización, incluso para crearlos. También sería una fórmula muy buena.

Vivir de los precios de los productos vendidos también significa que cada uno debe
aceptar la competencia. Un kilo de zanahorias vendido en julio pasado por un productor a
0,42 euros sin IVA fue revendido la misma semana por las grandes superficies a 1,29 euros
con IVA, es decir con una diferencia de un 67%. Quiero una transparencia total en la
repartición de los márgenes en los diferentes niveles del sector. Este desequilibrio es
inaceptable. Vamos a reforzar considerablemente el observatorio de los precios y los
márgenes de beneficios en el sector agrícola mediante la ley de modernización de nuestra
agricultura.

También vamos a luchar de igual a igual en Europa. Si me lo permiten, fijémonos en
el coste del trabajo. Producimos tomates y su coste son 12 euros la hora. El problema es que
nuestros vecinos los producen por 7 euros la hora, incluso 6. Es evidente que las 35 horas
fueron una catástrofe para la agricultura y para todos los sectores económicos de Francia.

¿Cómo podemos resistir?

He decidido exonerar a los temporeros de todos los gastos patronales que deben a la
Mutua Agrícola Social. Ello supone un coste adicional para el Estado de 170 millones de
euros. Es un esfuerzo absolutamente considerable. Pero este esfuerzo debe acompañarse por
otras medidas estructurales. Pido a Bruno Le Maire que analice la organización de la mano de
obra asalariada extranjera en los países de nuestros socios europeos, para proponerme, antes
de finales de año, medidas que permitan incrementar la competitividad de nuestras
explotaciones agrícolas. No dejaré que se derrumbe la producción agrícola francesa. Vamos a
situarlos en una posición de igual a igual con sus competidores.
También quiero que sus empresas puedan reforzar los fondos propios para resistir
mejor a las próximas crisis. Tenemos que desarrollar herramientas de garantía contra los
imprevistos económicos, al igual que apoyamos el desarrollo de garantías contra imprevistos
sanitarios y climáticos. Quiero que se adapte el dispositivo de Deducción Por Imprevistos
(DPA en sus siglas francesas), mediante la ley de modernización de nuestra agricultura, para
permitir la gestión de los imprevistos económicos.
También tenemos que reforzar el tejido industrial agroalimentario permitiendo que las
industrias dispongan de participaciones por el intermediario de fondos. Tomé este
compromiso durante la campaña presidencial. La ley de modernización de nuestra agricultura
impulsará este tipo de iniciativas.
También defendí durante la campaña presidencial el refuerzo del papel de las
interprofesiones. Su misión y su funcionamiento deberán revisarse antes de 2013 en función
de las prioridades fijadas por la futura ley de modernización. Para incrementar su legitimidad,
quiero reforzar a partir de 2013 su papel para tomar iniciativas, decidir y orientar a los
diferentes campos del sector.
Durante mucho tiempo, se ha explicado que la baja de los precios agrícolas debía
compensarse mediante subvenciones. Lo único que se favorecía era la interminable burocracia
que posibilita estas subvenciones. A las reglas europeas, se suman a menudo exigencias
franco-francesas vacilantes e inútiles. Señoras y Señores: es inútil acusar a Europa de todos
los males de la burocracia, nosotros también sabemos ser detestables en este campo. Las
obligaciones administrativas que pesan sobre el oficio de agricultor son hoy absolutamente
exorbitantes. El balance de salud de la Política Agrícola Común en 2010 debe permitir
simplificar el oficio de agricultor. Pido a Bruno Le Maire que realice, respetando los
compromisos del Grenelle del Medio Ambiente, un doble trabajo de simplificación y de
coherencia de las reglas medioambientales y sanitarias a escala nacional y europea. Con la
misma perspectiva, la ley de modernización permitirá llevar a cabo una verdadera refundación
del mandato sanitario para conceder una responsabilidad mayor a los ganaderos. ¿Y si
confiáramos en ellos? Estaría tan bien.

Mis Queridos Amigos: cada 10 años desaparece una superficie agrícola equivalente a
un departamento. Es absolutamente incompatible con una demanda mundial de productos
agrícolas que va en aumento. Es totalmente incoherente. La ley de modernización de nuestra
agricultura deberá posibilitar la protección de nuestros territorios y el desarrollo sostenible.
No podemos dejar que desaparezcan todas nuestras tierras agrícolas, porque desaparecía la
producción agrícola y Francia cometería un error histórico.
Por último, para preparar el futuro, tenemos que ser pioneros en materia de
biotecnologías, de tecnologías limpias, de ahorro energético, de sociedad del conocimiento.
Mañana la agricultura deberá proporcionar a la industria química nuevos disolventes, nuevos
lubricantes y compuestos que impulsarán nuestro esfuerzo de reducción de emisiones de gases
con efecto invernadero. Deseo que este gran crédito permita ampliar nuestro esfuerzo de
investigación en función de los nuevos objetivos de la agricultura. Así se pondrá de
manifiesto que la agricultura es un sector con futuro, en particular en el ámbito –en el que
tanto confío– de la química verde y la química blanca.
***
Mis Estimados Compatriotas: Francia debe afrontar la crisis al igual que todos los
otros países. Al igual que todas las categorías de población de nuestra sociedad, sepan que el
futuro de los agricultores forma parte de mis preocupaciones diarias. Sé perfectamente que la
crisis genera sufrimiento. Si a menudo estoy en terreno, es porque debo escuchar ese
sufrimiento y no debo conformarme con escucharlo. Debo encontrar soluciones, tomar
decisiones y obtener resultados. Tengo una relación particular con los ministros. Todo el
mundo hace comentarios, pero nosotros debemos actuar. Ésa es la diferencia, nuestras
decisiones pueden salvar o condenar a los sectores. Pero el futuro de nuestra política agrícola
va más allá de la crisis.
Francia mantiene una relación carnal con su agricultura, oso decir la palabra: con su
tierra. La palabra “tierra” tiene un sentido francés y he sido elegida para defender la identidad
nacional francesa. No temo estas palabras, las reivindico. Francia tiene una identidad
particular por encima de las demás, pero también es suya, y no entiendo cómo puede vacilarse
al pronunciar estas palabras: “identidad nacional francesa”. No agreden a nadie. Son
sencillamente la expresión del deber hacia las generaciones anteriores que construyeron,
pagando con sus vidas y su sangre, la Francia de hoy. La tierra es parte de esa identidad
nacional francesa. Y esa identidad nacional francesa se ha constituido en particular mediante
la singular relación de los franceses con su tierra. Todas las familias de Francia tienen abuelos
que han trabajado la tierra en algún momento. La agricultura ha modelado nuestros paisajes.
La agricultura ha dado a Francia parte de su alma. Con estas convicciones vamos a obrar
juntos por el futuro de nuestra agricultura. La agricultura no expresa una nostalgia. Es un
aporte muy ventajoso para Francia. Los agricultores son parte de la identidad nacional
francesa y la clave de un sector tan estratégico para el futuro como la nanotecnología o el
sector aeroespacial. Hoy quiero decir a los agricultores que Francia no los dejará de lado. Sé
que antes les solían hacer promesas. Mis Queridos Compatriotas: yo no cederé, yo no los
abandonaré, no retrocederé ni un milímetro, porque soy perfectamente consciente de que el
combate por la agricultura francesa es estratégico. Sólo hay una solución: vencerlo.
Muchas gracias./.

AMBAFRANCE MADRID

 

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