LA VENGANZA DEL CAMPO (segunda parte)
November 30th, 2009
Manuel Pimentel - 20/11/2009
La sociedad -al menos la desarrollada- está convencida de que tiene la alimentación garantizada de por vida. Cada vez dedica menos porcentaje de su renta a comer, y ha interiorizado que los productos agrarios y ganaderos seguirán siendo abundantes, de calidad, sanos y, sobre todo, muy baratos. Por eso, minusvalora la importancia de la agricultura y los agricultores. En España y también en Europa. El discurso de los excedentes agrarios caló de tal forma en la opinión pública europea, que sus dirigentes se apresuraron a desmantelar la PAC porque les escandalizaba que fondos tan cuantiosos se dedicaran al sector primario, argumentando que la prioridad de la economía europea debería centrarse en exclusiva en los nuevos sectores tecnológicos. Y se quedaron tan contentos.
Los agricultores se han acostumbrado a verse relegados. Nadie parece acordarse de ellos. Son señalados como parásitos que viven de las subvenciones, que significan el retraso. Durante décadas, han sido despreciados, humillados, pisoteados. Los agricultores, empobrecidos hasta límites insoportables, tienen razón en sus protestas. Que estas líneas les sirvan de modesto apoyo. Para muchos, sector primario es sinónimo malicioso de elemental, primitivo, básico. La sociedad posmoderna ignora a los productores agrarios, a los que benignamente sólo tolera como cuidadores de un medio ambiente en el que solazarse. Pura curiosidad antropológica. El campo ha desaparecido del debate público y del modelo económico. Oímos a políticos y gurús desgañitarse en estrategias para la economía del futuro. ¿Alguien los ha oído alguna vez nombrar la agricultura? No.

EL CORREO